Una de las canciones antiguas de nuestro acervo litúrgico, “Amor a Cristo Dios Divino Rey”, revela el gran amor que nosotros le tenemos a Nuestro Señor Jesucristo. Para el cristiano auténtico, Cristo es el Rey de su corazón, al punto que vive y se desvive por el Señor. De hecho, esta canción surge por una confesión de fe de un grupo de hombres, cuya fe en Jesucristo era cuestionada en muchos países. Pío XI, al instituir esta solemnidad el 11 de diciembre del 1925, quiso dejar ver en claro que, para un cristiano, nuestra vida es una peregrinación dirigida al encuentro definitivo con Jesucristo y que, por tanto, todas las acciones del creyente van dirigidas a ese encuentro con Él. Quiero hacer una serie de consideraciones sobre Cristo Rey, unas de carácter histórico en relación a la Solemnidad, y otras de carácter evangélico en torno a la persona de Jesucristo mismo.

Nuestro Rey adquiere su corona con su sufrimiento y muerte en la cruz. En su caminar hacia Jerusalén desde Galilea, Jesucristo estaba bien consciente que se encaminaba hacia su muerte. Siendo Jerusalén la capital de Israel, los Apóstoles pensaban que Jesucristo iba para expulsar al ejército romano y liberar a Israel del dominio del imperio. Esperaban que Jesucristo les diera puesto de importancia en el gobierno. Pero, la corona a la que Jesucristo optaría era la corona de espinas y su trono sería la cruz. Importantísimo notar: la UNICA vez que Jesucristo se declara a sí mismo como Rey fue cuando estaba apresado ante Poncio Pilatos. Cuando Pilatos lo interroga sobre su linaje, Nuestro Señor sin ambages afirma su realeza, pero al mismo tiempo aclara que “su Reino no es de este mundo” (Jn 18, 36).  De los tres domingos de Cristo Rey (ciclos A, B y C) dos de ellos nos presentan a Jesucristo en el contexto de su Pasión: el ciclo B frente a Poncio Pilatos, y el ciclo C colgado de la cruz.

Cuando el Papa Pío XI instaura esta solemnidad, Europa apenas estaba saliendo de la Primera Guerra Mundial (1914-1919). Siendo bibliotecario de la Biblioteca Vaticana bajo Benedicto XV, Mons. Achille Ratti vivió los horrores de la esta guerra. Elegido Papa en el 1922, llevaba en la mente los grandes sufrimientos de la Guerra y se enfrentaba a una Europa en reconstrucción. Recordando que Jesucristo adquiere su corona precisamente por su sufrimiento y muerte en Cruz, quiso recalcar que solamente Jesucristo podía levantar a Europa de la postración en que se encontraba. Pío XI le recuerda a los cristianos de su tiempo que sacar a Cristo de nuestros corazones trae como consecuencia, egoísmos, sufrimiento, muerte y la guerra es una consecuencia del destierro de Cristo de nuestro corazón.   Conmovido al mismo tiempo de los sufrimientos de los cristianos en México debido a la persecución de los cristianos decretada por el presidente Plutarco Elías Calles, el Papa se informa que la fuerza de los defensores de la fe era Jesucristo y, que el grito de guerra del ejército cristero era “Viva Cristo Rey”. Este ejemplo de los valerosos cristiano es otra inspiración para instituir la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo. Al colocarla al final del año litúrgico, el Papa quiere enfatizar que el final del cristiano y el de la Iglesia, es Jesucristo Rey del Universo y de Nuestro Corazón.

P. Rafael Méndez Hernández, Ph.D.

Para El Visitante

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