La amenaza de tormenta no desanimó al pueblo de Dios que celebró con alegría los aniversarios sacerdotales número 50 o 25 de 12 presbíteros en la Arquidiócesis de San Juan el pasado 26 de agosto. La Eucaristía de acción de gracias en Santa Teresita en Santurce fue presidida por Monseñor Roberto O. González, Arzobispo Metropolitano.

Los sacerdotes presentes que celebraban sus 50 aniversario fueron: Padre Pedro Gorena (La Ascensión del Señor), y Padre Virgilio Martínez (Santa Rosa de Lima). Y los que cumplían sus 25 años: Mons. Leonardo Rodríguez (María Madre de la Misericordia), Mons. Antonio “Tito” Vázquez (Stella Maris), Padre Alberto Figueroa (Santa Luisa de Marillac), P. José Landrau (San Francisco de Monte Alvernia) y P. Norberto Padilla, CMF (San Antonio María Claret).

A las 7:30 p.m. comenzó la celebración con el cántico “Pueblo de reyes”, a cargo del coro de la Parroquia María Madre de la Misericordia. Dos docenas de sacerdotes, diáconos, familiares, religiosas y fieles llenaron a la mitad la iglesia para acompañar con júbilo y devoción la ocasión.

Un momento emotivo fue cuando el Arzobispo, al inicio de su homilía, destacó la presencia de padres y abuelos de los sacerdotes, pidió que se pusieran de pie y la asamblea dio un fuerte aplauso.

Además de dar gracias a Dios por el don del sacerdocio, aludió a las Sagradas Escrituras al explicar que en los rostros de los sacerdotes hay una alegría inexplicable. “La alegría de ellos se asemeja a las de aquellas personas que encuentran un tesoro y se llenan de gozo. […] Esa alegría es Jesús Resucitado”, catequizó.

Dicha riqueza no es para beneficio propio sino para compartirla con los demás, en especial con los más necesitados, apuntó el Arzobispo. En ese sentido, aludiendo a las palabras de San Pablo, comparó a los sacerdotes con vasijas de barro que llevan en su interior un tesoro que proviene de Dios.

“Somos vasijas de barro, frágiles y pobres, pero dentro llevamos un gran tesoro”, expuso Monseñor Roberto al citar también un tweet del Papa Francisco que describe el don sacerdotal.

Agradeció la perseverancia y testimonio sacerdotal al tiempo que pidió oración para el surgimiento de nuevas vocaciones. Luego, la asamblea respondió con fuerza: “¡Que vivan los sacerdotes, que vivan!”. Antes de concluir la Misa, el Arzobispo dio como presente un rosario lineal a cada uno de los 7 sacerdotes de jubileo.

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