Se disuelve la esperanza en la agonía de la justicia que no da a cada uno lo suyo. Los conflictos diarios y los extraordinarios no encuentran el cauce expedito para establecer con todas las de la ley la vinculación con lo recto y lo justo. Es fácil salirse con la suya, argumentar desde el poderío y el padrinazgo y salir por la puerta ancha entonando el himno de los vencedores a todas horas.

     El pueblo, arrinconado entre dos facciones que mandan e imperan, resiente la bofetada, que tarde o temprano, gana y derriba el entusiasmo democrático. Se pretende gobernar desde las sutilizas partidistas haciendo añicos la verdad y la justicia. Mientras se conceda toda clase de privilegios a un pequeño grupo, se atornilla contra la pared a aquellos que carecen de poderío o viven al borde de la orfandad económica que no les permite la entrada a las fuentes de poder. 

     No hay paz, ni alegría del corazón, cuando el pueblo observa el grupo privilegiado que siempre da un jonrón con las bases llenas. Ese desfile de los mismos repercute en el no al voto que se nota el día de los comicios, achicando la voluntad de participación porque la duda y la sospecha quita el sueño, degradan la agenda electoral tan venerada por los puertorriqueños. 

     El disgusto con ir a votar está adherido al desgaste de una ética emancipadora y limpia que sea invitación de muchos quilates para acelerar la marcha hacia las urnas electorales. El voto libre, en conciencia, no puede encontrarse con los escollos de una listeria que rebosa todo proceso digno y probo. Los que padecen del delirio partidista no están aptos para servir rectamente, ni orientar adecuadamente al pueblo que sufre y padece todos los días.

     Abrir el abanico de la justicia para todos es acelerar el proceso de la convivencia, de partir el pan adecuadamente, de dar razón a quien la tiene. De nada vale el consentimiento del pueblo, si los cuartos obscuros prevalecen sobre la luz del día, si los míos están marcados con razón y sin ella, con la garantía de ser amigos del alma.

     Es indispensable que la justicia no deje rastros de preferencias y miradas condescendientes que sean pasaporte para pasar por las aduanas de todos los delitos y así mantener una puerta abierta para los que gozan de cabal salud y siempre son inocentes, vacunados contra cualquier virus, exaltados al hall de la fama por amigos y seguidores. 

     Si vuestra justicia no es mejor, la decadencia social y espiritual será una afirmación del desgaste ético y moral. Seremos víctimas de un deterioro social que empaña la vida toda. Es tiempo de establecer los equilibrios humanos y la alegría de hacer un Puerto Rico mejor. Para luego es tarde…

Padre Efraín Zabala

Para El Visitante

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here