Con la asistencia de más de 700 personas se celebró el funeral en la Iglesia San Ignacio de Río Piedras de la señora Julie Alvira de Molina, que deja una gran labor de apostolado seglar en distintos campos de nuestra Iglesia.

Nació en La Habana el 30 de enero de 1938, recibiendo una esmerada educación católica, en su “alma mater” del prestigioso Colegio Baldor. A los 18 años ya era profesora; prosiguió esudios de Trabajo Social en la tricentenaria Universidad de La Habana, bajo la dirección de la ilustre Doctora Elena Mederos. Siguió enseñando en Baldor hasta que el mismo fue confiscado por los Castro.

En 1962 llega a Puerto Rico junto a su esposo Antonio J. Molina, y comienza a desarrollar su labor apostólica en la Junta Diocesana del Arzobispo.

Por muchos años fue la secretaria y alma del Centro Universitario Católico. Los domingos cuidaba a los hijos de los universitarios y andando el tiempo, cuidó a los nietos. Titi Julie era un personaje en el ambiente universitario de Rio Piedras.

Fue una de las fundadoras de la Congregacion Mariana “Rosa Mística”, dirigiendo una residencia de universitarias, al lado de la Iglesia de Fátima. Donde trabajó arduamente en los ultimos años fue en la Pastoral de Catequesis, sin olvidar sus conferencias en más de 20 parroquias de Puerto Rico. Dictó cursos, conferencias, encuentros y retiros, llamando la atención su trabajo social en la Cárcel Federal de Mujeres, entre otras instituciones cristianas.

Por varios años trabajó con la Unión de Cubanos en el Exilio, del que fue activa presidenta. En la barriada del Caño fue muy estimada por el pueblo “donde se sentía la mujer más protegida de todo Puerto Rico” por su labor social.

Por algún tiempo ayudó al Movimiento Demócrata Cristiano, que presidió su esposo, en cuanta obra le fue propicia apoyar. Su amplia biblioteca católica será donada a distintos organismos que la necesiten, y sus apuntes serán estudiados. Los diez celebrantes en la misa de su funeral estaban de acuerdo que bien merecía ser candidata a un proceso de beatificación, y al decirse ello en ese acto produjeron un aplauso que duró varios segundos. ¡Descanse en paz!

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