“Con el sudor de tu frente” es una invitación a dominar la tierra, a transformar la materia para acelerar el proceso de partir el pan para todos y robustecer la esperanza de un mundo en precario por la injusticia. El vasto universo clama por el surco, por la técnica, por manos laboriosas que amasen sudor, oración en flor, entusiasmo universal. Desde el principio, la contraseña del trabajo realizado, con fervor y entrega, marcó el paso del hombre y la mujer por este valle de misterio.

     El trabajo hace referencia a Dios en dádiva de sí mismo. Su jornal es el amor, que se esparce sobre terreno fértil, en corazones que aborrecen el ocio como oficio. Esa finca, misteriosa y espléndida, es panal que riega néctar en los productos, que el agradecido agricultor, cosecha en reverencia al agradecimiento. Todo lo que adquiere dimensión de abundancia define el esfuerzo diario como la obediencia del ser humano que jamás defrauda al que le dio mente y corazón para el gran convite de la vida.

     El esfuerzo diario no es un castigo, ni una oferta a un sacrificio estéril que repugne al primer intento de ofrecerlo como grano de libertad y entusiasmo. Se trabaja como auto-oblación de uno mismo, labrando el hoy y el mañana con generosidad. Ese entretejido de esfuerzo, sudor, amplitud de miras, constituye un acercamiento de mente y corazón, una ayuda mutua que converge en ganancias espirituales, en progreso económico y social.

     Se ha perdido la notita al calce de trabajarás y la dependencia económica y de toda índole hace estragos sobre el hoy y el mañana. Nadie quiere inmolarse sobre el surco, ni sobre la construcción, ni en la fábrica. Se prefieren las ayudas federales, las filas interminables, el recurso de “sentao” versus la agilidad de los sentidos que hacen ver mejor el horizonte cargado de luz.

     Decae el país si sus hijos optan por “no dar un tajo” o dejarle la encomienda a los que llegan de otras latitudes. Esa visión de vida arrastra un desamor que se origina en la indiferencia y el estilo que otros suplan, tan de moda. Mirar de lejos, o desde una hamaca, define una actitud endeble, un no casi instantáneo que subraya decaimiento y cansancio mental.

     Es hora de dar la milla extra, de no poner en duda el mandato divino, de hace referencia al Puerto Rico repleto de posibilidades. Para disfrutar al País hay que hacerlo habitable, reforzarlo en su esencial propósito. Además de playas, montes, cavernas, es necesario construir escuelas, puentes, carreteras, alegrar la tierra con el trabajo de los boricuas que es una bendición y no una afrenta.

     Trabajar es parte esencial de vivir y soñar con el idílico país tan elevado a paraíso por nuestros antecesores. Cada día tiene lo suyo y el ser humano florece al seguir una agenda de esfuerzo, dedicación y entrega. Aturde pensar que los puertorriqueños se acogen a la ley de menos esfuerzo y que otras manos den el máximo al recoger la cosecha.

     Que el Señor bendiga las manos de los que recogen los frutos y están prestos a decir el Amén agradecido.

P. Efraín Zabala

Editor

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