Con la llegada de nuestro nuevo obispo, Mons. Gerardo Ramírez Torres, el Señor abre para la Diócesis de Ponce una nueva etapa evangelizadora. No se trata simplemente del relevo de un pastor por otro, sino de un nuevo tiempo de gracia en el que el Espíritu Santo vuelve a renovar a su Iglesia.
La pregunta de Jesús —«Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?»— resuena hoy con una fuerza especial. Antes de emprender nuevos proyectos pastorales, de reorganizar estructuras o de planificar actividades, estamos llamados a renovar nuestra confesión de fe en Jesucristo. Toda auténtica renovación de la Iglesia comienza cuando Cristo vuelve a ocupar el centro de nuestra vida.
El ministerio episcopal tiene precisamente esa misión: mantener a toda la diócesis unida en la misma fe de los apóstoles y animarla a salir al encuentro de quienes necesitan escuchar el Evangelio. El obispo es principio visible de comunión y primer anunciador de Jesucristo. Su tarea consiste en confirmar a los hermanos en la fe para que toda la Iglesia viva en estado permanente de misión.
Esta nueva etapa nos compromete a todos. No es solo el comienzo del ministerio de un nuevo obispo; es el inicio de una nueva oportunidad para que cada parroquia, cada comunidad, cada movimiento y cada familia renueve su ardor misionero. El Señor nos invita a dejar atrás el conformismo, el cansancio y la rutina pastoral para convertirnos en discípulos misioneros llenos de esperanza.
Nuestro nuevo pastor no caminará solo. Como Pueblo de Dios, queremos acompañarlo con nuestra oración, nuestra comunión y nuestra colaboración generosa. Juntos construiremos una Iglesia que anuncie a Cristo con alegría, que sirva a los pobres con amor, que forme discípulos convencidos y que sea signo de esperanza para nuestro pueblo.
Que la Santísima Virgen de la Providencia, Madre y Patrona de Puerto Rico, acompañe a Mons. Gerardo Ramírez en el inicio de su ministerio episcopal y nos ayude a todos a vivir este nuevo tiempo como un verdadero Pentecostés para la Iglesia de Ponce.


