El pasado 25 de junio, don José R. Rosa Ortiz estuvo en la ceremonia de graduación de la Universidad Central de Bayamón. No, no asistió para apoyar a algún familiar o conocido suyo. Don José desfiló con sus compañeros y recibió el diploma que le acredita el grado de Maestría en Estudios Bíblicos de la Escuela Graduada de Teología y Ministerio.
Tiene 83 años de edad, es natural de Río Piedras, San Juan, donde actualmente reside con su esposa, María Olivares, con quien ya celebra 59 años de matrimonio; una unión de la que nacieron tres hijos, y cuya familia se ha seguido extendiendo, pues hoy día cuentan ya ocho nietos y tres bisnietos.
Don José, a quien muchos llaman Tito, nació en un hogar católico. Su vida de fe, como la de todos, ha tenido altas y bajas, momentos de luces y de oscuridad. Hace algunos años, según compartió en entrevista con El Visitante, “sentí como un llamado de Dios para ser diácono”. Sin embargo, al expresar su deseo, se encontró con que ya había pasado el límite de edad. Contrario a lo que muchos hubieran pensado, la respuesta no apagó en el corazón de don José su deseo de profundizar en su relación con Dios y conocerlo más a través del estudio.
“Hacía más de cuarenta años que yo no cogía un libro”, dijo. A ese y a otros tantos desafíos que ya suponía la decisión de estudiar a sus casi ochenta años en aquel momento, se sumó otro: iniciando sus estudios llegó la pandemia. “Yo ya estaba atrasado en la parte técnica”, reconoció con sencillez. Entonces, tocaba estudiar en modalidad virtual, pero en todo eso, la ayuda de su familia, especialmente de una de sus hijas, no se hizo esperar.
“Conocer mejor a quien me ha creado”, insistió don José, ha sido una de las cosas que más le ha motivado a estudiar. Asimismo, las ocasiones en que, durante estos cinco años, ha podido compartir con su familia lo que va aprendiendo, ha sido uno de los mayores regalos. “Para mí, el matrimonio y la familia siempre los he tenido como prioridad y he querido enseñarles a ellos lo que sé, así que, mientras más yo aprenda, más puedo seguir enseñando a mis hijos y a mis nietos”, manifestó.
De otra parte, Don José comentó que trabajó como ingeniero durante 35 años en diferentes industrias y que, desde su niñez, se distinguió en diferentes áreas del deporte y otras actividades para las cuales demostró tener habilidad y talento. Una de ellas, de hecho, su favorita, era el patinaje “porque me gusta la velocidad”, dijo con una sonrisa.
Con eso, ya quedaba aún más claro, que a don José es bastante difícil frenarle cuando algo le apasiona: a su reciente logro de Maestría le sigue el inicio de una nueva carrera. Don José se dispone a iniciar, en los próximos meses, un Doctorado en Filosofía y Letras, con concentración en Historia de Puerto Rico y el Caribe, en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe.
Vanessa Rolón Nieves
Para El Visitante



