En las primeras semanas del mes pasado se celebró la Semana de la Escuela Católica en Puerto Rico con el lema: Escuelas Católicas: Comunidades de Fe, Conocimiento y Servicio. Esto surgió como una iniciativa del Secretariado Interdiocesano de Educación Católica con el fin de dar a conocer, promover y resaltar los valores de la educación católica vividos en nuestros centros educativos como comunidad de fe que evangeliza y educa integralmente.

Vivimos un momento enmarcado por un sinnúmero de retos y en un mundo que se inclina al distanciamiento de Dios, es necesario y urgente que formemos ciudadanos que a la luz del Evangelio de Jesucristo, construyamos un Puerto Rico mejor. El objetivo general de esa semana fue reconocer y celebrar el significado, la importancia y el aporte de la Escuela Católica al desarrollo integral de los niños y jóvenes de hoy y de las nuevas generaciones, la edificación de la Iglesia y el servicio evangelizador en la construcción de una sociedad fundamentada en los valores cristianos.

Los objetivos específicos de esa semana y de las actividades que llevaron a cabo fueron:

• Orar por nuestra comunidad educativa y evangelizadora compuesta por educadores, estudiantes, padres-madres-encargados y personal de apoyo, para que sean fieles a la misión encomendada según el estado de cada cual.

• Reflexionar sobre la identidad de la Escuela Católica, cuyo centro es Cristo Jesús.

• Anunciar la fe, esperanza y amor que fundamenta y motiva el quehacer educativoy evangelizador de la Escuela Católica.

• Exaltar los valores, logros y aspiraciones de la Escuela Católica y su aporte para la construcción de una nueva sociedad en Puerto Rico.

• Compartir fraternalmente la alegría y el gozo del Espíritu Santo, el cual hace de la Escuela Católica una gran familia escolar y comunidad de fe.

Durante la Semana de la Escuela Católica, se reflexionó sobre la oportunidad de profundizar en la misión e identidad de la Escuela Católica, la cual tiene como finalidad la formación integral de la persona en todas sus dimensiones y de forma orgánica a la luz de los valores evangélicos y del Magisterio de la Iglesia, Madre y Maestra.

Asimismo, se urgió a trabajar nuestra identidad educativa y eclesial, pues si no la tenemos clara, corremos el riesgo de ser una escuela más dentro del universo educativo del País. No podemos quedarnos con un trabajo solo en nuestro colegio. Tenemos que proyectarnos hacia el exterior, a los de afuera, a las comunidades, a nuevas familias.

Igualmente, señalaron el compromiso de continuar contribuyendo al fortalecimiento de las familias con la mirada puesta en un futuro mejor donde se logre vivir el consejo evangélico de ser fermento, luz y sal con los aportes de cada núcleo familiar en el que se hagan vida los valores con proyecciones y firmes hacia una evangelización de amor.

De otro lado, nuestras escuelas, en cuanto católicas, están llamadas a ser comunidades pequeñas familias dentro de la gran comunidad eclesial, social, la ciudad y la nación. La fe, el conocimiento y el servicio son tres medidas por las cuales cualquier escuela católica puede y debe ser evaluada.

(Profa. Nancy E. Ghigliotti | Secretaria ejecutiva del Secretariado Interdiocesano de Educación )

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