La última vez que Puerto Rico enfrentó el azote de un huracán fue en 1998 con Georges, recordado por la destrucción que dejó ante su paso. A pesar del tiempo que ha pasado desde esta última experiencia el país no está exento de enfrentar panoramas similares en un futuro. Es por ello que las agencias gubernamentales recomiendan la planificación doméstica familiar como un deber para evitar la pérdida de vidas y propiedad ante cualquier emergencia.

“Puerto Rico comienza en una nueva temporada de huracanes con la experiencia histórica de 100 ciclones, cuatro de ellos en la década del 1989 al 1998, como fueron Hugo en el 89, Marilyn en el 95, Hortense en el 96 y Georges en el 98”, recordó Epifanio Jiménez Meléndez, ex director de la Agencia Estatal para el Manejo de Emergencias (AEMEAD) mientras sostuvo que Hortense y Georges acumularon 24 pulgadas de agua en las montañas.

El también consultor en manejo de emergencias sugirió prestar atención al fenómeno de La Niña que se asocia con mayor cantidad de lluvia. Al igual, que a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) que pronosticó sobre 10 tormentas y cuatro huracanes intensos. Ambos fenómenos maximizan las posibilidades de que ocurran inundaciones y deslizamientos, causantes de la mayor cantidad de muertes y pérdidas extraordinarias a nivel mundial.

De otro lado, otro efecto de los huracanes es la marejada ciclónica. Esta consiste en el aumento total en el nivel del mar, resultado del efecto de los vientos sobre las olas que ocasiona el levantamiento de la superficie del mar en forma de cúpula de agua. Suele tener alrededor de 50 millas de ancho, ocasiona una fuerte erosión en las costas y una gran destrucción a las estructuras ubicadas en tales áreas.

A diferencia de los terremotos, los huracanes proveen la ventaja del tiempo. “Los últimos huracanes que sucedieron nos enseñaron que esto es una realidad que nos va a privar de muchísimas cosas. Hay unas necesidades básicas que son vitales, por las que se debe empezar a velar. Cada familia tiene unas necesidades particulares por lo que debe prepararse por lo menos para seis días o una semana”, indicó Jiménez Meléndez.

A los alcaldes recalcó que prepararse también “es parte del progreso”, porque es la forma y manera de garantizarles que no haya pérdida de vida ni propiedad. A las familias, reiteró que pueden aprovechar y realizar una reunión para preparar un plan e invitar a alguien de Manejo de Emergencias local para que los oriente. En caso de no recibir orientación, “que preparen ellos un plan doméstico familiar de acuerdo con las necesidades y si pueden unir algunos vecinos pues también, eso puede garantizar que puedan ayudarse unos a otros”.

De otro lado, como parte de las acciones de planificación, en su página web AEMEAD ofrece una serie de recomendaciones. Entre las que sugiere que se mantenga una provisión de alimentos no perecederos por lo menos para tres a cinco días. Considere: agua  (un galón  por  persona por día) para beber e higiene, latas de carne precocinada, frutas y verduras listas para comer, latas de jugo, leche y sopa, alimentos para bebés y personas de edad  avanzada, mantequilla de maní, proteínas o frutas, café o té en polvo, frutas secas y nueces, vitaminas, medicamentos, azúcar, sal y pimienta, galletas y dulces.

Entre los artículos de primera necesidad se encuentran: radio  portátil, estufa portátil de gas, nevera portátil, linterna y baterías adicionales, bolsas para basura, pañales para niños y adultos, repelente para mosquitos, artículos de higiene personal, ollas, sartenes, utensilios desechables, artículos de limpieza, servilletas, toallas, abrelatas de mano, pito o silbato, botiquín de primeros auxilios, manta o frisa, abrigo, juego de ropa, fósforos, máscara contra el polvo, mapas, papel y lápiz, libros, revistas, juegos para niños (si hay menores en el hogar), dinero en efectivo, documentos personales, recetas, récord clínico, tarjeta de plan médico y teléfonos de emergencia.

 

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