El plan de Dios es perfecto, contra viento y marea

(Profesión de votos solemnes de Sor Dolores, OSC )

No importa si un huracán se interpone, la llamada de Dios permanece. Este es el testimonio de Sor Dolores, OSC, quien celebró su profesión solemne a las Hermanas Clarisas en el Monasterio Santa Clara de Ponce a pesar de las difíciles circunstancias posteriores al paso del huracán María por Puerto Rico.

Su nombre es Paloma Inés Colón Pérez. Nació el 24 de mayo de 1991. Desde muy pequeñita admiraba a las monjitas y religiosas que veía en la Iglesia, y pensaba que cuando fuera grande quería ser como ellas. Comenzó sus estudios elementales en la escuela católica Santa Rosa de Lima de su pueblo natal Rincón y continuó en el Colegio San Benito de Mayagüez. Allí fue integrante del equipo de baloncesto femenino y vicepresidenta del Consejo Estudiantil. También, formó parte del coro de la Catedral Nuestra Señora de La Candelaria de Mayagüez, bajo la dirección del Lcdo. José Frontera.

Durante su adolescencia y años universitarios fue líder del Movimiento de la Juventud Femenina de Schoenstatt de Cabo Rojo. Y miembro activo de la propagación de la Campaña de la Mater Peregrina de Schoenstatt, imagen que acompañó a todos los lugares que visitaba. Realizó varios viajes familiares y misioneros. Recuerda con mucha alegría su viaje a República Dominicana donde compartió su fe evangelizadora en sectores muy pobres y necesitados. La distinguió su amor por la humanidad, la valentía y deseos de educarse para ayudar a los más necesitados. A sus 18 años viajó al Santuario de Schoenstatt en Alemania donde tuvo la bendición de profundizar más en su fe y discernir el camino que el Padre Dios tenía para ella.

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Comenzó sus estudios universitarios en el Colegio de Mayagüez, posteriormente se trasladó a la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, Recinto de Ponce para continuar su grado universitario en filosofía. Fue en la misa diaria del Monasterio Santa Clara, a la que regularmente asistía, que recibió la tan esperada llamada de Dios que le indicó el lugar donde comenzaría. Su nueva etapa era ser aspirante a monja clarisa. Con alegría fue acogida por la comunidad de hermanas e ingresó al aspirantado el 7 de diciembre de 2010, víspera de la solemnidad de la Inmaculada Concepción que es patrona de la Orden Franciscana.

Sor Dolores con apenas 19 años estaba convencida del deseo de Dios para ella. Jamás titubeó ante la llamada del Padre y humildemente y con valentía aceptó. Su profesión solemne planificada para el 7 de octubre de este año, se celebró en la fecha pautada, a días del desastroso paso del huracán. No se contaba con los servicios básicos de agua, energía eléctrica, tampoco telecomunicaciones para avisar de algún cambio de último minuto… Los esfuerzos por conseguir flores frescas fueron infructuosos. A pesar de todo lo que aconteció, Sor Dolores y sus hermanas tenían claro que el plan de Dios, mucho más hermoso, era uno que no cambia a través del tiempo. Dios es fiel a su Palabra y en medio de la tormenta su voluntad prevaleció. Es el Fiat de Sor Dolores, un dulce aliento en medio de toda la devastación que el País ha confrontado a raíz del azote natural del huracán María a la amada Isla del Encanto. Es ella, por la gracia de Dios, un testimonio de que no importa las circunstancias el plan de Dios es siempre perfecto.

Con alegría compartimos un testimonio vivo de lo que el Dios Padre puede obrar en cada una de nuestras vidas e invitamos a que se acerquen al Monasterio Santa Clara de Ponce y conozcan las Hermanas Clarisas, siempre alegres y llenas del amor de Jesús. Ellas les recibirán y abrirán las puertas de la Capilla para que puedan adorar y alabar a Dios por su inmensa bondad y misericordia.

Actualmente las hermanas trabajan arduamente para reparar los daños físicos del Monasterio y de la Capilla. Como Santa Clara, ellas viven día a día de la caridad y la providencia de Dios. Cualquier ayuda será una bendición para la comunidad.

