La Misericordia puede ser inexplicable para el intelecto humano y hasta para los ángeles, pero no para Dios.

Aunque surjan momentos en que la humanidad parezca haber olvidado que tiene como Padre a un Dios bueno y misericordioso, Él nunca se olvida de nosotros,  no nos saca de su Corazón ni escatima en demostraciones ni esfuerzos para llevarnos a comprender la grandeza de su amor.

La Divina Misericordia desciende desde el cielo y se acerca al hombre caído para levantarlo, para consolar y restaurar al agotado y enfermo por el pecado, al que se encuentra despojado de las riquezas y de la libertad que experimentan los hijos de Dios. Es así como se conduce Jesús con aquellos pecadores que le buscan, porque a pesar de oponerse al pecado es el amor puro el que le mueve y lleva hasta dar su vida para salvar al pecador.

Eso es misericordia, la manifestación del amor de Dios hecha acción sin ninguna obligación, sino como un don.

¡El mundo necesita Misericordia, Puerto Rico necesita Misericordia! “Aunque el pecado es un abismo de maldad e ingratitud, el precio pagado por nosotros jamás podrá ser igualado. Por lo tanto, haz que cada almaconfíe en la Pasión del Señor y que ponga su esperanza en su misericordia. Dios no le negará su misericordia a nadie.” (Diario de Santa Faustina,72)

Es profundo el deseo de Nuestro Salvador de que le reconozcamos y aceptemos como la Misericordia misma, que le agradezcamos por este gran atributo, manantial inagotable de gracias, adorándola y glorificándola y acogiéndola como nuestro mejor baluarte y fortaleza.

Es ahora cuando más necesitamos conocerla pues desea que sea refugio y amparo en las dificultades de la vida, así como en la alegría de sabernos amados por Él, porque cuando reconocemos y agradecemos el amor de Dios, el amor misericordioso de Dios, es inevitable permanecer en sus brazos.

En los momentos actuales que vivimos como Iglesia, el Señor continúa insistiendo en la necesidad que tenemos de la Misericordia, permitiendo que ésta florezca cada día más.

Papa Francisco: “Miserando atque eligendo”

“Lo miró con misericordia y lo eligió”, es el lema del episcopado que escogió el Sucesor de Pedro, el Santo Padre Francisco, el cual ha expresado muchas veces sin palabras la nobleza de ser misericordioso. No es el primer Papa en la historia que apoya el mensaje de la Divina Misericordia, pero indudablemente continuará la excelente trayectoria del Papa Benedicto XVI y del Beato Juan Pablo II, como un fiel apóstol de la Divina Misericordia.

El cardenal Jorge Mario Bergoglio, SJ, siendo Arzobispo de Buenos Aires, Argentina, participó en el Primer Congreso Apostólico Mundial de la Divina Misericordia en Roma en el 2008, ofreciendo un discurso a miles de devotos de la Divina Misericordia de todas partes del mundo, y donde Puerto Rico también estuvo representado.

Celebró la Fiesta de la Misericordia cada año en el santuario de Jesús Misericordioso de Buenos Aires, donde animaba a los peregrinos a no tener las puertas cerradas, sino a refugiarse en las heridas abiertas de Cristo donde hallarán la paz, el perdón y la misericordia de un Dios siempre dispuesto.

"La misericordia cambia el mundo, hace al mundo menos frío y más justo. El rostro de Dios es el rostro de la misericordia, que siempre tiene paciencia. [...] Dios nunca se cansa de perdonarnos. El problema es que nosotros nos cansamos de pedirle perdón. ¡No nos cansemos nunca! Él es el padre amoroso que siempre perdona, que tiene misericordia con todos nosotros”, señaló recientemente Su Santidad Francisco.

Un Don para toda la Provincia En cuanto al impulso que ha surgido con la Divina Misericordia en la Isla, hay que mencionar que muchas parroquias de nuestras Diócesis consideran y atienden

con seriedad la solicitud y deseo de misericordia que nace del pueblo Católico. Hoy día se celebra con especial fervor la Fiesta de la Divina Misericordia el segundo domingo de Pascua, la que ha brotado de las entrañas del Señor para el consuelo del mundo entero. Las Diócesis de Mayagüez y Ponce cuentan con sus estatutos y el fervor de cientos de devotos que, como “chispas encendidas”, tienen la encomienda de llevar el fuego del amor de Dios, dentro de la misión evangelizadora.

El pasado año, bajo la tutela de S.E.R. Mons. Félix Lázaro Martínez, Sch. P., Obispo de Ponce, se celebró con gran éxito el Primer Encuentro Nacional de la Divina Misericordia, el cual se repetirá cada dos años. El Segundo Encuentro Nacional de la Divina Misericordia está pautado para el sábado, 17 de mayo de 2014 en la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico en Ponce.

