Levantar las manos y el corazón orante es preámbulo a la tarea diaria de dominar la tierra. El trabajo honesto deshace el acecho del ocio convertido en pasividad enfermiza, en aislamiento. La actitud ante la vida que rebaja todo a cansancio deteriora, por ser parte de un no que desborda en cosa de poca monta, en pobreza de alma y cuerpo.

Se ha instituido la costumbre de navegar en un mar de grandes bonificaciones, de entregar casa por casa, de largas filas. La abundancia se multiplica, el yo tengo domina el escenario. Es tanto el tema que la dádiva se ha convertido en deleite, en pródiga. Compartir se hace gesto familiar, un desagravio a la ofensa contra los más pobres…

Se olvida repetir que esa bonanza económica y de bienes tiene límites, que es por un tiempo. Esa verdad queda suspendida sobre el escenario de progreso económico, de llenura de bolsillo. En lugar de advertir, de señalar con claridad, se permite vivir del sueño festivo, de la ilusión que tarde o temprano se vacía de contenido.

En momentos de perplejidad, la orientación útil hace la diferencia y mantiene la mente en su justa perspectiva. El pueblo puertorriqueño no puede vivir del ojalá y llueva dinero, eslogan de estos días jamaqueados por una pandemia que todo lo limita. Más que el dinero, es la salud que convierte todo en oro, que pone luz en la obscuridad agobiante.

Una dosis de trabajo es el antídoto que mejora esa debilidad endémica de posponer labores hasta el año que viene. Erradicar esa actitud del menor esfuerzo es perentorio para no hacer fila junto a los que no quieren recoger tomates en Guánica. Dejar que las cosechas se pierdan es parte del fracaso de todos; una calamidad.

El gobierno está llamado a establecer las pautas para que los ciudadanos propicien un tiempo de verdadera cosecha de valores y actitudes en gran sentido humano. Desviar la atención hacia lo fácil y regalado sólo ayuda a dormirse en las pajas, a permitir que el ocio adquiera dimensiones insospechadas.

Todo el progreso logrado tiene sus raíces en el trabajo liberador. Las vacaciones, el descanso, son oxígeno para seguir adelante para no decaer. Además, que a través del trabajo se da gloria a Dios, se ilumina el corazón de los demás. Salir a trabajar es un gesto, de gran enseñanza, una llamada para perpetuar el mandato del Altísimo.

Ora y trabaja es un lema de gran abolengo humano. La cátedra del trabajo es medicinal, una especie de trofeo divino y humano. Es el amor puesto en práctica, que vuelve nuevo todas las cosas.

P. Efraín Zabala

Editor

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