Espíritu de puertorriqueños resalta aun en medio de devastación

SAN JUAN, Puerto Rico (CNS) — A pesar de las dificultades materiales tras el daño que dejó el huracán María en Puerto Rico, hay que ver y admirar el espíritu fraternal que la gente de la isla ha demostrado durante el período de recuperación, dijo el arzobispo de la isla.

Aunque el cargo económico de la iglesia obviamente se ha vuelto aún más pesado mientras se tratan de atender las necesidades materiales de emergencia de los fieles, el pueblo muestra una “gran capacidad de solidaridad” y es lo que resalta después del desastre, dijo el arzobispo Roberto González Nieves de San Juan a Catholic News Service en una entrevista el 25 de octubre.

“Ellos están dando lecciones de lo que es la esencia de cómo vivir”, dijo el arzobispo. “Hay una resistencia y capacidad espiritual muy fuerte que hemos visto en nuestro pueblo. Estudiantes universitarios han salido a las calles a remover escombros … estos son momentos emotivos e impresionantes que estamos viviendo”.

Algunos de esos jóvenes son estudiantes de la secundaria San Ignacio Catholic High School en San Juan. El padre Andrés Vall Serra, director pastoral de la escuela jesuita, le dijo a CNS que la escuela tiene un proyecto especial para que los estudiantes den ayuda a los pobres. Una clase titulada “Magis”, que básicamente significa bien universal, o “¿qué se puede hacer para alcanzar el bien de todos?”, está basada en los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas.

“Todos los viernes, todos estudiantes de un grado son enviados a distribuir sistemas de filtración y alimentos a las comunidades pobres”, dijo el padre Andrés. “Es un momento que les permite encontrarse con Cristo, pero de una manera que les ayuda a transformarlos”.

El proyecto de caridad tiene un componente de asesoramiento de salud mental específico para cada grado, cuyo objetivo es ayudar a los estudiantes manejar el estrés provocado por los efectos del huracán María.

Álvaro Carrillo, estudiante de San Ignacio, dijo que la educación católica le ha ayudado a prepararse para desastres como los huracanes, y dijo que le ha ayudado a crecer y “ser compasivo, reconocer las necesidades del mundo y cómo reaccionar ante situaciones como esta”.

“Esta escuela se ha enfocado en su lema jesuita, ‘hombres al servicio de los demás'”, dijo el estudiante Ricardo Sánchez. “Fue aquí, en el séptimo grado, donde comencé a ir allá afuera a ayudar a las comunidades necesitadas”.

San Ignacio abrió las puertas de la escuela de nuevo el 3 de octubre, la primera escuela católica en hacerlo en Puerto Rico después del huracán María, dijo el padre Andrés. Fue moderadamente dañada, principalmente por los árboles que cayeron. Un anfiteatro en el sótano y varios salones para almacenar se inundaron.

“Estamos en un momento de luto nacional, trauma, después del paso de dos huracanes … las consecuencias en el ánimo, el espíritu, las emociones (del pueblo) son profundas”, dijo el arzobispo González. “Otro trauma es el del amor compartido y la solidaridad”.

Repitió lo que varios pastores le dijeron a CNS que después de que el huracán María azotó a Puerto Rico, más personas recurrieron a la Misa, aunque muchos más todavía no han podido salir de sus hogares por el daño.

“Pero sí, hay un renacer espiritual”, dijo.

Los recursos económicos de la iglesia en Puerto Rico también han visto el efecto causado por el huracán María. A medida que las empresas y fábricas se cierran, la estabilidad económica de las familias se ha visto afectada mientras que sus demandas económicas han incrementado, dificultando la habilidad para pagar por reparos y reconstrucción de propiedades perdidas.

“No podemos pedir ni esperar que ellos continúen apoyando (la iglesia) al mismo nivel cuando ellos mismos están escasamente sobreviviendo”, dijo el arzobispo. “Con el tiempo tendremos que ver cómo podemos bregar para sustentar las parroquias que no pueden sustentarse, así como nuestro Canal 13 (de televisión) y radiales”.

Pero el arzobispo dijo que “nuestro enfoque ahora es ayuda directa. La mayoría de la gente necesita agua, alimento y ropa. Esa es nuestra misión primordial”.

“El reto mayor que la iglesia tiene en Puerto Rico enfrenta es nutrir el alma de nuestra gente con la palabra de Dios, la presencia de Jesús mediante nuestras obras de caridad, solidaridad, celebrando la Eucaristía y manteniendo una perspectiva que nos mantenga anclados a la realidad de estos acontecimientos y esperanzados en la fortaleza que el Espíritu Santo nos da”, dijo el arzobispo González.