Es interesante ver como a través de estos actos y eventos de fe Dios actúa y motiva cada vez más a seguir el camino y la espiritualidad de la Divina Misericordia.

En la Diócesis de Ponce, a la que pertenezco, hemos podido comprobar como muchos más fieles, incluyendo laicos, sacerdotes y religiosas, desean darse la oportunidad de profundizar en este mensaje, aumentando así el entusiasmo, el respaldo del Clero y más importante aún, la comprensión del llamado y el sentido correcto de la devoción como forma de vida, teniendo como punto central la confianza y la práctica de la misericordia.

Los treinta grupos, que formamos uno solo en toda la Diócesis, tenemos claro que sin obras la fe está muerta y que el compromiso con la Misericordia redunda en compromiso con el prójimo.

Para ello tenemos que darnos a la tarea de confiar en la acción misericordiosa de Dios y seguir esforzándonos por conocer más en detalle el Corazón de Cristo y lo que nos ha querido regalar a través de este mensaje, perseverando en la Palabra, los Sacramentos, el respeto, las buenas costumbres y modales que hacen falta ejercitar para alcanzar las virtudes.

Si nuestra fe es débil, tendremos un amor débil, pero si logramos fortalecerla en el cimiento de la Divina Misericordia se convertirá en una fe fuerte, la que nos llevará a un amor sin reservas.

La Devoción y sus elementos

Conocemos que esta devoción, completamente anclada en el Evangelio, nace de la revelación de Jesús a Santa María Faustina Kowalska y tiene como elementos principales: la Imagen, la Coronilla, la Hora de la Misericordia, la Novena y la Fiesta de la Divina Misericordia.

La Fiesta de la Divina Misericordia o Domingo de Misericordia, el segundo Domingo de Pascua, es el día en que nuestro Señor regala un mar de gracias para las almas, especialmente para los pobres pecadores. Hay cantidad de promesas extraordinarias que el Señor Jesús ligó a la Fiesta, las cuales demuestran la grandeza de la misma. “Quien se acerque ese día a la Fuente de Vida recibirá el perdón total de las culpas y de las penas” (Diario, 300) “Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre aquellas almas que se acercan al manantial de Mi misericordia; (...) que ningún alma tenga miedo de acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata.” (Diario, 699) “Sí, el primer domingo después de Pascua es la Fiesta de la Misericordia, pero también debe estar presente la acción y pido se rinda culto a Mi misericordia con la solemne celebración de esta Fiesta y con el culto a la imagen que ha sido pintada. A través de esta imagen concederé muchas gracias a las almas; ella ha de recordar a los hombres las exigencias de Mi misericordia, porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil.” (Diario, 722) “Esta Fiesta ha salido de las entrañas de Mi misericordia y está confirmada en el abismo de Mis gracias. Toda alma que cree y tiene confianza en Mi misericordia, la obtendrá.” (Diario, 420)

La Fiesta reúne y brinda todas las gracias y misterios de Jesucristo Crucificado y Resucitado, quien nos ofrece la fuente de la Misericordia que brota de su costado. Todos tenemos la oportunidad de recibirlas y tener un comienzo nuevo y fresco en la vida espiritual.

Para celebrar adecuadamente la Fiesta sigue los siguientes pasos:

1. Participa de la Santa Misa el Segundo Domingo de Pascua, hoy 7 de abril de 2013.

2. Acércate al Sacramento de la Reconciliación. (Preferiblemente antes del día de la Fiesta, con un máximo de hasta 8 días antes).

3. Recibe la Sagrada Comunión.

4. Confía en Jesús sin cesar y repite la jaculatoria: “Jesús en Ti confío”.

5. Venera la Imagen de la Divina Misericordia.

6. Reza un Padre Nuestro, Ave María y Gloria por las intenciones del Santo Padre, Francisco para recibir la Indulgencia Plenaria.

7. Realiza una o más obras de Misericordia por medio de la oración, palabra o acción.

Santa Faustina recomienda: “Si el alma desea experimentar una mayor misericordia de Dios, acérquese a Dios con gran confianza y si su confianza es sin límites, la misericordia de Dios será para ella también sin límites”.

Oh Señor mío, que conoces cada latido de mi corazón, Tú sabes con qué ardor deseo que todos los corazones latan exclusivamente por Ti, que cada alma glorifique la grandeza de Tu misericordia.” (Diario, 1489) Pero todavía hoy muchos se preguntan qué hay que hacer para iniciar con seriedad la devoción a la Divina Misericordia. Primeramente hay que reconocer que no es uno quién Lo escoge, sino que es Él el que llama. Aceptando el vacío interior, los impedimentos que alejan y roban la paz, la necesidad de que Él limpie y purifique el alma, podemos decidir por corresponderle y comenzar a buscarle con sinceridad.

