Con alegría, llenos de fe y de esperanza, iniciamos esta nueva etapa en la Arquidiócesis de San Juan de Puerto Rico. Saludo a mis hermanos Obispos, tanto de Puerto Rico como los que han venido de naciones hermanas para acompañarnos en esta nueva misión que se nos ha confiado, la cual comenzamos hoy en la Fiesta de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. Reconozco la presencia del Señor Delegado Apostólico del Santo Padre, Mons. Piergiorgio Bertoldi. Con gran afecto saludo a todos mis hermanos sacerdotes, diáconos, religiosos, seminaristas y fieles del Pueblo Santo de Dios.
Igualmente, saludo con alegría a la Honorable Gobernadora de Puerto Rico, Jenniffer González Colón; a los exgobernadores; al Honorable Alcalde de San Juan, Miguel Romero, y a los demás alcaldes presentes; a los distinguidos senadores y representantes; honorables jueces; y a todos los servidores públicos y privados, así como a los líderes del país. También, saludo a los hermanos pastores y pastoras de diferentes congregaciones religiosas. ¡Bienvenidos, hermanos! A mis familiares y amigos personales, bienvenidos. La presencia de todos ustedes nos muestra que podemos unirnos en un gran abrazo de pueblo a pesar de nuestras diferencias cuando nos congrega la fe trinitaria en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y el amor que sentimos pori este pueblo en nuestra tierra borinqueña. Gracias a todos por su presencia.
INICIO DE UNA NUEVA ETAPA EN LA VIDA DE LA IGLESIA EN PUERTO RICO
“El pasado 6 de agosto de 2026, en la Fiesta de la Transfiguración del Señor, Su Santidad el Papa León XIV me nombró nuevo outArzobispo de la Arquidiócesis de San Juan de Puerto Rico, luego de haber aceptado la renuncia de Mons. Roberto González Nieves tras 27 años de entrega y servicio a la Iglesia Arquidiocesana de San Juan. Como ya he manifestado, este nombramiento me tomó por sorpresa. Sin embargo, esta encomienda ministerial no consiste en un simple interinato ni en un premio personal, como algunos han comentado. ¡Ni se lo imaginen ni se lo crean! Se trata de una llamada de Dios al servicio; de un Dios que sigue llamando, sin importar edades o épocas, para trabajar y pastorear a un pueblo herido, para sanar relaciones y abrir puertas de fe y esperanza. Como Dios llama cuando quiere, a quien quiere y como quiere, he respondido: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Aquí reside mi mayor libertad y mi principal agenda. Atención a un pueblo donde muchos ya tenemos bastante edad: no vale el «no puedo» o el «estoy cansado» cuando la Iglesia nos llama a servir. Igualmente, esto debe animar a los jóvenes, quienes muchas veces sienten miedo ante la llamada de Dios en sus vidas. Espero que, al ver a este «viejito» al frente de esta Arquidiócesis, aumenten las vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales, pues todos estamos llamados a servir. (¡Padre Jaime, tenemos trabajo!)”.
Ciertamente, no fue una decisión fácil. Pero, luego de orarlo y discernirlo, de contemplar los Evangelios e implorar a la Virgen María, una vez más dije: “Hágase en mí según tu Palabra” (Fiat Mihi Secundum Verbum tuum), convencido de que lo que es imposible para el hombre sí es posible para Dios. Providencialmente, el anuncio al país se realizó en la Fiesta de la Transfiguración, el 6 de agosto. En aquel monte, Jesús se transfiguró para aumentar la fe de sus discípulos, les anunció su Reino y los llenó de vida nueva para que fueran sus testigos, introduciéndolos decididamente en una historia nueva. Esto también se produce en nosotros hoy, cuando le seguimos con fidelidad y hacemos nuestro su mensaje de salvación y la buena noticia de su Evangelio.
LA FIESTA DE LOS SANTOS ARCÁNGELES
Hoy, 29 de septiembre de 2026, en la Fiesta de los Santos Arcángeles (Miguel, Gabriel y Rafael), hemos tomado posesión canónica en la Iglesia Catedral de San Juan. Ahora me encuentro celebrando con ustedes la primera misa ya como nuevo Arzobispo Metropolitano de San Juan de Puerto Rico. En el marco de esta festividad, hay tres palabras que quisiera compartir y meditar con ustedes y con el país: humildad, fortaleza y sanación.
En la Fiesta de los Santos Arcángeles nos encontramos con una verdad de fe atestiguada en la Sagrada Escritura. Son numerosas las referencias bíblicas a los ángeles y arcángeles como mensajeros y servidores de Dios. Concretamente, Miguel, cuyo nombre significa “¿quién como Dios?”, es el defensor del pueblo de Dios contra el mal y nos confronta con la humildad de nuestra realidad humana. El Papa Francisco, en su Audiencia General del 22 de mayo de 2024, nos hablaba de la humildad como el fundamento de la vida cristiana, la gran enemiga de la soberbia y el camino verdadero hacia la paz y la salvación.
