La edición 29 de El Visitante de Puerto Rico nos presenta distintos rostros de una misma Iglesia: una comunidad que protege a los más vulnerables, aprende a utilizar los nuevos medios para evangelizar, fortalece su compromiso misionero y camina junto a su pueblo bajo la protección maternal de María.
Nuestra portada recoge la tradicional procesión marítima en honor a Nuestra Señora del Carmen. La imagen de la Virgen navegando sobre las aguas nos recuerda por qué la tradición cristiana la invoca como Estrella del mar: aquella que orienta a sus hijos durante las tempestades y mantiene su mirada dirigida hacia Jesucristo. La celebración en Culebra reunió la devoción popular, la identidad marinera y la espiritualidad carmelita de una comunidad que continúa encontrando en María una fuente de paz, consuelo y esperanza.
Sin embargo, la fe que se expresa en procesiones y celebraciones también debe convertirse en compromiso con quienes sufren. El reportaje sobre la Casa del Niño Manuel Fernández Juncos muestra cómo la Iglesia participa en la protección y recuperación integral de menores separados de sus hogares por situaciones de maltrato, negligencia o abandono. Desde hace 120 años, esta institución ofrece seguridad, educación y acompañamiento a niños y adolescentes que necesitan reconstruir sus vidas.
La labor de los Religiosos Terciarios Capuchinos, conocidos como Amigonianos, demuestra que ninguna historia está definitivamente perdida. Su pedagogía parte de la dignidad de cada persona y de la convicción de que todo ser humano puede comenzar de nuevo cuando encuentra oportunidades, acompañamiento y una comunidad dispuesta a creer en él. Algunos antiguos residentes han regresado convertidos en educadores y colaboradores, prolongando una cadena de solidaridad que atraviesa generaciones.
Esta realidad dialoga directamente con la reflexión que continúa desarrollándose en torno a la encíclica Magnifica Humanitas. En medio del rápido crecimiento de la inteligencia artificial, la Iglesia no rechaza la tecnología ni la contempla con temor, pero insiste en que todo progreso debe permanecer al servicio de la dignidad humana. Educar a los niños para utilizar responsablemente las pantallas, protegerlos de la explotación digital y preservar sus relaciones familiares es también una forma concreta de custodiar la infancia.
La edición presenta además el testimonio de la hermana Anna María del Sagrado Corazón, quien, a sus 106 años, utiliza YouTube para llevar un mensaje de misericordia y esperanza. Su historia rompe muchos prejuicios: ni la edad impide aprender, ni la clausura significa estar desconectado de las necesidades del mundo. Cuando existe pasión por anunciar a Cristo, cualquier medio puede convertirse en espacio de evangelización.
También encontramos la presencia puertorriqueña en encuentros de formación y misión, recordándonos que nuestra Iglesia no vive encerrada dentro de sus costas. La participación en el CLAEM expresa el deseo de continuar preparando discípulos capaces de anunciar el Evangelio, fortalecer sus comunidades y asumir con responsabilidad la misión que les corresponde.
Estos temas podrían parecer distintos, pero están profundamente unidos. La Virgen que navega junto a su pueblo, la institución que protege a un niño, la religiosa que evangeliza mediante una pantalla y los misioneros que salen a formarse comparten una misma certeza: Dios continúa sembrando esperanza por medio de personas que se dejan tocar por las necesidades de los demás.
Esta edición nos invita a preguntarnos qué lugar ocupamos nosotros dentro de esa misión. Tal vez no podamos resolver todas las heridas de nuestra sociedad, pero sí podemos acompañar a una persona, defender la dignidad de un niño, utilizar responsablemente la tecnología, compartir nuestra fe o apoyar una obra que devuelve esperanza.
La Iglesia se hace visible cuando alguien decide que la vida del otro merece ser protegida. Y cuando el camino se vuelve difícil, María, Estrella del mar, continúa señalándonos el puerto seguro: Jesucristo.



