Mientras la época navideña suele ser sinónimo de fiesta y compartir para muchos, para otros suele ser melancolía, ya sea por el recuerdo de la pérdida de un ser querido o la soledad. En algunas personas estos sucesos acentúan las ganas de escapar del sufrimiento lo que en ocasiones les lleva a tomar decisiones perjudiciales para sus vidas.

“En esta época es cuando más incidencias de suicidio ocurren porque las personas que viven solas o que han pasado por situaciones difíciles se van afectando. Es importante señalar que la persona suicida no quiere morir, lo que desea es dejar de sufrir y comienza a manifestar que no quiere continuar viviendo, que quiere desaparecer, quiere dormirse y no levantarse nunca”, indicó Melissa L. Merced Gómez, intercesora legal en el Centro Judicial de Caguas de la sala especializada en violencia doméstica.

La trabajadora social de profesión insistió en que los familiares deben estar atentos y poder reconocer las diversas señales. Entre ellas están: cambios de conducta o estado de ánimo, sus hábitos de comer y dormir cambian, tienen miedo a la separación, piensan que los están siguiendo, disminuye el desempeño escolar (si es estudiante) o laboral, manifiesta tristeza, dificultad para concentrarse, habla de la muerte, comienzan a utilizar sustancias como alcohol, drogas controladas o se auto medican, entre otras.

Informes de las agencias gubernamentales como el Instituto de Ciencias Forenses de Puerto Rico, la Línea PAS del servicio de salud mental de ASSMCA y el Centro Control de Envenenamiento de Puerto Rico indican en las últimas tablas publicadas en enero de 2016 que solo en ese mes habían surgido 16 muertes en Puerto Rico. En el 2015 los actos de suicidio fluctuaban en adultos de 45 a 59 años de edad; en el 2016 en los grupos de envejecientes de 80 a 84 años.

Se cree que la población de la tercera edad está más vulnerable por la carencia afectiva que se incrementa con la soledad, sea porque los hijos no quieren hacerse cargo de ellos, no tienen familiares cerca o su compañero de vida ha partido primero. “Se sienten solos o que son una carga para otros o no reciben el amor que esperan de sus seres queridos y toman la decisión de suicidarse, la mayoría de esta tendencia ocurre en los hombres”, confirmó Merced Gómez.

Agregó que: “Hay quienes quizás no llegan al suicidio pero se agudiza la depresión y posterior a las fiestas navideñas pudieran optar por ello porque confirman, de cierta manera, que la familia no los quiere porque a lo mejor no los invitaron a un compartir, o porque los critican, los señalan, los juzgan y van desarrollando una depresión severa mezclada con una psicosis, escuchando voces con mensajes negativos”.

Como medidas de prevención, la experta recomendó preguntar abiertamente: “‘¿Tú tienes un pensamiento suicida?’ ‘¿Tú te quieres matar?’. Si ya la persona tiene un plan estructurado, no vamos a juzgar ni a reprochar, vamos a tomar una acción. Hay un mito que dice que los que se van a suicidar no lo dicen pero hay quienes sí lo manifiestan y lo llegan a hacer”.

Si es un familiar, puede ir al tribunal y solicitar una 408 para una hospitalización involuntaria que es una evaluación en algún hospital de salud mental para estabilizar la persona. Siempre tenga disponible los números de emergencia y del paramédico. Procure limitar el acceso a instrumentos, medicamentos u objetos filosos que pueda utilizar para hacerse daño.

De otro lado, para manejar la crisis positivamente lo primordial es reconocer la situación e ir a un profesional de la conducta de la salud para que le haga un plan o lo medique de ser necesario. Una vez estable, luego puede acompañar el proceso con actividades en el gimnasio, ejercicios de respiración, leer, actividades recreativas o de confeccionar cosas que lo mantengan distraído de sus pensamientos.

“Es volver a retomar esas actividades que me gustan, aquellas que muchas veces dejamos de lado por la rutina del diario vivir o porque hay que trabajar”, dijo.

Por último destacó que hay que apostar al amor como única respuesta. “Hay un dicho que dice: ‘El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional’. Nos tenemos que mover, buscar esa ayuda profesional que nos hará muy bien, ese apoyo, para poder tener una vida a plenitud El amor todo lo puede, todo lo mueve y en Puerto Rico hay mucha necesidad de amor”.

(En caso de emergencia puede comunicarse a los siguientes números: Línea PAS 1-800-981-0023, Centro de Control de Envenenamiento 1-800-222-1222, Red Nacional para la Prevención del Suicidio 1-888-628-9454/1-800-273-8255, Departamento de Salud 787-765-2929).

 

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