En el artículo anterior hicimos un acercamiento a esto que se llama economía. Y lo hacemos por que el modelo económico que organiza el mundo en nuestros días, incluyendo a Puerto Rico, atenta contra todas las formas de vida y por supuesto, contra la humana. Ante esta realidad un católico tiene que cuestionar esa forma de hacer economía.

Decía San Juan Pablo II en la Encíclica Sollicitudo Rei Socialis (Preocupación social de la Iglesia) en 1987 que, “El panorama del mundo actual, incluso el económico, en vez de causar preocupación por un verdadero desarrollo que conduzca a todos hacia una vida más humana parece destinado a encaminarnos más rápidamente hacia la muerte”.

¿Cuál es la forma de hacer economía que nos conduce hacia la muerte? A nivel global, la forma en que se organiza la economía es la capitalista o neoliberal. Con sus múltiples expresiones y aplicaciones.

¿Qué es el capitalismo? Es un sistema socio-económico que tiene su propia forma de entender al ser humano, entiéndase una visión antropológica. Y desde esos supuestos se define lo que es el “libre mercado”, la propiedad privada, los medios de producción, la empresa, el desarrollo, la riqueza, la felicidad, incluso el amor, etc.

El capitalismo no es una simple organización de formulas, métricas, procesos y formas de hacer la economía. Es además una forma de entender al ser humano. Por ejemplo, uno de los pilares de su visión antropológica es que el ser humano es un “homo oeconomicus” lo cual supone que somos individualistas y egoístas por naturaleza. Es un sistema socio-económico que tiene premisas filosóficas propias de su concepción del ser humano. Premisas que se anteponen, por ejemplo, a la antropología católica.

Para un católico esa concepción antropológica debería suponer un asunto vital a la hora incluso de ir a votar. ¿A quién damos el voto? ¿cuál es su visión económica? ¿cómo entiende al ser humano? ¿Qué forma de hacer economía ese político/a impulsa, facilita y promueve?
Por tanto, un católico tendría que plantearse qué tipo de economía practicará y apoyará. Y esa tendría que ser una donde la persona y el trabajo sean el centro de esta, en la que no se explote a la persona ni a los recursos naturales, y en la que el resultado del trabajo sea distribuido de manera justa. De manera que no se concentren las riquezas.

¿Qué tipo de economía es esta? En 1987 San Juan Pablo II propuso, ante el Consejo Económico para América Latina (CEPAL), que se impulsara la economía solidaria. La teoría económica comprensiva que le sostiene fue desarrollada por el chileno, Luis Razeto Migliaro. Dada la complejidad de tales elaboraciones solo me limitaré a mencionar algunas ideas básicas de lo que es la economía solidaria.

Una de las formas de hacer economía es que se introduzca la solidaridad en todo el ciclo económico. El ciclo de la economía está compuesto por la producción, distribución, consumo y acumulación. Se trata de que integremos en todo ese ciclo económico la solidaridad. Integrada esta última supondría que cuando producimos no se contamina ni se explota a personas por que la misma se hace desde la solidaridad. Y así se integraría la solidaridad en todo el ciclo económico generando otras relaciones económicas y, por ende otros resultados.

Por tanto, y como lo propuso el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) en 1968, un católico formado debería rechazar tanto la forma capitalista como la comunista de organizar la economía. Ambas formas de hacerla atentan contra el bien común y la dignidad humana.■

Nelson Reyes Del Valle, MA Psicólogo Social Comunitario
Especialista en Desarrollo Económico Comunitario
Para El Visitante

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here