Antes de contestar la pregunta, observemos esto. Hay una actitud farisaica que choca violentamente con el modo de ser y actuar de Jesús; a los que estamos llamados a emular con nuestro corazón, mente, fuerzas y alma. También es una actitud que se repite en nuestro tiempo por ser muy humana y fácil. Se trata de definir a las personas por sus errores, por un solo error o incluso a uno mismo por el fallo cometido.
Hay infinidad de frases hirientes en mayor o menor grado y esta actitud divisoria asecha a todo cristiano: “Sí, tu compay, el borracho”, “Llámate a don Colo, el mujeriego”, “La vecina tuya, la que baila en un tubo”, “Papo no, porque fue preso y tecato”, “Te vi con Yayo, cuidado que seas como él, un pillo” y por ahí pa’ abajo. Sí, el chisme es otro mal porque es la consecuencia. Pero, fijémonos en el origen. Luego de la conversión de aquellos que caminaban, escuchaban y comían con Jesús, ¿seguían siendo pecadores empedernidos? Para los fariseos, en definitiva seguían siendo ladrones, prostitutas y personas de mala muerte porque así se referían a ellos. Pero, ¿para ti y para mí aquella conversión frente a Jesús cambió sus vidas? ¡Claro!
Puede que el compay, Colo, la vecina, Papo y Yayo sean personas de fe, esperanza y caridad que pasaron por momentos muy duros en sus vidas y no merezcan un juicio tan fugaz que mata su nombre y los tacha de que ellos no son. Tal vez pagaron sus errores y deudas con Dios, con sus cercanos, con el Estado o con quien sea. ¿Y qué sucede con los que se confiesan y luchan por la santidad en nuestra parroquia? ¿Acaso ellos no merecen un trato con dignidad con nuestros pensamientos, palabras y obras, si la gracia de Jesucristo los rescató y buscan trascender?
Creo que es lógico que antes de levantar el dedo farisaico hay que recordar aquel ¿quién soy yo?, más que un pecador perdonado que pudo y puede volver a caer. La prioridad señala a la santificación propia y la de mi entorno. Al final, no se edifican tesoros en el cielo recordando los pecados de mi próximo. Pero como es usual de estos tiempos, se atina en lo muy desarrollado y se falla en lo muy esencial.
Por eso preguntémonos con calma si caemos en esta mala actitud de definir al hermano por su error. Si es así, buscar la fuente del modo de ser (caritativo) y actuar (misericordioso) de Jesucristo para empezar una vez más con la vida sacramental, las Sagradas Escrituras, la oración, las 14 obras de misericordia…
Enrique I. López López
X: @Enrique_LopezEV



