El primer Libro de los Reyes nos presenta el episodio del Profeta Elías y la viuda de Sarepta.
El Autor de la Carta a los Hebreos nos sigue profundizando acerca del Sacerdocio de Jesucristo y el valor de su sacrificio en la Cruz, combinando su dimensión divina con su condición de víctima sacrificial.
San Marcos nos presenta a Jesús en el Templo, llamando la atención acerca de una viudita que, de manera anónima, dio más que los demás.
Si de una cosa están llenas nuestras parroquias es de viuditas. Ellas son ministros, sacristanas, cuidan del cura, llevan la Cofradía del Sagrado Corazón o la Legión de María, o a Renovación Carismática, son catequistas, etc. Ellas son, o las que cuidan del cura o lo vuelven loco con sus ocurrencias. Ellas mandan y le dan órdenes al cura porque lo ven como un hijo. A las que tengo en mi parroquia les pido siempre la bendición. ¿Saben qué? Estas viuditas son sagradas, son las nenas de Cristo porque, en su viudez, decidieron dedicar el resto de sus vidas a las cosas de Dios, a orar y ayudar a los demás, etc. A veces vuelven a uno loco, o forman revoluces en las parroquias, pero son los pilares de las mismas puesto que llevan una vida de oración, oran por el sacerdote y sus necesidades, y están pendientes de las necesidades de la comunidad.
No estoy exagerando, sino que la Palabra de Dios nos da razón de ello. En la literatura bíblica, las viudas representaban el extracto más pobre e indefenso de la comunidad. Cuando se habla de la viuda y el huérfano, en la mayoría de los casos se refieren a mujeres que quedaron viudas con niños pequeños porque sus esposos murieron en las guerras, asesinados en los viajes de trabajo, quedando ellas al desamparo. Los profetas les recordaban constantemente a los reyes, a los poderosos de la sociedad, que tenían un deber para amparar a estas pobres mujeres, miembros importantes del Pueblo de Dios. Pero las viudas, a pesar de ser los seres más desamparados de la sociedad, eran al mismo tiempo los más generosos, olvidándose de sí mismas para ayudar a los demás.
Así lo vemos en la primera lectura que la Viuda de Sarepta decide compartir lo poco que tiene con el profeta Elías, Al reconocer en el Profeta a un hombre de Dios, la Viuda decide confiar en él como confiar en Dios. El resultado fue que Dios no la desamparó. ¿Qué tenemos en el Evangelio? Ya Cristo está en Jerusalén para morir en esa misma semana en la Cruz. Después de una mañana de estar predicando, se sienta a novelerear, así mismo, a entretenerse viendo a las personas que llegaban al templo para echar en la colecta, tal vez para distraerse la mente y no pensar en lo que le venía encima. Es ahí donde repara en la generosidad de la viudita que echa lo poco que tenía en el templo. Es que las viudas en la Biblia son la metáfora de las personas que se encomiendan a Dios y se abandonan en él en la pobreza, confiando en la Providencia de Dios. Y, por supuesto, Dios no las abandona. Así que tratemos con cariño a las viuditas de nuestras parroquias, porque nos dan lecciones de fe, de humildad y generosidad, y, sobre todo, porque son las nenas de Cristo.



