Del 19 al 22 de enero cientos de miles de puertorriqueños asistirán a las Fiestas de la Calle San Sebastián. Más allá de la algarabía, las fiestas tienen una esencia de fe y cultura desde un principio, motivo que hoy se persigue afianzar y resaltar. Historia, restauraciones, personalidades, iglesias, gentío, artesanía, cabezudos al son de plena y el testimonio del mártir se funden en un solo lugar: la Calle San Sebastián.

 

‘Levantaremos su devoción’

Padre Benjamín Cruz, Rector de la Catedral San Juan Bautista en el Viejo San Juan y párroco de Nuestra Señora de los Remedios, explicó a El Visitante que están luchando para aumentar la devoción al santo, elemento que se ha diezmado y que es esencial. Relató que en el 2014 el comité de las fiestas le propuso hablar de la parte religiosa. “En el 2015 iniciamos un triduo en honor a San Sebastián. Se llevó a cabo al medio día. La asistencia fue muy buena para ser la primera vez. El cuarto día se celebró la Misa con la gran procesión”, indicó.

El último día, durante la procesión, cientos de personas abarrotaron el frente de la Catedral y acompañaron la procesión en un acto impresionante. Asimismo, aseguró que aún no hay una devoción auténtica al santo porque “la mayoría de los que acuden no conocen la vida de él”. Lo que actualmente intentan es levantar su devoción, orientar sobre su vida y crear una cofradía para dar a conocer al mártir.

Este año el triduo se celebrará los días de las fiestas, del 19 al 22 de enero, al medio día. El día del Santo es el 20, pero la procesión por las calles aledañas con la imagen, los pleneros y el pueblo es el domingo 22. Durante el triduo se predica sobre San Sebastián como hombre de fe, esperanza y caridad. Padre Benjamín invitó a todos a celebrar en la Misa primero.

 

Despliegue cultural masivo

Para Charles González, actual presidente del Comité de las Fiestas de la Calle San Sebastián, lo primordial son las festividades religiosas del Santo y culturales, norte de las fiestas desde sus inicios. “Aseguran que las fiestas en la Calle comenzaron en el siglo 19, pero no hay datos sobre el particular. En 1954 es la primera información que tenemos”, indicó. En ese entonces se vivía una situación económica difícil y P. Juan Manuel Madrazo, párroco entonces de San José, quiso restaurar la iglesia y dar un auge a la calle en notable deterioro, donde se encuentran monumentos del corte de la Casa Blanca y la Escuela Lincoln.

“En septiembre de 1969 se dio una reunión entre don Ricardo Alegría y doña Rafaela Balladares de Brito. Vieron que era importante restaurar la calle y mejorar el medio ambiente del Viejo San Juan. Hicieron un festival para levantar fondos”, recordó Charles, quien fue vecino de Rafaela. En esa época a Charles se le asignó la restauración del edificio que fue Convento de los Dominicos, que estaba en mal estado luego que el ejército de los Estados Unidos lo entregara.

Ese primer festival celebrado fue limitado, en la Plaza San José (justo al lado de la iglesia San José), con solo 10 quioscos, duró dos semanas y todo fue “bien pequeño”. El éxito fue tal que se convirtió en algo emblemático para culminar los tradicionales festejos culturales navideños, no solo en Borinquen sino en la diáspora, en Chicago, Nueva York y Florida. “Las fiestas de la calle es una fiesta emblemática de Puerto Rico que la gente la espera para culminar las festividades navideñas luego de las octavitas y el octavón”, sostuvo Charles.

Las fiestas darán inicio con la ceremonia de apertura en la Calle San Sebastián seguida de la presentación del cartel en la Catedral. Al son de plena estarán los tradicionales cabezudos: el General, la Jíbara, el Coquí; Diplo; Turibio, el Rey del güiro; Juan Bobo y la Puerca; Don Cholito, Alfonsa Villa Monte Vera; Maso Rivera; y Doña Fela.

La organización del evento conlleva todo un año de planificaciones. Este año se le dedicarán a Luisito Vigoreaux, por su gesta en favor de la música campesina. No hay datos exactos, pero con seguridad indicó que el año pasado sobrepasaron las 800 mil personas en 4 días. Con 230 artesanos solamente dentro del Cuartel Ballajá y sumado a decenas de artesanos en calles aledañas, el despliegue de artesanía es monumental.

 

San Sebastián y San José

Por su parte, Padre Rafael “Felo” Méndez, destacó que la iglesia San José y la Calle San Sebastián tienen una historia estrechamente unida. San José, antes llamada iglesia Santo Tomás de Aquino estuvo a cargo primero de los dominicos, luego pasó a los jesuitas y posteriormente a los paúles. P. Juan Manuel Madrazo, sacerdote español y hermano paúl, con la motivación de restaurar el icónico templo y diversas causas sociales de la época habría iniciado esta festividad, que luego doña Rafaela Balladares se encargaría de dar continuidad. “A medida que pasaba el tiempo fueron recreciendo las fiestas, pero lamentablemente las fiestas terminaron tergiversándose, perdiendo su identidad religiosa”, expresó.

Sobre las reparaciones al templo comentó: “San José ha tenido muchas restauraciones en el siglo 19 y principios del 20, bien intencionadas, pero al final desafortunadas. Fueron remiendos con materiales equivocados. En la reconstrucción más abarcadora y profunda que se realiza actualmente se ha removido cemento con pedazos de piedra en áreas originalmente de barro, dos materiales que no se mezclan”, sostuvo el historiador.

Además, es importante destacar que dentro de las festividades el Arzobispo Metropolitano celebra una Misa en honor al Santo. Comentó que no siempre fue así. En la época de los Obispos norteamericanos “no estaban muy interesados en la preservación de la cuestión religioso-cultural de nuestro país, desapareció mucha historia”. Por otro lado, Padre Rafael dejó claro que abreviar a “Sanse” es una afrenta al mártir y minimizar la fe, por quien se nombró la calle y a quién se le dedicaron las festividades por años.

 

¿Quién fue San Sebastián?

Sebastián fue un militar en el tiempo de Roma, durante el siglo III. Llegó al rango de capitán y era cristiano, dato mal visto en ese entonces por las autoridades. Por esa condición fue denunciado al emperador Maximino que le ordenó renunciar a su fe o morir asaeteado. Se negó terminantemente a abandonar su fe lo que encolerizó al emperador.

Fue asaeteado amarrado en un madero, pensaron que le habían dado muerte, pero estaba moribundo. Recuperado, no quiso vivir en el anonimato y decidió anunciar a Cristo por todas partes y presentarse ante el emperador, quien mandó a azotarlo hasta morir sin errores y lanzar su cuerpo sin vida a un lodazal.

Los cristianos recogieron su cuerpo sin vida y le dieron sepultura en las famosas catacumbas que hoy llevan su nombre. La devoción al santo es una de las más antiguas y una historia que ha cautivado e inspirado el cristianismo desde los primeros siglos.

 

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