La Conferencia de Religiosos de Puerto Rico con motivo de la celebración del Año de Vida Consagrada, convocado por el Papa Francisco, programamos una serie de actividades con las que buscábamos motivar, enriquecer y renovar nuestra Vida Religiosa en el país.

Nos interesaba acercarnos a las áreas que dieran mayor enriquecimiento a nuestra vida espiritual. Y así acordamos ir reflexionando diversos temas durante todo el año: Hermanos Religiosos, Vírgenes Consagradas, Laicado y Carisma, Encuentros de Betania, Re estructuración y animación de nuestra vida religiosa, Formación en la Vida Religiosa, Oración y Espiritualidad. Vivimos esta experiencia en una diversidad de lugares donde nos reunirnos, lo mismo que la riqueza del conocimiento que compartieron con nosotros, los Hermanos y Hermanas. Estamos muy contentos y agradecemos al Señor porque hasta el momento la respuesta de las distintas comunidades religiosas ha sido muy positiva. Por ejemplo, a este taller asistieron miembros de 19 congregaciones distintas.

El sábado, 17 de octubre en CEDOC, en Bayamón, nos reunimos para participar de un taller sobre la Re estructuración y Reconfiguración de las comunidades. Para ofrecer este taller se habían preparado tres sacerdotes, asistiendo a talleres en Chile y Argentina, comprometidos con transmitir en Puerto Rico lo aprendido, a así lo hicieron: Fray Oscar Morales,op; fray RafaelGonzález, op y el Padre Manuel Rodríguez. cssr. Además seleccionamos algunos religiosos con experiencia en áreas importantes de la Vida Consagrada, como son en formación, la Hna. Miriam de Jesús, mssc y en espiritualidad David Kiblinger, jesuita. El taller se ofreció a base de ponencias, reflexiones guiadas y plenarias. A continuación un resumen de algunas de las aportaciones ofrecidas durante el taller.

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Taller Re estructuración y Reconfiguración de nuestra vida religiosa

Lo que motiva la re estructuración y animación de nuestra vida Consagrada es la persona de Jesús, la invitación que nos ha hecho. Somos sus discípulos y misioneros y lo hacemos realidad siguiendo los dos amores del mismoJesús: su Padre y su Misión (el Reino). ¿Cómo “escuchar a Dios donde la vida clama”?.¿Cómo responder como discípulos/misioneros de Jesús, como Vida Consagrada, a los retos de los nuevos escenarios y los sujetos emergentes, o sea los pobres, abandonados, excluidos?

Nos motiva también nuestro Papa Francisco cuando visita el Congreso de Estados Unidos y a los delegados de las Naciones Unidas. Cuando presenta las estadísticas de la Iglesia católica, que está en minoría con un 17.5% de la población mundial. Siendo reducido el compromiso del pueblo católicoen un 8.39%. Aunque se va dando un aumento del catolicismo en África 4.3%, frente al 2.3% del aumento de su población, en Asia 2.0%, frente al 1.2% del aumento de su población y en    América y Europa 0.3%, igual al aumento de su población.

Frente a la tendencia de crecimiento del clero desde el año 2000, la vida religiosa han disminuido en un 29%, los religiosos hermanos han disminuido en un 30% y los sacerdotes religiosos han disminuido en un 9.3%. Estos tres grupos han aumentado en África y Asia, pero han disminuido en América, Oceanía y Europa.

Cuando reflexionamos sobre las actitudes positivas y negativas, relacionadas con la Misión de la Vida Consagrada en Puerto Rico, encontramos que se escuchan expresiones como es: la disminución, crisis, envejecimiento “estar muy ocupados”, ser muy viejos. Estosuena como un grito de rendimiento más que como un compromiso con la visión y carisma de la vida Consagrada. Debemos estar conscientes de que las estructuras que crearon una situación negativa no son las que cambiarán la realidad¿Que tiene que decir y testimoniar el carisma de la Vida Consagrada frente a los cambios de hoy? ¿Qué Cristo reflejamos nosotros?

Teniendo en cuenta el estilo de los jesuitas, ahora hecho popular por el Papa Francisco, se presentan tres cualidades que son imprescindibles para una Reconfiguración exitosa de nuestras comunidades. Son cualidades familiares, pero vale la pena recordarlas a menudo.