La lectura de pasajes de la Biblia, reflexiones o algún libro espiritual relacionado al tema nos ayudará en la búsqueda y en el proceso de cambio y conversión. En este momento los libros sobre

la Divina Misericordia y Santa Faustina pueden ser muy útiles. Asistir a la Santa Misa, buscar ratos a solas para hablar con Dios, visitar el Santísimo y participar de retiros o ejercicios espirituales harán gran bien, fomentando una experiencia personal con la Misericordia, la cual es relevante.

Una vez se esté claro y dispuesto a profundizar en el tema les recomiendo encarecidamente leer el Diario de Santa Faustina, donde encontrarán hermosísimas experiencias místicas, mensajes y revelaciones sobre el Amor y la Misericordia de Dios hacia la humanidad.

Después de esto Él mismo se encargará de guiar y proveer lo necesario para que fluya desde lo más profundo del corazón la idea de la Misericordia en cualquier momento y situación del día.

Les aseguro que comenzarán una maravillosa aventura en sus vidas y que todo resultará distinto cuando cuenten y confíen plenamente en la Divina Misericordia de Jesús, que les defenderá como una madre cariñosa protege a su hijo en brazos, hasta el último día.

“Siempre que quieras agradarme, habla al mundo de mi gran e insondable Misericordia.” (Diario, 164) Sólo cree de verdad el que practica lo que cree y sin temor alguno comunica las bendiciones de la Divina Misericordia. Todos estamos llamados a ser testigos de su Pasión, Muerte y Resurrección: la obra de su Misericordia y hay que saber que el Señor se glorifica y se complace con aquellos que le anuncian y agradecen los torrentes de Su dulzura y bondad.

(Naida Costa Marcucci)

E-mail
Print
PDF

La travesía ininterrumpida de la Barca de Pedro es la prueba más evidente de que ésta es dirigida e impulsada por el Espíritu Santo. Es en esa misma historia milenaria de la Iglesia Católica donde han existido luces y sombras que han marcado decididamente el panorama eclesial a nivel mundial.

Aunque si bien es cierto que las luces han sido mayores que las sombras, no es menos cierto que los periodos un tanto sombríos y los escándalos en los que, en ocasiones, se ha visto involucrada la Iglesia Universal han servido oportunamente para entablar un proceso de reflexión y renovación que demuestra su carácter imperecedero ante el devenir de los siglos.

 

“Perdonemos y pidamos perdón”. (Juan Pablo II, 2000)

La iniciativa del Papa Juan Pablo II en el año 2000, fecha en que convocó la Jornada de la Paz y pidió perdón públicamente por los pecados y errores cometidos por todos los cristianos a través de los tiempos, fue un gesto de profunda humildad y responsabilidad histórica.

Previo a la Jornada de la Paz, celebrada el 12 de marzo del mencionado año, ya el hoy Beato había adelantado que, de cara a un nuevo milenio, era preciso que la Iglesia echara luz sobre “todas las formas de contratestimonio y escándalo” que, de alguna manera u otra, se habían cernido sobre ella.

 

“Confesemos nuestras responsabilidades de cristianos por los males actuales”. (Juan Pablo II, 2000)

De esta forma y según consta en el documento oficial de la Comisión Teológica de la Santa Sede, Memoria y reconciliación: la Iglesia y las culpas del pasado”, el Sumo Pontífice pidió perdón, a nombre de la Iglesia, por los actos que atentaron contra la unidad de los cristianos; por el uso de la violencia en el proceso de la evangelización; y la hostilidad hacia el pueblo hebreo. Asimismo, aludió a la responsabilidad de los cristianos ante los males actuales.

 

“El sacrificio redentor de Cristo tiene el poder de sacar el bien, incluso, del más terrible de los males”. (Benedicto XVI, 2010)

En tiempos más recientes, igual humildad y compromiso moral tuvo el gesto del Papa Emérito Benedicto XVI, cuando aceptó la responsabilidad de la Iglesia en los casos de abuso sexual infantil, y envió un mensaje público a las víctimas.

En el caso específico de Irlanda, el Pontífice declaró lo siguiente: “Es comprensible que os resulte difícil perdonar o reconciliaros con la Iglesia. [...] Al mismo tiempo, os pido que no perdáis la esperanza. En la comunión con la Iglesia es donde nos encontramos con la persona de Jesucristo. [...] Las heridas mismas de Cristo, transformadas por sus sufrimientos redentores, son los instrumentos que han roto el poder del mal y nos hacen renacer a la vida y la esperanza”.

En este mismo renglón, el Papa Emérito de la Iglesia Universal les habló también a los sacerdotes que abusaron de niños y jóvenes: “El sacrificio redentor de Cristo tiene el poder de perdonar incluso el más grave de los pecados y de sacar el bien incluso del más terrible de los males. Al mismo tiempo, la justicia de Dios nos pide dar cuenta de nuestras acciones sin ocultar nada. Admitid abiertamente vuestra culpa, someteos a las exigencias de la justicia, pero no desesperéis de la misericordia de Dios”.

