La edición 39 de El Visitante de Puerto Rico, correspondiente al 27 de septiembre al 3 de octubre de 2026, llega en una semana marcada por la gratitud, el cuidado y la transición pastoral. Nuestra portada dice sencillamente: “Una vida entregada al Evangelio. Gracias Mons. Roberto González Nieves”, mientras otras páginas nos acercan a quienes cuidan silenciosamente, a sacerdotes que llegan a la vejez y a la necesidad de redescubrir el servicio como expresión concreta del amor cristiano.
Después de 27 años al frente de la Arquidiócesis de San Juan, Mons. Roberto Octavio González Nieves culmina una etapa pastoral que forma parte ya de la historia reciente de la Iglesia en Puerto Rico. La semblanza que publicamos en esta edición recuerda su espiritualidad franciscana, su defensa de la dignidad humana, su acompañamiento durante momentos difíciles como el huracán María, los terremotos del sur y la pandemia, así como su insistencia en iluminar las realidades sociales desde el Evangelio.
Agradecer un ministerio no significa idealizar una trayectoria ni reducirla a una lista de logros. Es reconocer una vida entregada, una historia de servicio y las semillas que quedan para que otros continúen cultivándolas. Como expresa el artículo dedicado a su legado, Mons. Roberto deja una siembra de esperanza cuyo fruto continuará manifestándose mucho más allá del momento de su retiro.
Pero esta edición también nos obliga a mirar hacia una realidad que muchas veces pasa desapercibida: quienes cuidan también necesitan ser cuidados.
El Programa Santo Cura de Ars nace precisamente desde esa conciencia. Durante décadas, nuestros sacerdotes celebran sacramentos, visitan enfermos, acompañan familias, escuchan confesiones y sostienen comunidades enteras. Sin embargo, también envejecen, enferman y pueden experimentar limitaciones económicas, físicas o soledad. El programa busca acompañar especialmente a sacerdotes retirados o en situaciones de necesidad, recordándonos que la fraternidad cristiana adquiere forma concreta cuando sabemos visitar, escuchar y permanecer cerca.
La pregunta que plantea esta iniciativa merece permanecer en nuestra conciencia: ¿cómo acompañamos a quienes dedicaron su existencia a acompañarnos? Su respuesta no puede limitarse a estructuras institucionales. Necesita convertirse en una cultura del cuidado dentro de nuestras parroquias y comunidades.
Esa misma realidad aparece desde otra perspectiva en El Corazón del Cuidador, el manual espiritual presentado por las Siervas de María, Ministras de los Enfermos. Quien acompaña a una persona enferma, envejecida o dependiente suele reorganizar horarios, familia, trabajo y descanso alrededor de las necesidades del otro. En ese proceso puede olvidarse de sí mismo. El manual recuerda algo elemental, pero profundamente necesario: el corazón de quien cuida también necesita alimento.
Quizás aquí encontramos uno de los hilos más hermosos de esta edición. Mons. Roberto culmina una etapa después de décadas cuidando pastoralmente a una Iglesia. El Programa Santo Cura de Ars quiere cuidar a sacerdotes que entregaron sus vidas al Pueblo de Dios. Las Siervas de María buscan sostener espiritualmente a quienes cuidan diariamente de otros. En todos los casos aparece la misma lógica evangélica: el amor se hace concreto cuando alguien decide permanecer cerca.
También por eso resulta pertinente la reflexión sobre la vocación y la exposición pública. Vivimos en una cultura donde casi todo parece necesitar ser mostrado, publicado o aprobado por otros. Sin embargo, una vocación auténtica no nace para ser vista, sino para responder a Dios. La exposición puede convertirse en instrumento de evangelización, pero pierde su sentido cuando deja de servir a la misión y comienza a alimentar el deseo de reconocimiento.
Hay servicios que nunca llegarán a una fotografía. Una llamada a un sacerdote enfermo. Una noche acompañando a un familiar. Una visita silenciosa. Una comida preparada. Una oración ofrecida sin que nadie lo sepa. Precisamente esos gestos cotidianos pueden revelar de manera extraordinaria la presencia de Dios.
También el papa León XIV nos recuerda esta semana que la lógica de Dios supera nuestros cálculos. En la parábola de los trabajadores de la viña, el Santo Padre invita a reconocer que la bondad divina no está reservada para unos cuantos y que la misericordia rompe la lógica del mérito para introducirnos en la lógica del amor.
Incluso ante las nuevas tecnologías, la pregunta sigue siendo la misma: ¿están al servicio de la persona? La reflexión sobre la inteligencia artificial incluida en esta edición insiste en que no todo aquello que técnicamente puede hacerse es moralmente aceptable y que el progreso debe proteger especialmente a los niños, los vulnerables y quienes podrían quedar marginados por las transformaciones tecnológicas.
Esta edición llega además a las puertas de un acontecimiento importante para nuestra Iglesia: la toma de posesión canónica de Mons. Eusebio Ramos Morales como nuevo Arzobispo Metropolitano de San Juan. Mientras agradecemos a quien culmina una etapa y acompañamos a quien comienza otra, comprendemos nuevamente que la Iglesia no se sostiene solamente mediante cargos o estructuras. Se sostiene mediante personas que aceptan servir.
Tal vez ese sea el mensaje que une estas páginas: la vida cristiana adquiere sentido cuando deja de girar alrededor de nosotros mismos y comienza a cuidar la vida del otro.
Agradecer también es cuidar. Acompañar es cuidar. Escuchar es cuidar. Evangelizar responsablemente es cuidar. Y servir, incluso cuando nadie nos ve, continúa siendo una de las formas más auténticas de anunciar el Evangelio.



