(Entrevista con Padre Jorge Ambert)

Con 63 años de vida religiosa y 51 de ministerio sacerdotal, Padre Jorge Ambert Rivera, S.J., se siente favorecido y bendecido por Dios por dedicar su sacerdocio a la gente y a la pastoral matrimonial.

Sobre sus orígenes con un toque de humor aclaró que lo inusual de su apellido no cuenta de su pedigrí, sino de los obreros de la caña, sus verdaderos ancestros. Su familia migró de las montañas de Borinquen a la ciudad capital huyendo de la pobreza y en la búsqueda de un mejor porvenir. Era el mayor de seis hermanos en un hogar de valores profundos y respeto a Dios, no de religiosidad. “Mi familia no era de práctica religiosa, no aprendí la fe con ellos. Vino a los 11 años a través del sacristán de la parroquia del Carmen. Mi pobre padre era alcohólico, los sábados tomaba un banco de madera y se metía por los arrabales de San Ciprián y Barrio Obrero, allí vivía yo”, relató.

 

“Allí conocí la fe”

Aprendió la señal de la cruz y el Padre Nuestro. Luego el sacristán les prometió a él y otros niños que unas monjas muy bonitas llegarían para darles catequesis. “Eran novicias del Buen Pastor, la congregación estaba comenzando. Allí conocí la fe”, dijo entre recuerdos. Fue monaguillo y le pareció bueno ser sacerdote como una idea lejana que se acercó al ingresar a sus 13 años al seminario menor junto a otros 21 jovencitos. Entre sus compañeros en San Idelfonso en Aibonito se encontraban Mons. Bellester (Q.E.P.D.), Mons. Roldán, P. Candelas, Mons. Surinach (Q.E.P.D.) y otros. La casa estaba bajo la tutela de los jesuitas. Al leer la vida de algunos santos jesuitas se interesó por ese carisma, lo que lo llevó a adentrarse en el noviciado y estudios humanísticos (1952-55) en La Habana, Cuba. Para poder salir de Puerto Rico necesitaba una carta de autorización. Su padre, que era albañil y tenía esperanzas de que el pequeño Jorge alcanzara una profesión para ayudar a la familia, no vio con buenos ojos su vocación. Cuando llegó el momento de pedirle su bendición y firma para la carta, recordó: “Me dijo: ‘Si es Dios quien te llama quién soy yo para oponerme’. Eso me marcó porque él no era un hombre religioso”.

Lo más difícil fue el arrancón de su familia a quienes no vio por 8 años. Fueron muchos años de formación: 5 en Cuba, 4 en Ecuador, 3 en Aibonito como profesor y 3 de teología en Estados Unidos y España (durante este proceso se ordenó).

Aunque llegó a una Cuba en plena efervescencia política, apenas tuvo contacto fuera de su proceso de formación. Solo en la llamada prueba de peregrinación que consistía en ir de tres en tres como pordioseros pidiendo limosna, llegaban a la parroquia, daban catecismo y comían con las familias.

Hizo sus primeros votos como religioso el 8 de septiembre de 1954 y se ordenó sacerdote el 11 de junio de 1966 en la parroquia Santa Teresita de Santurce, por la imposición de manos del Cardenal Aponte Martínez, en ese momento Arzobispo de San Juan. Durante la celebración, su padre también recibió la Primera Comunión.

 

Matrimonios y Padre Ambert

Para 1977 falleció Padre Fernando Martínez, que comenzó Renovación Conyugal y fue Mons. Álvaro Corrada del Río, en ese momento en su proceso de formación como jesuita, quien se encargó. Como Mons. Corrada tuvo que continuar, quedó al frente P. Ambert como dice: “por pura obediencia”. Sin preparación en la pastoral matrimonial fue como tirarse al mar para aprender a nadar. Pero aprendió tan bien que se enamoró de la pastoral a la que describe como el punto clave de hoy. Criticó que el matrimonio hoy rompe fácilmente hasta sin razones verdaderas, sin lucha. Por eso labora en esta obra laica, Renovación Conyugal.

Sobre el gran desafío matrimonial, articuló: “El reto es que lleguen a comprender que el matrimonio es una vocación divina. Un matrimonio comienza con el nivel humano, pero el Sacramento es algo más grande, es una misión divina. No te casas en la Iglesia o por la Iglesia sino para la Iglesia, para servir a la Iglesia viviendo el amor en tu hogar”.

Sin alarmarse reveló que el mundo solo cambia en lo externo y que lo medular es lo interno, esto no ha cambiado. Ahora los jóvenes pasan mucho tiempo en el celular, pero en lo profundo el ser humano sigue buscando su sentido en la vida, para qué soy útil, dónde me realizo. “Los jóvenes de hoy son más visual y hay que buscar esos medios para comunicar el mensaje”, dijo.

 

El verdadero jesuita es…

En un repaso y reflexión sobre el carisma de San Ignacio que ha vivido por 64 años, el religioso explicó que “el jesuita es una persona intensamente enamorado de nuestro Señor Jesucristo y que va llevando la buena noticia por todos lados.. El jesuita es quien se dedica al ministerio de la palabra”. Esto sumado a que no acepta estipendio ni nada por su ministerio, solo que le den de comer.

“Dios ha entrado en mi vida de una manera sencilla, me considero un hombre sencillo. Una de mis cualidades es que trato de hacer lo difícil de entender, hacerlo entendible para la gente sencilla. Me siento bien favorecido por Dios”, concluyó sobre su experiencia de vida religiosa y sacerdotal.

9 COMMENTS

  1. Padre Ambert!!!

    Excelente ser humano, es de gran bendición en nuestras vidas y sé que en la vida de muchas familias más!!! Que Dios le siga bendiciendo y le conceda muchos más años de vida para que continúe con su obra!

  2. Padre Albert hombre humilde y sencillo que hace sentir en nuestros corazones el verdadero amor matrimonial con Dios.
    Doy testimonio qué mi matrimonio comenzó cuando fuimos el 17 de enero de 2000. Gracias Padre Albert te amamos Los Rubayos.

  3. Si alguien se ha ganado el nombre de servidor ha sido este hombre humilde de Ciales. De Borinquén. Yo le llamo con cariño mi Cardenal in Pectore, pues aunque nunca fue nombrado, si se lo ha ganado por haber sido el más humilde de todos los servidores y haber vivido ” en todo amar para servir”

  4. Gracias mil padre Ambert por ser parte de mi vida en lmi formación religiosa. Lo admiro muchísimo pues su forma de llevar el mensaje de Jesus cala hondo y hace el cambio en el espíritu. Le deseo muchos años de vida en plena salud para que pueda seguir llevando a cabo su gran labor.

  5. Padre Ambert; Orgullosos y felices de conocerle. Toco nuestras vidas en un momento de crisis ayudándonos a crecer en el Amor a Cristo y con ello volviendo a rescatar y entender el sacramento del matrimonio y la familia. Sabemos q con su gran conocimiento, dedicaciòn y sencillez es un hombre de entrega, carísma, súper inteligente. Su trabajo ha salvado muchas familias. PR.y la Iglesia Catòlica tienen tremendo servidor. Nuestro respeto, cariño y agradecimiento eterno. Sus discípulos y amigos en Cristo. Pablo y Xochitl desde Orlando. ????????????❤️❤️

  6. Jorge, te extrañamos un montón Margie y yo. Nos consuela haber colaborado contigo en Renovación Conyugal, ella con Luis (qepd) y yo con Cuqui (qepd). Siempre recordamos nuestro matrimonio en que nos uniste a los tres: Jesús Sacramentado, ella y yo.

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