En este año extraordinario para la Misión, los Obispos en Puerto Rico, nos han invitado junto al Papa Francisco, a Poner la Misión de Jesús en el Corazón de la Iglesia. La liturgia de este domingo VIII del Tiempo Ordinario nos presenta una de las más grandes revoluciones en el pensamiento de Jesús, se trata de la revolución de la misericordia. En esto consiste la nueva Ley del Amor, ir más allá de la comodidad, ser compasivo, generoso y misericordioso.

El discípulo misionero está llamado a redescubrir este camino de la misericordia a la que el Papa Francisco llama “viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia” (MV 10). En este Año extraordinario y ya tan cercana la Cuaresma conviene acercase una vez a la Bula con la que se convocó el Jubileo de la Misericordia: Misericordiae Vultus (el rostro de la misericordia) para descubrir allí las claves de la vivencia bautismal en lógica misionera, sobre todo las obras de misericordia corporales y espirituales. Además, acércanos a la carta apostólica con que se clausuró el Jubileo: Misericordia et misera. La nueva ley de amor establece que hay que amar hasta el extremo. Esto es lo que se pide al bautizado y enviado.

Amar al enemigo es una forma concreta de hacerlo prójimo como dice el Papa: “Querer acercarse a Jesús implica hacerse prójimo de los hermanos, porque nada es más agradable al Padre que un signo concreto de misericordia. Por su misma naturaleza, la misericordia se hace visible y tangible en una acción concreta y dinámica. Una vez que se la ha experimentado en su verdad, no se puede volver atrás: crece continuamente y transforma la vida”. (MiM16) esta es una forma de poner la misión de Jesús en el corazón de la Iglesia.

(Reflexión para la Misión)

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