Malena y Tomás relatan su testimonio matrimonial.


Si se pudiera dar atrás al tiempo, se volverían a casar; si tuvieran que casarse hoy, también pactarían su amor sin pensarlo. Así lo dejaron claro María Magdalena, cariñosamente conocida como Malena, y su flamante esposo Tomás Vega. A más de 6 décadas del acontecimiento de su matrimonio, entre retratos y anécdotas, abrieron sus corazones para hablar del amor y relatar su historia matrimonial llena de gratos momentos que describen como si aconteciera  hoy.

Malena en su juventud se mudó a Bayamón con su familia que era muy piadosa. Su padre, al perder a una de sus hijas por un accidente acrecentó su fe al punto de ser un hombre de misa diaria. En la misma calle vivía el apuesto Tomás, un joven de misa diaria. Relató Tomás que “me gané al suegro primero, lo conocí primero que a Malena”. Juntos compartían el juego de dominó luego de la misa en que ambos colaboraban en lo que el sacerdote les encomendaba.

Malena veía a Tomás todos los días en su balcón con una muchacha muy seria, por lo que entendió que era casado. Una tarde con su mejor amiga y su papá cerca, que era un hombre mayor, sabio y astuto, contaba con sano humor los chicos solteros de la calle. Su amiga nombró a Tomás, Malena dijo “ese es casado”. Ella dijo, no. El papá salió al paso y dijo: “no lo es y buena gente que es”.

Desde entonces iban y regresaban juntos de la iglesia. “Cuando salía a trabajar él se metía en la sombrilla sin invitarlo. Yo decía ‘que muchacho más presentao’ ”, recordó Malena al revivir esos gratos momentos con humor. Su noviazgo duró ocho meses y fue hermoso, lleno de respeto y detalles que ambos recuerdan. Llegó el tan esperado 15 de agosto de 1954 en la Parroquia Perpetuo Socorro de la Calle Comerio en Bayamón. Tomás confesó que estaba muy nervioso. Malena recuerda que iba tomada del brazo tembloroso de su papá ya anciano. Recuerdan el Hotel de su luna de miel. No cumplieron 1 año de casados y llegó su primer hijo y luego 4 más, cada uno se lleva solo 10 meses. Con cinco hijos, 11 nietos, tres de ellos adoptados, y ocho bisnietos, Malena y Tomás viven en gratitud a Dios por tanto amor y unión familiar que han sembrado y cosechado en mayor proporción, aún cuando gran parte de sus retoños viven en la diáspora.

Primero vivieron en casa del papá de Malena, luego alquilaron y posteriormente pudieron, con mucho sudor, comprar una casita en Bayamón donde han vivido casi toda la vida juntos. Fueron de los matrimonios que a son de bingos, actividades y quioscos levantaron dos parroquias de Bayamón: Santa Catalina de Siena y San José María Claret. Estos dos humildes y alegres novios, próximos a cumplir 63 años de casados y 90 de edad, trabajaron como ministros de la comunión, apadrinaron grupos de jóvenes y visitaron enfermos por décadas. Todavía hoy día hombres y mujeres profesionales con familias de gran fe van a su casa para pedirles la bendición porque fueron parte del grupo de jóvenes Alfa y Omega del que eran padrinos.

Si en algo se esmeraron estos verdaderos católicos fue en transmitir su fe a sus hijos. Ante la pregunta de cómo lo hicieron, explicó que siempre habrá complicaciones en este tema e invitó a confiar en Dios para que Él les guíe. Ellos se involucraron en grupos de jóvenes para acompañar y enseñar a sus hijos en la fe. Malena rápidamente buscó una cartita de su hija que cita: “Gracias por ensenarme el camino de Jesús”.

“El matrimonio no es color de rosa, siempre hay sus cositas. Si no hubiese un sí o un no, fuera monótono. Somos personas distintas”, sostuvo Malena. Ambos, entre retratos y trofeos de dominó, afirmaron que han sido muy felices, que la clave del matrimonio es la fe en Dios que los ha acompañado en todo momento al orar juntos y encomendarse a Él. Ella es devota de la Virgen Milagrosa y Él de Santo Tomás de Aquino. Ahora Tomás, que está como coco porque en sus últimos exámenes hace unos días salió excelente, no tiene condiciones y proviene de una familia longeva, cuida de su amada esposa que tiene complicaciones en su espalda. Malena con voz cariñosa afirmó que volvería a casarse con su eterno novio porque “ese hombre es un pollo”.

A las parejas jóvenes que se van a casar Tomás les dedicó esta breve y sabia línea: “Deben estar bien seguros porque son muchos años por delante, esto es hasta que la muerte nos separe”. Malena, por su parte, explicó que vivan la fe en su matrimonio, “sin la fe todo se desploma”.

Hoy el matrimonio que ora junto viven un día a la vez y solo dan gracias a Dios por tanto y piden a Dios que haga su voluntad en sus vidas, que si envía enfermedad o pruebas que las van a vivir con Cristo sin miedo.

 

 

 

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