“Moisés y los 10 Mandamientos” es la primera telenovela de corte bíblico a nivel mundial y la trama se basa en la adaptación libre de cuatro libros de la Biblia: Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio; narrando la historia del profeta Moisés desde su nacimiento hasta la liberación del pueblo hebreo del imperio egipcio. Muchos hogares puertorriqueños han sido cautivados con su historia y con los personajes. Es importante destacar su mensaje bíblico y salvífico.
El fín general de Éxodo, el Levítico, los Números y el Deuteronomio es exponer cómo Dios escogió para sí al pueblo de Israel y lo formó para la venida de Jesucristo; de modo que en realidad es Jesucristo quien aparece a través de los misteriosos destinos del pueblo escogido. Junto con el libro de Génesis, estos cuatros libros encabezan las Sagradas Escrituras; se conocen como el Pentateuco y constituyen la magnífica puerta de la Revelación divina.
Amram es el personaje que quiero destacar por su enorme fe en Dios. Vemos en cada capítulo de la serie cómo Él siempre da ánimo, fortaleza y esperanza a sus seres queridos y a cada hebreo desfallecido haciendo referencia a las promesas de Dios a Abraham.
Y es que Abraham es el modelo de obediencia y esperanza que nos propone la Sagrada Escritura –“padre de todos los creyentes”. (Romanos 4,11.18; Génesis 15, 5).
La carta a los Hebreos, en el gran elogio de la fe de los antepasados, insiste particularmente en la fe de Abraham: “Por la fe, Abraham obedeció y salió para el lugar que había de recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba” (Hebreo 11,8; Génesis 12,1-4). Por la fe, vivió como extranjero y peregrino en la Tierra prometida (Génesis 23,4). Por la fe, a Sara se le otorgó el concebir al hijo de la promesa. Por la fe, finalmente, Abraham ofreció a su hijo único en sacrificio (Hebreo 11,17).
Vemos entonces cómo Abraham realiza así la definición de la fe dada por la carta a los Hebreos: “La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven” (Hebreo 11,1). “Creyó Abraham en Dios y le fue reputado como justicia” (Romano 4,3; Génesis 15,6).
Ciertamente la crisis social y económica que nos ha tocado vivir en la Isla pudiera poner a prueba nuestra fe y esperanza como a muchos hebreos en la esclavitud. Pero la fe nos da nueva óptica, para ver con los ojos de la fe a Jesús como lo vieron los discípulos. Guiarse por la fe es confiar en Dios, creer en lo que dice y hace.
Dios quiere que nosotros vivamos como Amram en medio de las dificultades y limitaciones que podamos estar enfrentando. Es vivir con la firme convicción de que estamos en manos de Dios, que es a la vez Amor, Misericordia y Poder. Tener fe es desprendernos de nuestras ansiedades y temores, de nuestras dudas y desesperaciones. Vivamos con una fe vibrante, sin temor alguno. No teman, porque Jesús es nuestra luz y nuestra fuerza. “Yo soy la luz, el que me sigue no andará en tinieblas” (Juan 12, 46).
La fe es un don de Dios. Como discípulos y misioneros debemos defenderla sin miedo, propagarla y testimoniarla. “El que creyere en Él, no será avergonzado” (Romanos. 9:33).
Sin la fe no nos salvamos (Marcos 16,16). Según San Juan, la fe consiste en creer en Jesucristo (Juan 3, 15); en recibirlo (1, 12); en escucharlo (5, 40), en seguirlo (8, 12); en permanecer en Él (15, 4-5), en su palabra (8, 31), en su amor (15, 9). Y así es cómo por la fe conocemos a Dios. Creer en el Evangelio es condición indispensable para entrar en el Reino (Marcos 1, 15).
La fe compromete nuestra vida con lo que creemos y nos fortalece. Tal es el caso de los “Tres Inocentes de Aguada” como expresara Nelson Ruiz Colón, “las puertas se cerraban frente a nuestro rostro sin darnos un ápice de aliento, pero nuestra fe nunca nos hizo claudicar” (El Nuevo Día 28 de junio 2016).
San Pablo le escribió a los gálatas en un momento en que su congregación pasaba por momentos difíciles. Leyendo su Carta a los Gálatas, nos interpela a cada uno de nosotros que la fe en Jesús y en sus promesas es lo que nos llevará a nuestra salvación. Nos da un mensaje de esperanza.
“He aquí, estoy a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré a é1 y cenaré con é1 y é1 conmigo” (Apocalipsis 3, 20). A cada uno de nosotros Dios nos ofrece el don de la fe, seamos dóciles al Señor.

(PEN / Obispado de Arecibo)

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