 

“Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más”. (Juan 8, 10-11)

La cita extraída del Evangelio según San Juan sirvió de contexto para que el Papa Francisco ofreciera a la audiencia presente una valiosa reflexión sobre el perdón, el pasado 13 de marzo. Pero fue la siguiente expresión la que recoge el sentir de su trascendente alocución: “Si el Señor no perdonara todo, el mundo no existiría”.

Precisamente, estas palabras fueron resaltadas por Padre Obispo Rubén González Medina, de la Diócesis de Caguas, quien expuso el lado positivo de las sombras que, en ocasiones, ha sufrido la Iglesia. “Pienso que, ante la problemática que se suscita en estos tiempos no hay que asustarse. Primero, hay que recordar que los propios apóstoles de Jesús tuvieron sus diferencias: discusiones de poder, de la traición, de la negación, etc. Pero hay que recordar que el Señor siempre acompaña a su Iglesia”, señaló el Obispo de Caguas.

De igual modo, Padre Rubén indicó que, “ante los fantasmas que pueden presentársenos en la vida, Jesús se presenta como la realidad. Entonces, situaciones que pueden parecer de tropiezo, la Iglesia las convierte en puntos de apoyo para mejorar. Pero lo más hermoso es, como nos ha comentado nuestro Papa Francisco, Dios siempre perdona”.

El Obispo Rubén afirmó, además, que la tarea de la Iglesia es sanar las heridas del corazón de los seres humanos, quienes muchas veces realizan acciones que se oponen al amor. “¿Cómo se logra esto? Pues con el estilo de vida que nos presenta Jesús; con cercanía, acompañamiento. Es decir, un estilo como el buen samaritano, que es capaz de cargar a la persona herida, curarla, ayudarle a sanar. Esa es una Iglesia misericordiosa”, sostuvo.

“En estos momentos, debemos reconocer nuestras debilidades y limitaciones, pero también reconocer que, por encima de todo, no hay nada más fuerte que la gracia de Dios y que el amor lo transforma todo”, finalizó.

 

“La Iglesia ha aprendido muchas lecciones”

Por su parte, el Vicario Pastoral de la Diócesis de Caguas y autor de la cita que encabeza este apartado, Padre Feliciano Rodríguez, opinó que las sombras que ha atravesado la Iglesia a través de los siglos le ha permitido experimentar un aprendizaje saludable.

“De crisis que nos hubieran podido destruir por completo, hemos salido fortalecidos. Ahora estamos involucrados en algunos escándalos que nos obligan a repensar toda la estructura de la Iglesia. Yo creo que algo que nos puede ayudar es ver las cosas desde la perspectiva de un sistema, de un todo integral; y no sólo como situaciones aisladas. Si logramos hacer esto y lo aplicamos a otras situaciones que pudieran suscitarse en la Iglesia, tendremos una fórmula fantástica”, apuntó.

De igual manera, Padre Feliciano habló del perdón, así como también de la justicia. “El perdón siempre está ahí; pero hay que velar por la justicia para las víctimas. Eso siempre será un proceso doloroso. No debemos olvidar los procesos de disciplina que hay que hacer en términos de Iglesia, los cuales deben buscar el mayor bien de las personas. Se trata de un equilibrio entre el perdón misericordioso que debe haber en la Iglesia y, a la misma vez, la sanación que debe haber en la víctima y el victimario”, puntualizó.

 

“De la acogida del perdón divino brota el compromiso de perdonar a los hermanos y de reconciliación recíproca”. (Juan Pablo II, 2000)

E-mail
Print
PDF

Los restos de don Ramón Power y Giralt serán trasladados desde España a San Juan el próximo sábado 6 de abril.

Dicho acontecimiento histórico será celebrado con una Misa en la Catedral San Juan Bautista el domingo a las 11 a.m.

Los restos de Ramon Power , afirmó S.E.R. Roberto González Nieves, Arzobispo de San Juan, estarán el domingo en “la Real Intendencia”, (la actual Secretaría de Estado) en el Viejo San Juan y luego a las 11:00 a.m. se celebrará la Misa Solemne en la Catedral con los restos mortales del “diputado puertorriqueño a las Cortes de Cádiz (16 de agosto de 1809)”.

La importancia de este suceso histórico, según lo señala la Carta Pastoral sobre Identidad Católica y Piedad Popular en Puerto Rico, es que “La primera efeméride que estaremos celebrando en el orden cronológico en transcurso de este año, será el gesto de Juan Alejo de Arizmendi, primer Obispo de origen puertorriqueño al entregar su anillo episcopal a Don Ramón Power y Giralt. Consta en mi Carta pastoral Patria, nación e identidad: don indivisible del amor de Dios la narración este acontecimiento”, lee el documento oficial.

