Revdo. D. Wilfredo López Mora
Profesor de Teología y Filosofía
PUCPR – Recinto de Arecibo


 

En la Pascua, la sangre tiene un sentido de sacrificio y salvación. El Pueblo de Dios había bajado a Egipto, confiando en José el hijo de Jacob y en el Faraón (Ex. 1, 1-5). Estos invitan al Pueblo a bajar a Egipto, ya que en la Tierra Prometida había hambre y ellos tenían de todo en abundancia (Gn. 45, 16-20). Muere José, el faraón y aquella descendencia, y el nuevo faraón, por temor a que los hebreos se unan a sus enemigos y salgan de Egipto, decide esclavizarles (Ex. 1, 8-11). El Pueblo clama a Dios que le libre de aquella opresión (Ex. 3,9). Dios escucha a su Pueblo y envía a Moisés a liberarle. Dios mandó las 10 plagas como señales o prodigios para mostrarles a su Pueblo y al faraón que Yahvé es el Dios Omnipotente y Todopoderoso (Ex. 7, 14 – 13,10). Desde la tercera plaga, los magos del faraón le van informando del poder de Dios al no poder combatir la gran mayoría de las plagas (Ex. 8, 12-15). El día que Dios va a realizar la décima plaga le da instrucciones a Moisés de que deben sacrificar un novillo (Ex.12,1-5), consumir todo el alimento y recoger la sangre. Con esa sangre se pintará el dintel de la puerta (Ex. 12,22) porque esa noche Dios enviará el Espíritu de la muerte contra los hijos primogénitos de los egipcios y su ganado (Ex. 12,29). Los lugares que estén marcados con la sangre, el exterminador no entrará, seguirá de largo. Esta última plaga fue la que provocó que el faraón liberara al pueblo hebreo, reconociendo a Yahvé como el Dios Todopoderoso (Ex. 12, 30-32).

Este sacrificio y cena será la primera Pascua celebrada por el Pueblo de Dios. Esta celebración llevará el nombre de la Pascua Judía o Hebrea. La palabra “pascua” es de origen griego que quiere decir “paso”. Esta primera pascua celebra el pasar del Pueblo Hebreo de haber sido esclavo en Egipto a ser libre por la acción de Dios. La misma se convierte en la fiesta más importante para el judío.

Jesús toma la fiesta de pascua, el jueves Santo, y le da una nueva connotación. Él mismo se ofrece como víctima en el Pan y Vino, y la pascua toma una nueva realidad; es el paso de ser esclavos del pecado, a ser libres en la gracia (Mt. 26, 26-28).

Pero la Pascua no concluye ahí, el viernes Santo Jesús abraza la cruz en amor y se entrega como víctima y provoca otra nueva realidad. La Pascua pasa a ser el paso de ser esclavos del pecado y de la muerte, a ser libres en la gracia y la vida eterna (Jn. 19,30).

Como ve, desde un principio, por medio del sacrificio de los animales y el pintar el dintel de las puertas con su sangre, el pueblo Hebreo fue salvado. Con el sacrificio de Jesús el Jueves Santo entregándose totalmente en el Pan (Cuerpo) y el Vino (Sangre), y el Viernes Santo en un acto de amor, abrazando la cruz, como víctima, entrega su vida sacrificándose en su Cuerpo y su Sangre para darnos la salvación, para hacernos partícipes de la vida eterna.

Abramos el corazón al Señor para que esta Pascua no pase como pasó nuestro cumpleaños, que al pasar solo añadió un número más. Que esta Pascua nos regale una experiencia en el amor de Dios, capaz de transformar nuestras vidas.

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