La primera cualidad es la indiferencia. Esta cualidad aparece al principio de los Ejercicios Espirituales, donde San Ignacio escribe que “es menester hacernos indiferentes a todas las cosas creadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío y no le está prohibido; en tal manera que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos creados.” Hoy en día, podemos añadir a esta lista, “vivir en estructuras de vida consagrada viejas o nuevas.” Enfrentado con cambios grandes en nuestras comunidades, tenemos que cultivar este espíritu de indiferencia. Un espíritu de indiferencia nos va a ayudar a soltar las estructuras bajo las cuales hemos vivido durante muchos años, pero que ahora no nos sirven.

La segunda cualidad es el magis, una palabra usada frecuentemente en los círculos de los jesuitas, pero a la vez una palabra frecuentemente mal entendida. Esta palabra no apareció en ningún escrito de San Ignacio. Sin embargo, esta idea del magis impregna todas sus obras. Gracias a un artículo reciente de un miembro de mi provincia, un experto en la espiritualidad ignaciana, Bart Geger, podemos identificar una definición del magis que está de acuerdo con las ideas de San Ignacio. Muchas veces en las Constituciones de la Compañía de Jesús y en sus cartas, San Ignacio habla del mayor servicio de Dios y el bien más universal. Quiero explicar en qué esto consiste y en qué no consiste. El magis no es hacer más cosas de las que ya estás haciendo ahora. Tampoco es desempeñar tus actividades con mejor calidad. No es escoger la opción que presenta un riesgo mayor.

En cambio, el magis refiere a algo más impersonal y más estructural. Refiere a los tiempos críticos en que tenemos que decidir entre opciones de apostolados u organización de nuestras comunidades. El sentido del mayor servicio de Dios y el bien más universal debe guiarnos a analizar constantemente nuestrascongregaciones. Mientras nuestros contextoscambian, surgen oportunidades para mayor servicio de Dios. Tenemos que estar atentos para reconocer estas oportunidades y llamadas a algo diferente.Entonces, el magis trabaja mano a mano con la indiferencia. La indiferencia hacia nuestro estado hoy nos hace disponibles para acoger nuevas oportunidades de realizar el magis en nuestro servicio. Y al otro lado, cuando reconocemos que la reorganización a la cual somos llamados es muchas veces una invitación al magis, eso también nos hace más indiferentes. Si verdaderamente queremos que nuestro servicio sea lo mejor posible, podemos ser consolados en momentos de grandes cambios en nuestros institutos, porque tenemos en nuestra vista el magis.

La última cualidad que quiero mencionar es la cualidad de consolación. Esta palabra obviamente es muy importante para San Ignacio. Voy a empezar este tercer punto recordando un artículo escrito por un jesuita famoso antes que fuera famoso, un Padre Jorge Bergoglio. Leí este artículo recientemente, y me afectó profundamente. El artículo, de 1982, se llama “Sobre la incertidumbre y la tibieza.” En este artículo, Bergoglio intentó diagnosticar una enfermedad que aflige muchos religiosos y religiosas después de años en la vida consagrada, una enfermedad en la cual una incertidumbre extingue el fuego que había animado a estas personas. Hay muchos síntomas de esta enfermedad, pero él dice que “probablemente, el signo mejor de este estado sea un cierto espíritu quejumbroso.” Estoy seguro que ustedes reconocen este espíritu quejumbroso o en sí mismos o en los otros miembros de sus comunidades. En mi poca experiencia, el espíritu quejumbroso se manifiesta sobre todo cuando hay cambios grandes o pequeños queafectan nuestras comunidades. Estamos tan cómodos con cómo las cosas siempre han sido, y nos cuesta someternos al proceso de reorganización.

Pero, Bergoglio ofrece esta perla de sabiduría: “El estado habitual de un religioso no ha de ser ni ‘la desolación’ ni ‘la consolación sin causa’, sino ‘la consolacíon’, y ésta hay que buscarla.” Hay que buscarla. Esta frase me sorprendió cuando la leí. Suelo pensar que la consolación es un don de Dios que no puedo conseguir por mi propio esfuerzo. Pero, Bergoglio me ayudó cuando dijo que el espíritu quejumbroso viene de “no gozar totalmente de las gracias recibidas.” La suposición es que estamos recibiendo gracias, grandes y pequeñas, continuamente, pero no las saboreamos. Esta palabra, saborear,es bien ignaciana. Uno de los propósitos del examen de San Ignacio es saborear los momentos de gracia diarios en nuestras vidas. En la reestructuración de la vida religiosa, la tentación es seguir este espíritu quejumbroso. Pero el antídoto es buscar la consolación.Entonces, estas tres cualidades, la indiferencia, el magis, y la consolación, proveen un resumen de una espiritualidad que nos puede ayudar en estos tiempos de Reorganización.

(Conferencia de Religiosos y Religiosas de Puerto Ric0)

 

 

 

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