La familia

A. La familia

• Es uno de los tesoros más importantes de nuestros pueblos, pero se ve amenazada, hoy, por las condiciones de vida; por lo que es preciso reaccionar, para que la familia asuma su ser y su misión.

• Es imagen del amor trinitario de Dios en el que tiene su punto de referencia. Esas raíces en la Trinidad se expresan en el Sacramento del Matrimonio entre un varón y una mujer y se despliega en la paternidad y maternidad, en los hijos y en los hermanos.

• Está llamada a ser uno de los ejes fundamentales de la evangelización, mediante una Pastoral familiar “intensa y vigorosa”. Su campo especifico de evangelización es todo el mundo de la familia; un grupo de familias evangelizadas y evangelizadoras (con una preparación permanente) con iniciativas a favor de las familias: centros parroquiales y diocesanos de atención familiar, parejas en situación irregular, acogida de madres solteras, viudas; preparación para el matrimonio, educación integral de la familia, programas de paternidad/maternidad responsable; que incidan en la legislación familiar, estudio de las crisis matrimoniales, accesibilidad de los tribunales eclesiásticos, promoción de la adopción de niños/as abandonados…

• Hay que defender a la familia de los ataques contra la vida (aborto, eutanasia…); ante leyes injustas, reconocer la objeción de conciencia y, por “coherencia eucarística” que sean apartados de la comunión quienes intervienen en esos ataques a la vida.

Las personas

B.  Los niños

• Atención especial, porque son los más vulnerables, sobre todo, cuando viven en situaciones de pobreza, de violencia intrafamiliar, de abusos sexuales, en la calle, portadores del VIH-SIDA, huérfanos, prostitución forzada… Es necesaria una acción de incidencia para la promoción de la tutela de los niños.

• Cuidar la transmisión de la fe en la infancia, con pedagogías adecuadas. Tener hacia ellos las mismas actitudes de Jesús.  Estructurar una Pastoral de la Niñez, que incluya la capacidad misionera de los niños /as.

C. Adolescentes y jóvenes

• Los Jóvenes y adolescentes son la mayoría de la población de nuestro Continente. Representan un potencial para el presente y futuro de la Iglesia y de nuestros pueblos.

•Tienen muchas cosas positivas sensibilidad a la amistad y al discipulado de Jesús, son centinelas del mañana y llamados a comprometerse con las transformaciones del mundo, sacrificadas y genuinas, capaces de escuchar y responder al llamado de Jesús y están llamados a ser apóstoles de los mismos jóvenes. Pero, muchas veces están en situaciones muy negativas: pobreza, poco críticos con las nuevas formas culturales, fáciles de manipular para las nuevas formas religiosas, crisis familiar, educación de baja calidad, poco interés por lo político, falta de posibilidades para el trabajo y estudio, frecuente suicidio, emigraciones, uso indiscriminado y abuso de la comunicación virtual…

D. Debemos renovar la opción preferencial por los jóvenes en todas nuestras parroquias y comunidades, alentando los movimientos eclesiales de evangelización de jóvenes y poniendo el anuncio de Jesucristo en conexión con sus profundas aspiraciones, a las que da plenitud. Es preciso establecer procesos de educación y maduración de la fe, una formación socio-política, introducirlos en la relación con los adultos. Es estimulante la participación de los jóvenes en la Eucaristía dominical. Su participación en los eventos eclesiales es siempre un motivo de esperanza.

E. Los ancianos

• La presentación de Jesús en el templo es una escena bíblica que une niñez y ancianidad. Los ancianos merecen el agradecimiento, veneración y respeto de su familia, pero ¡cuántos ancianos olvidados y descuidados por la sociedad y por sus familiares!

•Eclesialmente, merecen que reconozcamos el testimonio y apostolado de muchos/as en las tareas pastorales.

•Es preciso que urjamos políticas sociales a favor de los ancianos.

Reflexionamos:

1. ¿Cómo vemos la situación de la familia entre nosotros? ¿De donde le vienen las principales crisis? ¿Tienen nuestras familias una importancia real en la transmisión de la fe? La vivencia cristiana de la familia, se centra tan solo en lo que pasa de la familia hacia adentro, o se preocupa también de las situaciones familiares de fuera?

2. ¿Cómo vemos a los jóvenes? ¿Cómo los encontramos en relación a la fe y a la Iglesia? ¿Qué situaciones les afectan más negativamente? ¿Qué actitudes y comportamientos positivos tienen?

3. Los ancianos, ¿integración familiar o estorbo familiar? ¿Cómo los tratamos? ¿Se sienten a gusto en la familia? ¿Qué pediríamos al Estado para ellos?

(Vicaría de Comunicaciones)

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