Hoy, al comenzar este ministerio, quiero pedirle a mi gente que abrace la humildad como una estructura de vida, como un marco de referencia personal. Las soberbias y arrogancias nos impiden vernos y encontrarnos tal como somos: personas frágiles e incompletas, siempre en desarrollo y aprendizaje, capaces de amar y de ser amadas y, por tanto, necesitadas las unas de las otras. Cuando partimos de esa verdad fundamental, se abren caminos de encuentro, de diálogo, de paz y de libertad. Una dosis de humildad nos hace bien a todos para reencontrarnos y abrir espacios de diálogo, unirnos y poder enfrentar los males que hoy dañan nuestra convivencia social, nos roban la paz y la alegría, y dejan dolorosas cuotas de injusticia en nuestro caminar. ¡San Miguel Arcángel, ayúdanos a vencer las arrogancias y superioridades en nuestras vidas!
San Gabriel, el gran anunciador a la Virgen María de la Encarnación del Hijo de Dios, nos llama a entrar en esta historia nueva con firmeza y convicción. Su nombre implica fortaleza, pero se trata de la fuerza de Dios, que permanece y que siempre es fiel. Podemos hacer una historia nueva, podemos ser portadores de la buena noticia, pero es necesario abrir el corazón a este gran misterio. Jesús entra en nuestra historia para que nosotros entremos en la de Él como hijos de Dios, para que seamos hermanos. No podemos conformarnos con las noticias que portamos todos los días de violencia, de muerte y de injusticias. No podemos normalizar esta realidad de muerte. Basta ya de noticias de violencia, de asesinatos, de maltratos y de guerras. ¡San Gabriel Arcángel, ayúdanos a ser portadores de buenas noticias en nuestra tierra borincana!
San Rafael, cuyo nombre significa “medicina de Dios”, nos llama a sanar y a reconciliar. Hay tantas relaciones rotas, comunicaciones superficiales e ineficientes, oídos sordos, ojos cerrados y corazones duros y arrogantes. De ese modo, no construimos ni avanzamos, ni como personas, ni como familias, comunidades o sociedad puertorriqueña. Nos urge la sanación y la reconciliación como pueblo, y cada uno tiene que hacer su parte. Estamos cansados y heridos en nuestra identidad, en nuestros valores, en la confianza, el respeto y la aceptación mutua. Esta fiesta de los Arcángeles nos llama a ser humildes, a sanarnos y a reconciliarnos para convertirnos en portadores de la buena noticia de la paz y la justicia en nuestra tierra puertorriqueña. ¡San Rafael Arcángel, intercede para que Dios nos sane de nuestros males y violencias!
LA PALABRA DE DIOS
En la Palabra de Dios que hemos escuchado, nos encontramos con Jesús, aquel que fue anunciado por los profetas y que tiene a los ángeles y arcángeles a su servicio. Jesucristo viene a mostrarnos y a hacer visible al Dios Padre de amor y misericordia. Conocerle, amarle y seguirle es lo mejor que nos puede pasar como acontecimiento de salvación; así lo manifestaron los Obispos Latinoamericanos reunidos en Aparecida. Hoy, al iniciar esta nueva etapa arquidiocesana, les invito a abrir las puertas de sus corazones a Jesucristo. Como Natanael en el Evangelio, profesemos nuestra fe en Él: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios”.
UNA MISIÓN QUE COMIENZA
La Arquidiócesis de San Juan quiere hacer memoria de esa fe, renacer en ella, renovarse y ofrecer al país una Iglesia viva, servidora, humilde y acogedora. Que sea casa de comunión, de encuentro con Dios y con los hermanos. Que sea un espacio de diálogo, escucha y discernimiento a la luz del Espíritu Santo, y que este nos guíe y acompañe para gestar esperanza, alegría y paz a todos los hijos e hijas de Dios en nuestra bendita tierra puertorriqueña.
Ayúdenme, queridos hermanos, a soñar y a trabajar por un Puerto Rico cristiano donde haya armonía, paz y justicia para nuestros niños, jóvenes, familias, abuelos y todos los que habitamos en esta linda tierra. Con un verdadero testimonio de fe, esperanza y caridad, podemos construir y reconstruir a este pueblo. Podemos restablecer vínculos e iniciar procesos nuevos fundamentados en la confianza y el respeto mutuo. Soñemos, hermanos, y trabajemos juntos por este pueblo. Con la ayuda de los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, y bajo el amparo de la Virgen María, Madre de la Divina Providencia, podemos llevar a Jesús a nuestros hogares y transformar corazones y relaciones. ¡Que nada ni nadie nos robe la esperanza! ¡Muchas bendiciones para ustedes y para todo nuestro querido pueblo!



