Ya se nos escapó el pasado,

y la vida fue lo que fue.

Y sabemos que hemos fallado:

vivamos como debe ser.

 

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Mantener la mente ocupada con temas y cosas baladíes es como permitir que la polilla se apodere del cerebro y carcoma las grandes ideas y los altos ideales.

 

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En primera y última instancia, somos responsables de la vida que hemos recibido. No esperemos ni pretendamos que los demás resuelvan los asuntos que conciernen a la conservación y al fomento de nuestra integridad como seres humanos. Desde luego, caminamos en solidaridad con nuestros congéneres, ayudándonos mutuamente. Pero no conviene sentarse a repartir lamentos y excusas, cuando podemos poner los medios y actuar diligentemente a fin de superar los traumas que nos afligen. A Dios rogando, y con el mazo dando.

 

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Infortunadamente, trató de recuperarse de un mal descanso. Y terminó más cansado aún. Hay reposos que resultan muy trabajosos.

 

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Contemplé las bellas bouganvilias que cuelgan de los balcones y cubren las verjas del vecindario. Y por un momento me adueñé de ellas, de su primor, aunque sé que las trinitarias policromas no me pertenecen. A hurtadillas y a simple vista, mi mirada ha cometido un robo, pero con el consentimiento de quienes cultivan las flores.

 

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He leído el libro El mundo de la caza. Allí encontré una historia muy interesante en torno a los elefantes solitarios. El autor explica por qué estos animales son peligrosos: arremeten contra lo que encuentran en su camino y matan por el solo motivo de descargar su furor. “Al ser demasiado viejos para seguir el constante movimiento de la manada, son expulsados por los demás elefantes, quedando solos para vagar por la selva.” Su instinto les advierte que la muerte se acerca indefectiblemente. Asimismo, perciben que han perdido la estima del resto de la manada; y propenden a dar rienda suelta a impulsos salvajes tornándose rencorosos y ariscos. Una vez empiezan a crear dificultades, los demás deciden “abandonarlo totalmente y, después de algunas luchas individuales y a continuación una lucha de todos contra él solo, el elefante solo escapa a la espesura”. El gigante solitario ha sido malamente despedido por la comunidad; y vaga, molesto y adolorido, por la selva inhóspita, hasta que entregue sus huesos al descanso final. Esta descripción de la mole andante y su triste destino, ¿acaso no evoca la tragedia de ciertas biografías humanas?

 

Anibal Colón Rosado

Para El Visitante

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