El profesional de la gran urbe se sentía hondamente insatisfecho con el ambiente y con el estilo de vida que había seguido después de entrar en la adultez.  Le urgía la salida inmediata de aquella jungla acerada y asfixiante.  Abruptamente, y sin avisar a sus parientes y amigos, huyó hacia los senderos de las montañas que lo llevarían lejos, muy lejos del infierno metropolitano.  Enfiló rumbo al mediodía y penetró en los laberintos del bosque inmenso y silencioso, cuya fragosidad servía de dosel y murallas naturales.  El caminante sabía a donde se dirigía su marcha febril.  A lo largo de las veredas compartió con otros viandantes, encontró ríos, lagos, descampados, montes, páramos, parques nacionales, monumentos, fauna y flora variadas…  Pero todavía le acompañaba el desasosiego que se había apoderado de su espíritu antes de la partida.  Meditando y escudriñando, descubrió que huía de sí mismo.  Podría haber recorrido los mares y continentes, más continuaría perdido en medio de la espantosa incertidumbre.  Unos excursionistas encontraron su cadáver en la casa de campaña.  Se desconoce la causa de su muerte.  Parece que había llegado al destino físico que se había propuesto en la caminata. Nadie conocía el nombre verdadero del transeúnte anónimo, hasta que los investigadores rehicieron su historia pedazo a pedazo.

 

###

 

Examinemos todas las decisiones que nos llevaron al paradero donde estamos hoy.  Tal vez originalmente nos sentíamos insatisfechos respecto a algunas determinaciones.  No obstante, dichas resoluciones resultaron favorables el buen curso de la vida. Por el lado contrario, elegimos opciones de las que esperábamos feliz éxito, más nos condujeron al fracaso rotundo.  Exige alta sabiduría el disminuir el límite de incertidumbre en las apuestas grandes y pequeñas del diario peregrinar.  De elegir, nadie nos exime…

 

Aníbal Colón Rosado

Para El Visitante

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here