Exhorta Isaías en la primera lectura, que el pueblo no se quede mirando hacia atrás, en lo que Dios ya había hecho por el pueblo de Israel, sino que mire hacia el frente, en lo que está por hacer.

En la Carta a los Filipenses, San Pablo reconoce que aunque ya se ha convertido todavía no está salvo, sino que tiene que continuar en su peregrinación hacia el encuentro con Jesús. Lo mismo vale para nosotros.

El episodio de la Adúltera en el Evangelio de San Juan, es referido a veces como la inserción del Evangelio de Lucas en el Evangelio de Juan. Veámoslo en el contexto de esta Cuaresma, que está en su etapa final.

¿Qué habrá escrito Jesucristo en la arena? Algunos piensan que eran los pecados de los que querían apedrear a la adúltera. Es por eso que se incorpora y espeta la famosa sentencia: El que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra. En un Evangelio que está más interesado en los aspectos teológicos de la divinidad y la gloria de Jesucristo seguido por un discurso teológicos, este pasaje parece una cuña del Evangelio de San Lucas, el Evangelio de la misericordia.

Ya estamos al final de la Cuaresma y Dios nos invita a no mirar atrás, a lo que ya había hecho y hemos visto en las pasadas primeras lecturas cuaresmales, sino que miremos a la gran salvación que nos traerá por medio de Jesucristo. En esta dinámica Isaías nos invita a no mirar al Éxodo, sino en la salvación que está por venir. Es por tanto esta primera lectura, una profecía del Mesías que nos viene a salvar.

Una postura teológica y que se está infiltrando en nuestra Iglesia, es la falacia de que, una vez convertidos, ya estamos salvados. San Pablo tira esta tesis por el suelo en la segunda lectura de hoy al afirmar que, aunque conoció a Jesucristo camino a Damasco, continúa la carrera, esforzándose como puede para poder llegar a la Salvación.

Jesucristo se encuentra rodeado de enemigos que lo quieren condenar. Él sabe que la pobre mujer adúltera era una trampa para hacerlo tropezar. Pero no se achanta, hace frente a la situación con la gran sentencia que ya es parte de nuestra mentalidad cristiana. Obviamente una primera interpretación es la de “no juzgar para no ser juzgado”, pero hay dos vertientes adicionales. La primera en la Parábola del fariseo y el publicano (ver Lc 18, 9-14): Cristo viene a salvar a los pecadores -ojo con los que se creen que están salvados-. La otra vertiente es que ya se acerca la Pasión y ya se están alineando los elementos que buscan condenar y crucificar a Jesús. Pero el mensaje de todas las lecturas es claro: no nos creamos que, porque vamos a la Iglesia estamos salvados. Necesitamos para salvarnos: continuar nuestro proceso de conversión y seguimiento de Jesucristo y su misericordia.

P. Rafael Méndez Hernández, Ph.D.

Para El Visitante

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