 

 

E-mail
Print
PDF

“Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe”. (I Corintios 15,14)

La Resurrección de Cristo es el mayor evento de la historia de la salvación. Tan es así que, aún hoy en tiempos posmodernos, en que sectores poderosos de los medios insisten en trivializar a Dios, relativizar la fe y excluir al Señor de lo temporal, este suceso sigue siendo una verdad y un hecho indiscutible.

La confirmación más contundente de que Cristo resucitó es que hubo testigos que entregaron su vida, con el martirio, por la promesa cumplida de Jesús. “Es un anuncio que generaciones enteras de hombres y mujeres a lo largo de los siglos han acogido con fe y han testimoniado a menudo al precio de su sangre, sabiendo que precisamente así entraban a la nueva dimensión de la vida”, expresó el hoy Papa Emérito Benedicto XVI, en una Audiencia General en Roma, en 2009.

Han transcurrido 1980 años de la Resurrección de Jesús y, hoy, la cristiandad católica celebra la victoria de Cristo sobre la muerte, la victoria de la luz sobre las tinieblas. No obstante, aún en estos días no falta quien trata de negar su historicidad reduciendo el relato evangélico a una visión. “La pregunta que la persona de fe le hace al que no cree surge del Evangelio de San Lucas 24,5-6, insertada en el relato de la Resurrección. ‘¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que resucitó’. El anuncio de la Buena Nueva de la Resurrección surge de una Persona, surge de Jesucristo muerto y Resucitado. Es un evento único, pero a la vez, que crea una nueva realidad para todos. Esta nueva realidad es la Persona de Cristo que al morir y resucitar abre una nueva realidad para la persona humana”, expresó el Obispo de Mayagüez, Monseñor Álvaro Corrada del Río S.J.

Monseñor Corrada del Río explicó que la pregunta del Ángel, “¿Porqué buscan entre los muertos al que vive?”, reta a la persona posmoderna a enfrentarse al vacío de la experiencia del individuo que opta por vivir sin fe y sin Dios. “El reto del vacío de esta vida sin Dios es cuestionarse siempre: ¿Cómo puedo vivir una realidad humana sin esperanza y fe cuando para el ser humano con o sin Dios llega el momento de aceptar la esperanza de vivir por el amor generoso y salir del ensimismamiento al otro?”

Al momento, hay evidencia geográfica, histórica, lugares y documentos que certifican que hace 20 siglos Jesús resucitó. Hay una tradición de textos bíblicos antiquísimos que a base de una serie de traducciones nos ayudan a entender esto. Sin embargo, para el Obispo Emérito de Arecibo, Iñakí Mallona, todo es cuestión de fe. “Es un principio de fe, no es cuestión de comprobación. La comprobación la pudieron hacer los apóstoles ante el hecho de verle a Él resucitado y con sus llagas; ellos nos han dado el testimonio. Los demás hemos creído por la fe. No son cuestiones de hecho experimentales que uno pueda tener, con experimentales quiero decir exactas. Está la historia misma de la Iglesia, todo lo que ha sido la marcha de la Iglesia, la santidad de unos y de otros en el matrimonio, en la vida cristiana. Lo que la Iglesia ha supuesto de orientación para la humanidad, sus valores, incluso en sus propias instituciones de tipo natural”, detalló.

Igualmente, el Obispo de la Diócesis de Fajardo- Humacao, Monseñor Eusebio Ramos Morales coincidió con Monseñor Iñaki. “Ese es el gran misterio de nuestra fe. Jesús murió y resucitó es un gran misterio, pero al mismo tiempo, la gran llamada que le hace Jesús a sus discípulos y a su Iglesia. El está vivo, esa es nuestra fe y corre en nuestros corazones y tenemos que continuar”.

De otro lado, el Papa Emérito Benedicto XVI dijo en 2009 que “la Resurrección no fue para Jesús un simple retorno a la vida anterior, como por ejemplo sucedió con Lázaro. La Resurrección se sitúa en otra dimensión; es el paso a una dimensión de vida profundamente nueva, que nos toca también a nosotros, que afecta a toda la familia humana, a la historia y al universo. Este acontecimiento introdujo una nueva dimensión de vida, una apertura de nuestro mundo hacia la vida eterna.”

Sobre este particular Monseñor Corrada del Río expresó: “La Resurrección de Cristo me abre la puerta a la vida eterna. Amar a Cristo es amar a Dios y a los demás. Por eso, el que escucha la Buena Nueva de la Resurrección puede arriesgarse a caminar en la fe de Cristo vivo y unirse al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia”.

Por su parte, el Obispo Emérito Iñaki opinó que “la Resurrección es un hecho que está en total vigencia y está sucediendo en cada uno de nosotros que nos abrimos a la fe y a la caridad frente al Padre.” Asimismo, reiteró que “para el creyente el punto de partida es siempre Cristo Resucitado por estar vivo, no solamente en la gloria del Padre, sino también en medio de nosotros. Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo nos dijo Jesús”.

