Primero de la serie: Crónicas de la Misericordia

Iniciamos una serie de testimonios protagonizados por valientes sobrevivientes, co-sobrevivientes de cáncer y cuidadores titulado: Crónicas de la Misericordia. Soy científica en oncología y fiel creyente de las grandes promesas que Jesús de la Divina Misericordia le hizo a Sor Faustina, una religiosa polaca que compartió las revelaciones que Jesús le hiciera en su diario La Divina Misericordia en mi alma. Estas revelaciones son un eco del Evangelio, para sostener al mundo herido por las injusticias y dolores.

Fue a partir del 2016, Jubileo Extraordinario de la Misericordia, que surge mi inquietud de retribuir las bendiciones recibidas por Dios a otros que necesitaban escuchar sobre la Divina Misericordia de Jesús. Esta devoción cambió mi vida y sentí el compromiso de darla a conocer. Ser devoto de la Misericordia es aceptar una intimidad con Jesús, una confidencia muy preciosa de creer en sus promesas y que las cumplirá. Sin embargo, su misericordia nos ayuda a transitar desde los caminos más pedregosos hasta la vida cotidiana. A mis 37 años he podido ejercer las obras de misericordia con la comunidad a la que le he dado servicio hace 14 años. Mi llamado ha sido ejercer la Misericordia a plenitud, aceptar con más confianza mis pruebas de fe y ser instrumento de la misericordia sin miedo a ser señalada. He conocido algunos que han enfrentado el diagnóstico de cáncer entregándolo plenamente a los pies de Jesús de la Divina Misericordia. Es una bendición poder iniciar esta serie donde compartiremos estos testimonios de amor y confianza que han robado la atención de nuestra comunidad oncológica.

Años atrás, la palabra cáncer significaba un estigma tanto en la familia como en la sociedad. Uno de cada tres individuos en cualquier momento de su vida puede padecer de cáncer. Los tres tipos de cáncer más frecuentes en las mujeres son: cáncer de seno, colon y tiroide; en los hombres: cáncer de próstata, colon y pulmón. Sin embargo, no importa el tipo de cáncer, la dimensión espiritual se ve altamente comprometida. El cáncer no es una sentencia de muerte, es una oportunidad de encontrarse o re encontrarse con el Rey de Reyes y experimentar su sanación. No hay mejor lugar que estar a sus pies para sentir su misericordia. En nuestra propia Iglesia, contamos con nuestro Beato Charlie, paciente de cáncer, que pudiera ser nuestro modelo de cómo encontrar la luz de un Cristo vivo en la noche oscura.

Con lápiz y papel entrevisté a pacientes de cáncer por todo Puerto Rico. A través de los testimonios, resurge la vida, las ilusiones y las esperanzas. Espero que los disfruten. Recuerden estas palabras en sus momentos de prueba: ¡Jesús en ti confío!

Dra. Maricelly Santiago Ortiz
Para El Visitante

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