La edición 38 de El Visitante de Puerto Rico, correspondiente al 20 al 26 de septiembre de 2026, coloca ante nosotros una palabra que atraviesa buena parte de sus páginas: caminar. Caminar con quien llega, caminar con quien se despide, caminar con quienes disciernen una vocación y, sobre todo, aprender a caminar como Iglesia escuchando antes de pretender tener todas las respuestas.
Nuestra portada recoge el nombramiento de Mons. Gerardo Antonio Vargas Cruz, O.F.M., como Obispo Coadjutor de la Diócesis de Fajardo-Humacao, dispuesto por el papa León XIV. La Iglesia de El Yunque, constituida por 21 parroquias en diez municipios, recibe así a quien está llamado a colaborar con Mons. Luis Francisco Miranda Rivera, O.Carm., y, llegado el momento, sucederlo en el pastoreo de esta Iglesia particular.
Pero quizás lo más significativo de este acontecimiento no esté únicamente en el nombramiento, sino en las primeras palabras de quien llega. Mons. Gerardo no presentó grandes programas ni soluciones prefabricadas. Reconoció con sencillez que entra en un territorio y una realidad pastoral que todavía necesita conocer. Por eso expresó una actitud que puede servir de enseñanza para toda la Iglesia: “llego a escucharlos antes que a hablar, a aprender antes que a hacer”.
En una sociedad donde muchas veces sentimos la necesidad de responder inmediatamente, opinar sobre todo y demostrar que tenemos la razón, comenzar escuchando puede parecer pequeño. Sin embargo, es profundamente evangélico. Escuchar significa reconocer que el otro tiene una historia, que una comunidad posee memoria y que Dios ya estaba actuando antes de nuestra llegada.
Por eso resulta igualmente poderosa otra de sus expresiones: “No vengo a ser un visitante”. El nuevo Obispo Coadjutor quiere incorporarse a la historia de una Iglesia que lleva 18 años caminando, conocer sus comunidades, sus sacerdotes, sus consagrados, sus familias, sus jóvenes y la riqueza cultural de una diócesis que abarca desde la montaña hasta el mar y las islas municipio de Vieques y Culebra. Su intención es hacerse parte de esa identidad, compartir sus alegrías y sufrimientos y caminar junto al pueblo.
La imagen que utiliza al final de su mensaje resulta particularmente hermosa. Como Moisés ante la zarza ardiente, desea entrar en Fajardo-Humacao “descalzo”, reconociendo que pisa tierra santa. Es una imagen que trasciende el ministerio episcopal. Cada vez que entramos en la vida de otra persona —una familia herida, un joven que busca respuestas, un enfermo, un pobre o una comunidad que enfrenta dificultades— entramos, de alguna manera, en tierra sagrada. Antes de hablar, debemos escuchar; antes de juzgar, conocer; antes de dirigir, acompañar.
Esa actitud de escucha también aparece en otro proceso que presentamos esta semana. La Diócesis de Ponce inicia una nueva etapa pastoral inspirada en el camino de Emaús, que se extenderá desde el Adviento de 2026 hasta la solemnidad de Cristo Rey de 2027. Su propósito será escuchar las ilusiones, preocupaciones, necesidades y esperanzas de quienes sostienen diariamente la misión evangelizadora de la diócesis. Como los discípulos que caminaban hacia Emaús, se trata de permitir que Cristo salga nuevamente al encuentro y haga arder el corazón mediante su Palabra.
También Caguas ofrece un signo esperanzador con 21 candidatos al Diaconado Permanente que recibieron los ministerios de Lectorado y Acolitado. Allí el camino adquiere otra expresión: prepararse para servir. La vocación cristiana nunca tiene como finalidad el reconocimiento personal. La Palabra, la Eucaristía y el ministerio encuentran su sentido cuando se convierten en servicio concreto al Pueblo de Dios.
Y en medio de estos procesos eclesiales, el papa León XIV nos recuerda que existe una condición indispensable para caminar juntos: el perdón. Las familias, las comunidades y hasta los pueblos conocen conflictos, heridas y resentimientos. Sin perdón, advierte el Santo Padre, no se puede vivir en paz. Perdonar no significa ignorar lo ocurrido ni negar la justicia, sino impedir que el rencor termine gobernando nuestro corazón.
Tal vez aquí encontramos el hilo que une esta edición: escuchar, discernir, servir y perdonar. Cuatro verbos que describen una Iglesia que no quiere permanecer inmóvil.
También desde Hormigueros, donde cientos de peregrinos celebraron la solemnidad de Nuestra Señora de Monserrate, la tradición nos recuerda que caminar ha sido siempre parte de la experiencia creyente. Subir los escalones del Santuario, peregrinar, orar y confiar nuestras necesidades a María son expresiones de un pueblo que sabe que la fe también se aprende poniendo un pie delante del otro.
Esta edición 38 nos invita a recuperar precisamente esa espiritualidad del camino. Nadie construye Iglesia solo. Nadie posee todas las respuestas. Nadie puede avanzar sin escuchar al hermano.
Mons. Gerardo comienza una nueva misión en Fajardo-Humacao. Ponce inicia un proceso de escucha. Nuevos candidatos continúan su formación para el servicio diaconal. Caguas acompaña a un pastor que se prepara para una nueva encomienda. Y en cada una de esas historias aparece una misma certeza: Dios continúa caminando con su pueblo.
Quizás por eso, ante los nuevos tiempos que vive nuestra Iglesia, lo primero no sea preguntarnos cuánto podemos hacer, sino con quién estamos dispuestos a caminar.