Finalmente, el Obispo de la Diócesis del Yunque indicó que Puerto Rico vive momentos de muchas dificultades, de mucho dolor por la crisis familiar, la crisis económica y social, el relativismo moral y el secularismo. “Recobrando la fe como discípulos misioneros, y recordando esa fe y buscando ser verdaderos testigos vivos, alegres, coherentes y entusiastas de Cristo Jesús podemos seguir sembrando, llevando la Buena Nueva por todas partes y sembrando la semilla del Evangelio en cada corazón. Unidos como pueblo podemos caminar recobrando la alegría y la paz para todos y trabajando por la justicia social de nuestro país”.

E-mail
Print
PDF

¿Me gustan los hombres? Sí. A mis 17 años de edad confronté mi vida y reconocí esta realidad. Aun así, miles de preguntas rondaban mi cabeza sin dejarme descansar y fue entonces cuando comenzó la búsqueda de la verdad. ¿Quién soy? ¿Por qué soy así? ¿Por qué me gustan los hombres? ¿Por qué yo? Ahora, ¿qué hago? Pero ahí seguían sin ser contestadas. Busqué respuestas en amigos, compañeros de la universidad, en gente de la misma Iglesia, en el trabajo y nada aún me convencía del todo.

Comencé una relación de noviazgo, la cual se definió por una sexualidad descontrolada, en donde si había sentimientos pero más que todo era el placer constante. Esta relación me llevó a caer en la mentira, en la desesperación, en la rebeldía, en la indiferencia… Me llevó a cambiar quien realmente era. Sacrifiqué muchas cosas porque eso era “amor”, mi mala concepción del amor.

Llegué a considerar salirme de la Iglesia, porque era muy pecador. Lo cual era un error. En la Iglesia todos somos imperfectos, tratando de hacernos perfectos en el amor a Dios. Pero no lo entendía así. Me sentía rechazado y marginado por todos, cuando era yo mismo quien me alejaba y marginaba.

Pero un gran hombre de Dios, que conocía mi situación, me dijo: “De aquí no te vas, momentos como este los hemos tenido todos y ahora es cuando más tienes que agarrarte de Dios. En momentos de tormenta no se hacen mudanzas”.

Y así lo hice. Seguí buscando la verdad, consciente de que este como otros era tan solo un momento. Y mi familia, ¿dónde queda en todo esto? Estaba ahí, un poco silente pero no ausente. Contra ellos también me rebelé, pensando que me hacían daño, cuando era yo quien los hería y ofendía, sin permitirle compartir mis penas.

Ahora sé que se preocupaban y que con sus oraciones y lágrimas me acompañaban. Luego de esa relación, en la cual creía amar, comencé a destruirme aún más, El apetito sexual se había agudizado y la promiscuidad comenzó a tomar lugar. En este lugar quisiera detenerme y pedir perdón a todas las personas que les hice daño. Por mi soberbia, por mi dolor, por mi necesidad de afecto, por un vacío… A mi familia; mis amigos; a mi Iglesia; a quienes no recuerdo ni sus nombres, y, en especial, a Dios por no reconocer su gran amor y su misericordia.

Recuerdo en muchos de esos encuentros casuales conocer personas sumamente buenas, personas exitosas, personas creyentes, pero con una gran necesidad de afecto, de cariño, de amor. Personas muy solas. Necesitadas de personas, como tú y como yo, que nos sentamos semana tras semana en el mismo lugar a escuchar la palabra de Dios que por años ya hemos escuchado, que decimos tener la verdad, que comemos a un Dios vivo, que es todo amor en la Eucaristía, pero que queremos moldear a nuestra manera. No olvidemos lo que dice la palabra en Marcos 2; 17: “Al oír esto Jesús, les dijo: ‘Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.”

Si la palabra de Dios, Jesús mismo, ya hubiera penetrado nuestros corazones seriamos reflejo del amor de Dios, rico en misericordia y el mundo que conocemos sería diferente. Aunque como Iglesia de Dios no estemos de acuerdo con la práctica homosexual, estamos llamados a acoger y amar con comprensión a nuestros hermanos. Es por eso que yo aún sigo aquí, por personas que tomaron de su tiempo no para juzgarme sino para llevarme en el amor a Dios.

Quizá deba terminar aquí. Pero me parece un final demasiado idílico y fantasioso, para una vida tan turbulenta y confusa.

Esa búsqueda de la verdad de la que al comienzo hablaba, poco a poco se ha ido definiendo en Dios. Dios Padre, creador del cielo y de la tierra, cuya creación está inscrita con la verdad.

