Amor e inmolación es el ideal de los Esclavos de la Eucaristía y María Virgen, comunidad que el pasado sábado, 5 de agosto, regaló a la Iglesia un nuevo sacerdote y un diácono transitorio, en una solemne celebración Eucarística que tuvo lugar en la Iglesia Santa Rosa de Lima, en Hatillo.

Los Esclavos de la Eucaristía y María Virgen, según indican sus Constituciones, son “una comunidad contemplativa que se centra en la adoración, la alabanza y la reparación, de día y de noche, a Jesucristo Víctima en el Santísimo Sacramento del Altar y la Consagración perfecta a su Madre Inmaculada en una Alianza de Amor como sus esclavos de Amor en el pequeño Santuario de Schoenstatt.”

A ella pertenecen Fray Miguel María Virginidad de Jesús Eucaristía y Fray Francisco María Espejo Puro de la Santísima Trinidad, quienes recibieron el orden del presbiterado y el diaconado, respectivamente, de manos del Obispo de la Diócesis de Arecibo, S.E.R. Mons. Daniel Fernández.

Durante la homilía, Mons. Fernández explicó que los dos gestos centrales de la ordenación son la imposición de manos y la unción de las manos con el santo Crisma, y que ambos momentos llegan a un punto culmen que evoca a un silencio sagrado que envuelve el interior y el exterior.

Destacó, de otra parte, que, así como la Iglesia necesita del sacerdote para alimentarse de la Palabra de Dios y de la Eucaristía, “el sacerdote no subsiste por sí mismo, sino que la fe de la Iglesia lo sostiene”.

Cada gesto de la ordenación estuvo cargado de solemnidad y delicadeza, así como de emociones conmovedoras, como fueron las lágrimas y la sonrisa de Fray Francisco mientras era revestido con la estola cruzada, característica de los diáconos, y la dalmática.

Mientras que Padre Miguel, al momento de expresar su agradecimiento antes de que culminara la celebración, encendió una chispa entre los presentes, demostrando su talento y su preferencia por la música típica puertorriqueña, al entonar algunas décimas compuestas por él mismo, una de las cuales decía:

Gracias por el sacramento

de tu amado corazón 

que para la salvación 

indigno yo represento.

Por eso en este momento

mi acción de gracias se note

y en mi corazón explote

de una alegría desbordante 

y confieso aquí delante 

quiero ser tu sacerdote.

Finalmente, Mons. Daniel Fernández expresó su alegría por “la fiesta de vocaciones” celebrada durante el fin de semana en la iglesia particular de Arecibo.

(Vanessa Rolón Nieves)

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here