La Comunidad Misionera de Villaregia (CMV), con una fuerte espiritualidad de comunión y misión ad gentes, está compuesta por miembros de diferentes estados de vida que distinguen en los siguientes cuatro núcleos: misioneros, misioneras, misioneros en el mundo, esposos misioneros.

Al cuarto núcleo pertenece Ángel Gabriel Cortés quien, en la más reciente Asamblea fue elegido como Consejero del Consejo General de la CMV.

Esta es la primera vez que la Comunidad elige, como miembro ordinario de su Consejo, a un miembro del cuarto núcleo, ya que, en asambleas anteriores, miembros del cuarto núcleo han sido electos como consejeros extraordinarios, es decir, que tienen responsabilidades específicas a su núcleo. Mientras que, ser miembro ordinario del Consejo implica una tarea que abarca toda la Comunidad y su obra. 

Ángel tiene 57 años de edad, es natural de Ponce y hace 33 años está casado con Yolanda A. Abreu Vera a quien conoció mientras vivían la experiencia de Pastoral Juvenil. Juntos formaron una familia y son sus hijos Ana María, Iván y José.

Estando casados conocieron la CMV e ingresaron a ella en 1997, el mismo año que se fundó la comunidad de Puerto Rico en la Diócesis de Arecibo. Una de las cosas que les llamó la atención desde el inicio fue la “dimensión de comunión, específicamente de cómo vivir la comunión en el seno de la familia, teniendo como modelo la relación de la Santísima Trinidad”, expresó Ángel en entrevista con El Visitante. 

Esta misma dimensión relacional y fraterna es una de las áreas que, ahora, como Consejero, deberá acompañar más de cerca.

Explicando de modo general las responsabilidades de su cargo, el misionero dijo que debe “acompañar la vida de la comunidad en su totalidad, acompañar la vida concreta de los hermanos, sus necesidades o situaciones particulares, la vida misionera de cada comunidad. Y, por otro lado, el consejo comparte con la presidencia esta misión de desarrollar, dinamizar, facilitar que eso que la Asamblea miró como experiencia de cuerpo sinodal se implemente en los próximos años, y eso siempre en función de la misión de la Iglesia”. 

Por otra parte, Ángel compartió con simpatía que, al enterarse de su elección: “aparte del susto normal que brota del sentido de responsabilidad, recuerdo que expresé que agradecía la confianza y que yo aceptaba como casado, como esposo y padre que soy. De alguna manera, en este rol siempre estará presente Yoly, no hay manera que no esté porque la realidad que yo puedo representar en el Consejo es una realidad de casado, ese es mi estado de vida, esa es mi vocación que va por encima de cualquier otra cosa”.

Asimismo, manifestó con certeza que “me sentí llamado por medio de los hermanos” a esta nueva misión. De igual forma, aseguró que no se siente extraño al estar como miembro del Consejo General como laico entre hermanos que son consagrados: “no siento ninguna diferencia entre los hermanos porque es parte de la naturaleza del carisma nuestro que nació así con ese rostro de todos los estados de vida”, y porque “el trabajo evangelizador, misionero, pastoral, es un trabajo que hacemos siempre en conjunto con todos los miembros efectivos de la Comunidad”.

Finalmente, según explicó Ángel, los esposos misioneros miembros del cuarto núcleo de la CMV al que pertenece él con su esposa, comparten su tiempo, recursos y fuerzas con la Comunidad sin desatender su compromiso fundamental de la vida de familia y viven “los consejos evangélicos expresados en los votos de pobreza, obediencia y castidad conyugal”.

Vanessa Rolón Nieves

Para El Visitante

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