Continuando con las formas para vivir más eficazmente el Jubileo, se destaca en la Bula Misericordiae Vultus y las indulgencias. Según el Código de Derecho Canónico (c. 9920) y el Catecismo de la Iglesia Católica (1471) se define la indulgencia como la remisión ante Dios de la culpa temporal por los pecados.

La Bula establece que en el Año Santo de la Misericordia la indulgencia adquiere una relevancia particular. “En el sacramento de la Reconciliación, Dios perdona los pecados, sin embargo la huella negativa que los pecados dejan en nuestros comportamientos y nuestros pensamientos permanece. La misericordia de Dios permite a través de la indulgencia del Padre que el pecador sea perdonado y lo libera de todo residuo, consecuencia del pecado”, reza el documento papal.

Monseñor Juan Rodríguez Orengo, párroco de la Parroquia Cristo Rey de Ponce detalló que los pecados que se cometen a lo largo de la vida del ser humano son pagados en el purgatorio al momento de la muerte. Continuó diciendo que: “Para aliviar esa pena la Iglesia concede la indulgencia plenaria”.

Informó que para obtener la indulgencia plenaria es necesario cumplir con varios requisitos: cruzar la Puerta Santa, rezar por el Papa y sus intenciones, por los enfermos y las almas del purgatorio, arrepentirse de los pecados, estar en gracia, confesarse y comulgar 8 días antes u 8 días después.

A su vez mencionó que se pueden obtener todas las indulgencias plenarias que se deseen, “se obtiene una por día, pero si usted quiere cruzar la Puerta Santa diariamente y cumplir con los requisitos hasta que concluya el Año Santo puede hacerlo”. Aclaró que una vez gana la indulgencia no existe ningún motivo para perderla.

De otra parte, el documento papal hace referencia a la peregrinación como un signo particular del Año Santo y establece que para cruzar la Puerta Santa debe hacerse una peregrinación, de acuerdo a las posibilidades de cada uno.

Sobre esto el párroco afirmó que el Santo Padre no se olvidó de los enfermos ni de los confinados: “En el caso de los presos con solo mirar la parte de arriba de la celda, hacia la eternidad y pidiendo perdón de corazón, se concede la indulgencia plenaria al igual que a los enfermos que no pueden llegar hasta la Puerta Santa”.

Por otro lado, la tercera parte de la Bula hace mención de la delincuencia y la corrupción. “Mi invitación a la conversión se dirige con mayor insistencia a aquellas personas que se encuentran lejanas de la gracia de Dios debido a su conducta de vida. Pienso de modo particular en los hombres y mujeres que pertenecen a algún grupo criminal. […] Por vuestro bien os pido cambiar… […]

No caigáis en la terrible trampa de pensar que la vida depende del dinero y que ante todo, el resto se vuelve carente de valor y dignidad”, se desprende del documento.

Del mismo modo, hizo un llamado a las personas promotoras o cómplices de la corrupción. “La corrupción es una obstinación en el pecado, que pretende sustituir a Dios con la ilusión del dinero como forma de poder. Es una obra de las tinieblas, sostenida por la sospecha y la intriga”, expresó el Papa en la Bula.

Sobre el diálogo interreligioso el Santo Padre recordó que el judaísmo y el Islam reconocen la misericordia como uno de los atributos más calificativos de Dios. Por consiguiente, desea que durante el Año Jubilar se favorezca el encuentro con estas y otras religiones: “Nos haga más abiertos al diálogo para conocernos y comprendernos mejor…”.

En cuanto a la relación de la justicia y la misericordia, la Bula sostiene que una no es contraria a la otra. San Agustín decía: “Es más fácil que Dios contenga la ira que la misericordia. La ira de Dios dura un instante, mientras que su misericordia dura eternamente”.

Al final del escrito de 17 páginas, se expone a María como madre de la Misericordia: “La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios”. También recuerda a la apóstol de la misericordia, santa Faustina Kowalska, “ella que fue llamada a entrar en las profundidades de la divina misericordia, interceda por nosotros y nos obtenga vivir y caminar siempre en el perdón de Dios y en la inquebrantable confianza de su amor”.

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