(Wallice J. de la Vega | Catholic News Service)

(Foto: CNS)

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En el décimo aniversario de Amoris laetitia, el Santo Padre destacó la importancia del amor conyugal, la educación de los hijos y la oración en familia como fundamentos de una sociedad más humana y solidaria. Ciudad del Vaticano, 14 de octubre de 2026. — El papa León XIV reafirmó el papel fundamental de la familia en la construcción de una sociedad cimentada en el amor, la solidaridad y el respeto por la vida, durante la celebración eucarística que marcó la clausura del encuentro conmemorativo del décimo aniversario de la exhortación apostólica Amoris laetitia, publicada por el papa Francisco. La homilía, preparada por el Santo Padre, fue pronunciada por el cardenal Luis Antonio Tagle durante la Santa Misa celebrada en la Plaza de San Pedro. León XIV no pudo presidir la celebración debido a su recuperación tras la intervención quirúrgica pulmonar realizada el martes en el Hospital Gemelli de Roma. En su reflexión, el Pontífice destacó que el matrimonio cristiano constituye una vocación al amor que se construye diariamente mediante la entrega mutua, el respeto y la gracia de Dios. Recordó que la verdadera alegría del amor matrimonial no consiste en perder la identidad personal, sino en crecer juntos, permitiendo que cada esposo encuentre en el otro un apoyo para desarrollar plenamente su vocación. Asimismo, subrayó la necesidad de fortalecer la preparación de los jóvenes para el matrimonio, insistiendo en que la educación para el amor comienza desde la infancia. Aunque reconoció el valor de los programas de preparación matrimonial que ofrecen las parroquias, advirtió que estos deben estar acompañados de una formación integral en las virtudes, la responsabilidad y el compromiso. El Papa también resaltó que el hogar constituye la primera escuela del amor, donde los hijos aprenden, mediante el testimonio de sus padres, el significado de la entrega, el perdón y la fidelidad. En este sentido, reconoció el esfuerzo cotidiano de tantas familias que, aun enfrentando dificultades, perseveran en su misión con generosidad. Otro de los aspectos centrales de su mensaje fue la necesidad de consolidar una Iglesia que sea verdaderamente una «familia de familias», capaz de acompañar a los matrimonios jóvenes, apoyar a los padres en la crianza de sus hijos y reconocer la sabiduría de los adultos mayores. León XIV insistió particularmente en que las familias que atraviesan situaciones difíciles deben encontrar en la comunidad eclesial acogida, comprensión y acompañamiento, libres de prejuicios y actitudes condenatorias. De igual manera, recordó que la familia desempeña un papel insustituible en la transmisión de los valores cristianos y en la defensa de la dignidad de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural. Finalmente, el Santo Padre exhortó a recuperar la práctica de la oración compartida en el hogar, señalando que esta costumbre se ha debilitado considerablemente en distintas partes del mundo. Destacó que la participación en la Eucaristía dominical, los sacramentos y la oración familiar fortalecen los vínculos afectivos y permiten afrontar unidos las dificultades de la vida. Con este mensaje, León XIV renovó el llamado de Amoris laetitia a reconocer a la familia como una comunidad de amor, esperanza y fe, cuya misión resulta esencial tanto para el futuro de la Iglesia como para el bienestar de toda la sociedad. Fuente: Vatican News. 

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Dr. Héctor Balvanera destaca el valor histórico y espiritual del Santuario de la Madre de la Divina Providencia

Durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, el investigador presentó un recorrido por cien años de historia, arquitectura y expresiones de fe que contribuyeron a consolidar la devoción a la Patrona de Puerto Rico. La historia del Santuario de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, ubicado en la Catedral de San Juan Bautista, fue el tema central de la ponencia ofrecida por el Dr. Héctor Balvanera durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, celebrado este martes, 13 de octubre. Bajo una perspectiva histórica, arquitectónica y patrimonial, el investigador presentó un análisis del desarrollo del santuario entre 1853 y 1953, destacando cómo la arquitectura, el arte, la liturgia y la participación de los fieles contribuyeron a fortalecer una devoción que llegaría a convertirse en parte esencial de la identidad religiosa puertorriqueña. Durante su exposición, explicó que la historia de esta advocación mariana no puede comprenderse únicamente desde su reconocimiento como patrona, sino también desde los espacios sagrados, las imágenes y las prácticas religiosas que permitieron transmitir su significado de generación en generación. La reconstrucción de la Catedral y el origen del Santuario El Dr. Balvanera situó los orígenes del santuario en el proceso de reconstrucción de la Catedral de San Juan Bautista durante el siglo XIX, particularmente bajo el impulso del obispo Gil Esteve y Tomás, quien llegó a Puerto Rico en 1849. La Catedral, cuya construcción y transformación se extendieron durante varios siglos, había experimentado daños y modificaciones como consecuencia de fenómenos naturales y dificultades económicas. El proyecto de restauración permitió reorganizar y embellecer el templo, integrando elementos arquitectónicos y artísticos que reforzaron su importancia como sede episcopal. Según explicó, la reapertura solemne de la Catedral en 1852 fue interpretada por sus contemporáneos como una manifestación de la providencia divina. En ese contexto surgió la iniciativa de establecer un espacio dedicado a Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, como expresión de gratitud por la culminación de las obras. El investigador destacó que la creación del santuario no fue una iniciativa aislada, sino parte de un mismo proyecto que buscaba restaurar tanto la estructura material de la Catedral como fortalecer la vida espiritual de la Iglesia en Puerto Rico. Un espacio donde el arte y la liturgia se encuentran Uno de los aspectos más destacados de la conferencia fue el análisis arquitectónico de la capilla dedicada a la Virgen, establecida en un espacio anteriormente vinculado a la advocación de Nuestra Señora de los Dolores. Balvanera explicó que su ubicación dentro de la Catedral responde a una organización que establece una relación entre los espacios dedicados a la Eucaristía y a la devoción mariana. Esta disposición permitió integrar el santuario al conjunto arquitectónico sin restar centralidad a las celebraciones litúrgicas. Asimismo, destacó el valor del programa iconográfico de la capilla, cuyas representaciones relacionan acontecimientos y personajes del Antiguo y Nuevo Testamento con la figura de María y su participación en la historia de la salvación. El investigador también abordó la evolución de las imágenes veneradas en el santuario, comenzando con el conjunto escultórico de la Virgen y el Niño encargado en Barcelona en 1853. Con el paso de los años, el espacio experimentó transformaciones y enriquecimientos artísticos, entre ellos la construcción del camarín en 1881 y la incorporación de elementos decorativos que resaltaron la dignidad de la imagen mariana. Una devoción construida por el pueblo Más allá de los elementos arquitectónicos, el Dr. Balvanera destacó el papel fundamental de los fieles en el desarrollo y sostenimiento del santuario. Desde sus comienzos, la comunidad participó en la adquisición de imágenes, el financiamiento de obras y la organización de celebraciones religiosas. Las novenas, las misas cantadas y otras prácticas de piedad contribuyeron a establecer una tradición devocional que trascendió generaciones. En este sentido, explicó que el reconocimiento de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia como Patrona de Puerto Rico no puede entenderse únicamente como resultado de una disposición eclesiástica, sino como la culminación de un proceso espiritual y cultural desarrollado durante décadas. La permanencia de las celebraciones y el compromiso de sacerdotes, benefactores y comunidades permitieron conservar esta tradición incluso durante los períodos de transformación del santuario. La coronación de 1953 y la identidad puertorriqueña La última parte de la ponencia estuvo dedicada a las intervenciones realizadas entre 1951 y 1953, relacionadas con la coronación de la imagen de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia. El investigador explicó que estos trabajos incluyeron la restauración de elementos del santuario y de la imagen, así como la incorporación de símbolos que reafirmaron el vínculo entre la advocación mariana y el pueblo puertorriqueño. Entre ellos destacó la colocación del escudo de Puerto Rico y una inscripción conmemorativa que identificaba a la Virgen como protectora del país. Para Balvanera, la coronación de 1953 representó el reconocimiento solemne de una realidad espiritual construida durante un siglo mediante la participación de generaciones de fieles. También llamó la atención sobre la presencia de la cripta episcopal bajo el santuario, un elemento que permite relacionar la historia de la devoción mariana con la sucesión de los pastores que han acompañado a la Iglesia en Puerto Rico. Patrimonio, memoria y fe Al concluir su intervención, el Dr. Balvanera subrayó que los patronazgos religiosos requieren mucho más que reconocimientos oficiales: necesitan lugares, imágenes y prácticas capaces de conservar y transmitir la memoria espiritual de una comunidad. Desde esta perspectiva, el Santuario de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia constituye un testimonio vivo de la relación entre la fe católica y la identidad puertorriqueña. Su historia demuestra cómo la arquitectura, el arte y la liturgia pueden convertirse en expresiones concretas de la experiencia religiosa de un pueblo. La ponencia ofreció así una mirada al patrimonio mariano de Puerto Rico, invitando a reconocer en el santuario catedralicio no solamente un espacio de veneración, sino también un lugar donde convergen la historia, la memoria colectiva y la fe de generaciones de puertorriqueños.

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