Al concluir la Misa de acción de gracias celebrada en la Catedral Basílica de San Juan Bautista, en la que Mons. Roberto Octavio González Nieves, OFM, celebró por última vez desde su sede episcopal como Arzobispo Metropolitano de San Juan de Puerto Rico, el P. Benjamín Pérez, rector de la Catedral, le dirigió un emotivo mensaje de gratitud por sus años de ministerio pastoral.
En uno de los momentos más conmovedores de la jornada, la emoción entrecortó la voz del sacerdote al pronunciar las palabras: “Gracias por habernos pastoreado. Gracias por habernos acompañado”.
Por su valor testimonial, El Visitante de Puerto Rico reproduce íntegramente sus palabras:
Palabras de agradecimiento a Mons. Roberto Octavio González Nieves, OFM
Querido Monseñor Roberto:
Hoy esta Catedral, que durante tantos años ha sido su sede, su casa episcopal y uno de los lugares desde donde ha pastoreado al Pueblo de Dios, quiere decirle algo muy sencillo, pero muy profundo: gracias.
Gracias por tantos años de entrega.
Gracias por haber caminado con este pueblo en días de alegría y en días difíciles.
Gracias por haber celebrado con nosotros, por haber rezado con nosotros, por haber consolado a tantas familias, por haber acompañado a los pobres, a los enfermos, a quienes han vivido momentos de dolor, de incertidumbre y de esperanza.
Gracias por haber sido pastor no solamente de una ciudad, sino de un pueblo mucho más amplio, un pueblo que ha encontrado en usted una palabra, una presencia, una oración y, tantas veces, un gesto de cercanía.
Hoy no queremos quedarnos únicamente con la emoción de una última Misa en esta sede episcopal. Queremos mirar hacia atrás y reconocer con gratitud todo lo sembrado.
Porque un pastor pasa por muchos momentos en su ministerio: momentos de alegría, decisiones difíciles, cansancio, incomprensiones, esperanzas, luchas, encuentros, despedidas. Pero al final, lo que permanece es aquello que se sembró en el corazón de la gente.
Y usted ha sembrado fe.
Ha sembrado esperanza.
Ha sembrado reconciliación.
Ha sembrado amor por la Iglesia.
Ha sembrado el deseo de seguir caminando como Pueblo de Dios.
Por eso hoy, desde esta Catedral de San Juan Bautista, queremos y quiero abrazarlo con gratitud.
No como quien despide a alguien que se va y desaparece, sino como quien agradece a un pastor que ha dejado huella y que sigue formando parte de nuestra historia.
Querido Monseñor Roberto, su ministerio episcopal para muchos de nosotros ha sido una página importante en nuestras vidas. Y esa página no se borra. Se guarda. Se agradece. Se convierte en memoria viva.
Sabemos también que toda etapa en la vida de la Iglesia abre paso a otra. Y por eso hoy, junto al agradecimiento, queremos elevar también una exhortación llena de cariño:
Siga caminando.
Siga siendo pastor.
Siga siendo hombre de oración.
Siga acompañando con su palabra, con su experiencia, con su testimonio y con su cercanía.
Quizá cambie la forma de la misión, pero nunca se cambia la vocación.
Quizá cambie el lugar desde donde se sirve, pero nunca se cambia el llamado.
Porque cuando Dios nos llama, nos llama para toda la vida.
Y nosotros queremos y quiero seguir contando con su oración, con su consejo, con su presencia fraterna y con ese cariño por Puerto Rico y por esta Iglesia que peregrina aquí.
Hoy esta Catedral y yo mismo le digo:
Gracias por habernos pastoreado.
Gracias por habernos acompañado.
Gracias por haber estado.
Gracias por haber servido.
Y gracias también por todo lo que todavía queda por hacer en el camino que Dios sigue abriendo delante de usted.
Monseñor Roberto, reciba el abrazo de esta Catedral, de sus sacerdotes, de sus colaboradores, de sus fieles, y de tantos hombres y mujeres que reconocen en usted a un pastor que ha compartido una parte muy importante de sus vidas.
Que la Virgen María, bajo las advocaciones tan queridas de nuestro pueblo, lo acompañe siempre.
Que San Juan Bautista, patrono de esta Catedral, siga intercediendo por usted.
Y que el Señor, que un día lo llamó al sacerdocio y luego al ministerio episcopal, continúe sosteniéndolo con su gracia.
Hoy no le decimos solamente adiós.
Le decimos:
Gracias, Monseñor.
Gracias por la fidelidad.
Gracias por el camino recorrido.
Y siga adelante, porque la Iglesia todavía necesita su oración, su experiencia y su corazón de pastor.
En nombre de esta Catedral, reciba nuestro respeto, nuestro cariño y nuestro abrazo.
Que Dios lo bendiga siempre.