Hoy camino hacia ese encuentro con Dios, propenso a volver a caer, a volver atrás, a cansarme, a querer dejarlo todo, a confundirme, a olvidar a donde voy… Por eso he ido aprendiendo a vivir el día a día, con pequeños pasos, pero firmes; consciente de mi realidad y a donde quiero llegar; buscando ser perfecto y consciente de la Misericordia de Dios.

(El autor es un laico que participa de la Pastoral de Courage Puerto Rico en la Arquidiócesis de San Juan.)

E-mail
Print
PDF

En este día en que se cumple el octavo aniversario del fallecimiento del Beato Juan Pablo II, recordamos ese 2 de abril de 2005, en el que la Iglesia universal se unía en la oración, por su amado Pastor, que durante sus 26 años de Pontificado llevó por todas las plazas del mundo el Evangelio de la esperanza y del amor de Cristo.

Era la vigilia del Domingo in Albis y de la Divina Misericordia, instituida por el Papa Karol Wojtyla, el 30 de abril del Año Santo del 2000, con ocasión de la canonización de sor María Faustina Kowalska, con el anhelo de que el domingo que cierra la Octava de Pascua, se haga memoria del mensaje de misericordia de Jesús, que «sigue llegándonos a través del gesto de sus manos tendidas hacia el hombre que sufre, inclinándose sobre todas las miserias humanas, tanto materiales como espirituales».

«Es el amor que convierte los corazones y dona la paz» - escribió Juan Pablo II – destacando que «el mundo tiene mucha necesidad de comprender y acoger la Divina Misericordia». Y un día como hoy, Benedicto XVI, recordaba a su amado Predecesor, exhortando a ser Misioneros del amor de Cristo a la humanidad, al recibir a unos cinco mil peregrinos de Madrid, que habían venido al Vaticano, para agradecerle su viaje a España, para la Jornada Mundial de la Juventud. Los alentó «a testimoniar - en todo momento y por doquier con valentía y fidelidad – la potencia y la luz de Cristo que transforma el mundo y es el mejor de los amigos».

Benedicto XVI recibió en audiencia, en el Aula Pablo VI - animada por un ambiente de gran alegría y fervor - a esos numerosos y queridos amigos, evocando al beato Juan Pablo II y sus palabras fueron recibidas con un conmovido y gran aplauso:

«Me complace dar la bienvenida, junto a la sede de Pedro, a quienes formáis parte de esta peregrinación, que habéis organizado con ilusión para agradecer al Papa su viaje a España con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Saludo cordialmente de modo muy especial, a los jóvenes, que son los protagonistas y principales destinatarios de esta iniciativa pastoral impulsada vigorosamente por mi amado predecesor, el beato Juan Pablo II, del que hoy recordamos su tránsito al cielo».

Y hace ocho años, el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires y Primado de la Iglesia Argentina, celebraba la Santa Misa en memoria de Juan Pablo II, destacando la coherencia obediencial y trascendental de su corazón a la voluntad de Dios.

«Recordamos a un hombre coherente que una vez nos dijo que este siglo no necesita de maestros, necesita de testigos, y el coherente es un testigo. Un hombre que pone su carne en el asador y avala con su carne y con su vida entera, con su transparencia, aquello que predica», decía el Card. Bergoglio, de Juan Pablo II y añadía «este coherente que por pura coherencia se embarró las manos, nos salvó de una masacre fraticida; este coherente que gozaba tomando a los chicos en brazos porque creía en la ternura. Este coherente que más de una vez hizo traer a los hombres de la calle, para hablarles y darles una nueva condición de vida. Este coherente que cuando se sintió bien de salud pidió permiso para ir a la cárcel a hablar con el hombre que había intentado matarlo».

Es un testigo, dijo el Card. Bergoglio y terminó su homilía repitiendo las palabras: «Lo que necesita este siglo no son maestros son testigos». Y en la encarnación del Verbo, Cristo es el testigo fiel. Hoy vemos en Juan Pablo una imitación de este testigo fiel – reiteró, para añadir textualmente: «Y agradecemos que Juan Pablo haya terminado su vida así, coherentemente, que haya terminado su vida siendo simplemente eso: un testigo fiel».

(News.Va)

E-mail
Print
PDF

‘Son evidentes los derechos de quien aún no ha nacido, al que se deben garantizar las mejores condiciones de existencia, mediante la estabilidad de la familia fundada sobre el matrimonio y la complementariedad de las dos figuras, paterna y materna’. (DSI #235)

Muchas parejas a las que no les es posible tener hijos recurren a otros medios para lograr convertirse en padres. Actualmente la fertilización in vitro, donantes de esperma u ovarios y los vientres de alquiler son las alternativas que más auge han adquirido. No obstante, la Doctrina Social de la Iglesia, en el # 235, señala que es necesario reafirmar que no son moralmente aceptables todas aquellas técnicas de reproducción como la donación de esperma o de óvulos; la maternidad sustitutiva; la fecundación artificial heteróloga en las que se recurre al útero o a los gametos de personas extrañas a los cónyuges.

