SANTIAGO DE CHILE – ¿Cómo anunciar el Evangelio en un mundo donde la inteligencia artificial transforma la forma en que las personas buscan información, construyen relaciones y toman decisiones? Esa fue la pregunta que marcó el VII Seminario Internacional de Comunicaciones de Iglesia, celebrado los días 27 y 28 de julio en la Pontificia Universidad Católica de Chile, encuentro que reunió a comunicadores, periodistas, académicos, sacerdotes y responsables de comunicación de distintas Conferencias Episcopales de América Latina y el Caribe para reflexionar sobre los nuevos desafíos de la evangelización en el entorno digital.
Puerto Rico estuvo representado por este servidor, en representación de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña y del semanario católico El Visitante, como parte de la delegación invitada a participar además en la Primera Asamblea de la Red Eclesial de Comunicación de Latinoamérica y el Caribe, convocada inmediatamente después del seminario. Aunque ese encuentro marcará una nueva etapa para la colaboración continental y será objeto de una próxima reseña, el seminario permitió sentar las bases de muchas de las reflexiones que hoy orientan el futuro de la comunicación eclesial.
Durante dos intensas jornadas, especialistas provenientes del Vaticano, el CELAM, universidades pontificias, medios de comunicación y proyectos de evangelización digital analizaron el impacto de la inteligencia artificial desde una perspectiva humana y cristiana. El programa incluyó conferencias magistrales, talleres y conversatorios sobre inteligencia artificial, espiritualidad, comunicación sinodal, credibilidad, periodismo, cultura digital, medición del impacto de los contenidos y el papel de los laicos en el debate público.

Uno de los momentos más significativos fue la conferencia inaugural del padre Antonio Spadaro, SJ, subsecretario del Dicasterio para la Cultura y la Educación de la Santa Sede. Su mensaje rompió con la tendencia de abordar la inteligencia artificial únicamente desde criterios técnicos o éticos. “Antes de la ética está la espiritualidad; antes de la norma, la conversión”, afirmó, recordando que el desafío no consiste en humanizar la inteligencia artificial, sino en preservar la humanidad del ser humano.
Sus palabras dejaron una huella entre los participantes. Spadaro insistió en que la inteligencia artificial representa, antes que un reto tecnológico, una prueba espiritual. En una época que privilegia la eficiencia y la automatización, recordó que la fe nace del encuentro con Dios y con el prójimo, una experiencia que ningún algoritmo puede reemplazar. Invitó además a recuperar el silencio, el discernimiento y la contemplación como elementos indispensables para que la tecnología permanezca al servicio de la persona y no termine dominándola.
Sin embargo, el seminario no se limitó a reflexionar sobre los riesgos de las nuevas tecnologías. También mostró oportunidades concretas para la misión evangelizadora. Talleres dedicados al uso responsable de la inteligencia artificial, al análisis del impacto de las publicaciones digitales y a las nuevas formas de comunicación sinodal ofrecieron herramientas prácticas para fortalecer la presencia de la Iglesia en los espacios digitales sin perder la autenticidad del mensaje evangélico.

Otro aspecto particularmente enriquecedor fue el intercambio de experiencias entre representantes de distintos países. A pesar de las diferencias culturales y pastorales, quedó en evidencia que las Iglesias locales enfrentan desafíos muy similares: la pérdida de confianza en las instituciones, la velocidad con la que circula la información, la necesidad de formar evangelizadores digitales y el reto de comunicar con credibilidad en una sociedad cada vez más fragmentada.
Precisamente esa constatación ayuda a comprender por qué este encuentro adquiere una relevancia especial. En un continente profundamente conectado, donde los desafíos ya no conocen fronteras, la respuesta tampoco puede construirse de manera aislada. La colaboración entre Conferencias Episcopales, organismos eclesiales, universidades y medios católicos permitirá compartir recursos, experiencias y buenas prácticas para fortalecer una presencia evangelizadora capaz de llegar a todas las periferias humanas y digitales.
Para quienes ejercemos la comunicación en la Iglesia, el principal aprendizaje no fue descubrir nuevas herramientas tecnológicas, sino confirmar que ninguna innovación puede sustituir el corazón mismo del Evangelio. Las plataformas cambian, los algoritmos evolucionan y las formas de comunicar seguirán transformándose; pero la misión permanece intacta: anunciar a Jesucristo con verdad, cercanía y esperanza.

Ese fue, quizás, el mayor fruto del seminario celebrado en Santiago de Chile: recordar que el futuro de la comunicación eclesial no dependerá únicamente de dominar la inteligencia artificial, sino de conservar viva la inteligencia del corazón, aquella que nace del encuentro con Cristo y que continúa siendo la fuerza capaz de transformar el mundo.