Iris Pérez Caro 

(Nota: la autora es la madre de Sor Dolores)

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Dr. Héctor Balvanera destaca el valor histórico y espiritual del Santuario de la Madre de la Divina Providencia

Durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, el investigador presentó un recorrido por cien años de historia, arquitectura y expresiones de fe que contribuyeron a consolidar la devoción a la Patrona de Puerto Rico. La historia del Santuario de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, ubicado en la Catedral de San Juan Bautista, fue el tema central de la ponencia ofrecida por el Dr. Héctor Balvanera durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, celebrado este martes, 13 de octubre. Bajo una perspectiva histórica, arquitectónica y patrimonial, el investigador presentó un análisis del desarrollo del santuario entre 1853 y 1953, destacando cómo la arquitectura, el arte, la liturgia y la participación de los fieles contribuyeron a fortalecer una devoción que llegaría a convertirse en parte esencial de la identidad religiosa puertorriqueña. Durante su exposición, explicó que la historia de esta advocación mariana no puede comprenderse únicamente desde su reconocimiento como patrona, sino también desde los espacios sagrados, las imágenes y las prácticas religiosas que permitieron transmitir su significado de generación en generación. La reconstrucción de la Catedral y el origen del Santuario El Dr. Balvanera situó los orígenes del santuario en el proceso de reconstrucción de la Catedral de San Juan Bautista durante el siglo XIX, particularmente bajo el impulso del obispo Gil Esteve y Tomás, quien llegó a Puerto Rico en 1849. La Catedral, cuya construcción y transformación se extendieron durante varios siglos, había experimentado daños y modificaciones como consecuencia de fenómenos naturales y dificultades económicas. El proyecto de restauración permitió reorganizar y embellecer el templo, integrando elementos arquitectónicos y artísticos que reforzaron su importancia como sede episcopal. Según explicó, la reapertura solemne de la Catedral en 1852 fue interpretada por sus contemporáneos como una manifestación de la providencia divina. En ese contexto surgió la iniciativa de establecer un espacio dedicado a Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, como expresión de gratitud por la culminación de las obras. El investigador destacó que la creación del santuario no fue una iniciativa aislada, sino parte de un mismo proyecto que buscaba restaurar tanto la estructura material de la Catedral como fortalecer la vida espiritual de la Iglesia en Puerto Rico. Un espacio donde el arte y la liturgia se encuentran Uno de los aspectos más destacados de la conferencia fue el análisis arquitectónico de la capilla dedicada a la Virgen, establecida en un espacio anteriormente vinculado a la advocación de Nuestra Señora de los Dolores. Balvanera explicó que su ubicación dentro de la Catedral responde a una organización que establece una relación entre los espacios dedicados a la Eucaristía y a la devoción mariana. Esta disposición permitió integrar el santuario al conjunto arquitectónico sin restar centralidad a las celebraciones litúrgicas. Asimismo, destacó el valor del programa iconográfico de la capilla, cuyas representaciones relacionan acontecimientos y personajes del Antiguo y Nuevo Testamento con la figura de María y su participación en la historia de la salvación. El investigador también abordó la evolución de las imágenes veneradas en el santuario, comenzando con el conjunto escultórico de la Virgen y el Niño encargado en Barcelona en 1853. Con el paso de los años, el espacio experimentó transformaciones y enriquecimientos artísticos, entre ellos la construcción del camarín en 1881 y la incorporación de elementos decorativos que resaltaron la dignidad de la imagen mariana. 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La coronación de 1953 y la identidad puertorriqueña La última parte de la ponencia estuvo dedicada a las intervenciones realizadas entre 1951 y 1953, relacionadas con la coronación de la imagen de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia. El investigador explicó que estos trabajos incluyeron la restauración de elementos del santuario y de la imagen, así como la incorporación de símbolos que reafirmaron el vínculo entre la advocación mariana y el pueblo puertorriqueño. Entre ellos destacó la colocación del escudo de Puerto Rico y una inscripción conmemorativa que identificaba a la Virgen como protectora del país. Para Balvanera, la coronación de 1953 representó el reconocimiento solemne de una realidad espiritual construida durante un siglo mediante la participación de generaciones de fieles. También llamó la atención sobre la presencia de la cripta episcopal bajo el santuario, un elemento que permite relacionar la historia de la devoción mariana con la sucesión de los pastores que han acompañado a la Iglesia en Puerto Rico. Patrimonio, memoria y fe Al concluir su intervención, el Dr. Balvanera subrayó que los patronazgos religiosos requieren mucho más que reconocimientos oficiales: necesitan lugares, imágenes y prácticas capaces de conservar y transmitir la memoria espiritual de una comunidad. Desde esta perspectiva, el Santuario de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia constituye un testimonio vivo de la relación entre la fe católica y la identidad puertorriqueña. Su historia demuestra cómo la arquitectura, el arte y la liturgia pueden convertirse en expresiones concretas de la experiencia religiosa de un pueblo. La ponencia ofreció así una mirada al patrimonio mariano de Puerto Rico, invitando a reconocer en el santuario catedralicio no solamente un espacio de veneración, sino también un lugar donde convergen la historia, la memoria colectiva y la fe de generaciones de puertorriqueños.

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