Para Padre Jorge Ambert, que trabajó por más de 20 años en el Movimiento de Renovación Conyugal, el fin no justifica los medios. “El fin que es bueno no justifica los medios. La inseminación artificial, los vientres alquilados y la fertilización in vitro, por mencionar algunos, son medios ilícitos. El amor entre dos personas, que son complementarios, incluso genéticamente, se complementan porque la mitad de la vida la da uno y la otra mitad la da la otra, entonces es un acto personal que brota de un amor. No podemos convertir la vida en una probeta de laboratorio, en un experimento porque se despersonaliza, se desacraliza, se pierden muchos valores en este proceso”.

Asimismo destacó que “aunque tengamos que sufrir por el hecho de que no voy a tener la experiencia de parir y esa ciertamente es una experiencia bonita, hay que hacerle entender a las parejas que la única vida o la vida mejor no es la que se da en el vientre o en el útero, sino que la vida genuina es la que brota del amor, de un empeño por construir un hogar entre dos personas. Nuestra posición en la Iglesia Católica y nuestra filosofía cristiana es que la vida es simplemente causada por un acto de amor personal y si se destruye ese personalismo es una vida que se degrada”.

Por su parte, el presidente de la Asociación Médica de Puerto Rico, Natalio Izquierdo detalló los problemas a los que se enfrenta una mujer que decide alquilar su vientre. “Tenemos que pensar en esa mujer que alquila su vientre, en algunos casos por necesidad y aunque todos sabemos que el embarazo no es una enfermedad, sí conlleva una serie de cambios hormonales y unos riesgos de salud a la hora del parto. No se está tomando en cuenta que esa persona que está prestando su vientre también está corriendo un riesgo de ética y esa pareja que desea tener un hijo en el vientre de otra está poniendo en riesgo a una tercera persona”.

De igual forma, el oftalmólogo reiteró los problemas emocionales a los que se enfrentan las mujeres que alquilan sus vientres. “Todas las mujeres que han parido saben que desde el primer momento que sienten al bebé dentro de su vientre lo van amando y también saben que cuando ese bebé nace y ellas le hablan el bebé se calma porque está acostumbrado a esa voz de mamá. El daño es doble para la madre que lo cargo en su vientre y luego del nacimiento tiene que entregarlo y para esa criatura indefensa que ya no va a escuchar a esa mujer que le habló mientras estaba en la barriga”.

Izquierdo advirtió a los médicos que están jugando a ser Dios porque sólo insertan embriones sanos. “Se están escogiendo los bebés. Si un bebé viene con tumores ese se desecha, cogemos al sanito. En ese sentido los médicos están jugando a ser Dios, están escogiendo. Nos quejamos de Hitler que quería una raza perfecta, pero estamos haciendo lo mismo cobijados bajo la ley y eso sin duda tiene un impacto moral y espiritual”, dijo el galeno.

De otro lado, Padre Cano enfatizó que una procreación fuera de la pareja la prefiere calificar como “artificial” porque no conlleva la consumación de una unidad en el amor entre un hombre y una mujer.

“Entonces yo entiendo que en cierta medida muchos profesionales de la línea de la salud, sobre todo aquellos que verdaderamente se han ido en la línea de atender a las mujeres que van a tener a su prole o su hijo, buscan también ganar un poco de dinero tratando de que esta filosofía del vientre alquilado tome auge, porque eso deja mucho dinero y yo me opongo a eso”.

Sobre las parejas del mismo sexo que están utilizando el vientre de alquiler como una alternativa para convertirse en padres, Padre Cano Alayón señaló que es importante orientarlos. “Alquilar un vientre entre una pareja del mismo sexo tiene que verdaderamente cuestionarse porqué de ahí va a venir una vida y esa vida va a llegar a una sociedad. Es importante que sepan los efectos que va a tener en esa criatura que va a tener dos papás o dos mamás”, subrayó el Vicario de Pastoral Familiar, de la Diócesis de Caguas.

Ante esto Padre Ambert confirmó que “la vida necesita un lugar especial que no es un laboratorio, que no es dos papás o dos mamás, eso está fuera del personalismo. Esto sería degradar la experiencia de la maternidad y la paternidad y estamos en contra de ver esta forma de perder la vida”.

Finalmente, el Catecismo de la Iglesia Católica, en el # 2370, indica que el Evangelio enseña que la esterilidad física no es un mal absoluto. Los esposos que, tras haber agotado los recursos legítimos de la medicina, sufren por la esterilidad, deben asociarse a la Cruz del Señor, fuente de toda fecundidad espiritual.

“Pueden manifestar su generosidad adoptando niños abandonados o realizando servicios abnegados en beneficio del prójimo”, concluyó.

 

E-mail
Print
PDF

developed by