“Pero llega la hora, y ya estamos en ella, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad”. (Juan 4:23)

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El Buen Pastor da la vida por sus ovejas; protege en su redil a las 99 y se lanza afanoso en busca de la descarriada; la que rescata cariñosamente de las garras del lobo.

Jesús es el Buen Pastor y como tal, cada obispo y sacerdote es llamado a ser una extensión de su entrega pastoral.

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“En todo tiempo, la unión del hombre y la mujer vive amenazada”, (C.I.C. #1606).

 

Para responder a la crisis moral generalizada que enfrenta el matrimonio y la Iglesia doméstica, se estableció el Instituto de Matrimonio y Familia de la Pontificia Universidad Católica (PUCPR) en Ponce.

El Profesor Jorge Macías de Céspedes, coordinador del Instituto Matrimonio y Familia, está esperanzado en el impacto a la comunidad en pro del matrimonio y la familia.

“Nosotros en Puerto Rico, estamos viviendo unas realidades que son alarmantes; unas realidades sociales, económicas y espirituales de toda índole”, comentó el profesor Macías. Precisamente, esa es la realidad que combatirá el instituto.

“Si hay un buen matrimonio, automáticamente va a haber una buena familia. Si hay una buena familia, y hay muchas buenas familias juntas, va a haber una mejor sociedad”, afirmó.

El instituto cuenta con un comité de 6 personas de distintos campos del saber y buscará impactar a la comunidad universitaria y a la comunidad en general.

Según el profesor, los Encuentros de Pastoral Nacional y la Misión Continental incidieron en la creación del Instituto por iniciativa del Doctor Jorge Iván Vélez Arocho, Presidente de la PUCPR, y Monseñor Félix Lázaro Martínez, Obispo de Ponce y Gran Canciller de la PUCPR.

Al poco tiempo de su formalización, el Instituto celebró su primera actividad en octubre de 2012, donde se ofrecieron conferencias y se impartió un curso de tres días, titulado “Resolución de Conflictos y la Familia”.

Por otro lado, el Instituto sostiene conversaciones con la Universidad de Salamanca en la búsqueda de poder ofrecer una Maestría en Matrimonio y Familia para fines pastorales. El proyecto se espera que se materialice en algún momento del 2014, como explicó Macías de Céspedes.

Asimismo, el Instituto espera realizar alianzas con otros organismos en la PUCPR para brindar servicios a la comunidad. “A largo plazo, queremos trabajar en conjunto con el departamento de consejería, de asistencia legal y otros”, afirmó.

El próximo 26 y 27 de abril el Instituto realizará el Segundo Simposio de la Familia, que se verificará en la Sala Madre Teresa de Calcuta de la PUCPR de Ponce. Sexualidad, Pastoral de Divorciados y Espiritualidad en el matrimonio serán algunos de los temas.

“Lo importante de esto es ser parte del servicio que da la Iglesia a todas las personas que viven la realidad del matrimonio y la familia, y para aquellos que quieren trabajar por los matrimonios”, aseguró el coordinador en su exhortación a la comunidad a que se de cita en el simposio.

 

Los interesados en los servicios del Instituto pueden llamar al 787-841-2000, ext. 1455.

 

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Quien invoca al Señor en su sufrimiento y enfermedad, está seguro de que su amor no le abandona nunca, y de que el amor de la Iglesia, que continúa en el tiempo su obra de salvación, nunca le faltará (Papa Emérito Benedicto XVI Jornada Mundial del Enfermo 2012).

La Asociación Médica de Puerto Rico (AMPR) en unión a otros grupos médicos, informó la reducción de un 2% a los rembolsos por la prestación de servicios sometidos a Medicare. Según el presidente de la AMPR, Natalio Izquierdo, desde el primero de abril aplican las reducciones como parte de los recortes en el gasto de las agencias federales causadas por el llamado “proceso de secuestro”. Estos recortes prevalecerán hasta el 2021.

“Los pacientes seguirán pagando los mismos co-pagos y deducibles que pagaban antes, porque el recorte se impone solo al 80 % de la porción que recibe el proveedor de Medicare. Por ejemplo: si un servicio reembolsaba al proveedor $100.00 y recibía $80.00 de Medicare y $20.00 del paciente. Ahora recibirá $78.00 de Medicare y $20.00 del que recibe el servicio”, explicó Izquierdo.

Asimismo, detalló que “el costo de los medicamentos administrados por los médicos en sus facilidades incluidos en esas reclamaciones, también está sujetos al recorte del 2%”. Añadió que “esto será oneroso especialmente para los hematólogos que administran quimioterapias en sus centros”, advirtió el presidente de AMPR.

El también oftalmólogo dijo que esta disminución aplicará además a los reembolsos de los Centros de Cirugía Ambulatoria por lo que se afectarán varias instituciones de la Isla.

De otra parte, el presidente de AMPR abundó que un estudio conjunto publicado por la Asociación Médica Americana, la Asociación Americana de Hospitales y la Asociación Americana de Enfermeras alertó que “el recorte del 2% puede afectar el crecimiento de la Industria de la Salud. De hecho, el estudio predice una pérdida de 766,000 empleos en la industria de la salud en los Estados Unidos para el año 2021”.

“De acuerdo al estudio, las cinco industrias que encabezan la lista para perder empleos directos serán las oficinas médicas, proveedores no médicos de salud, las de cuidado de enfermería, cuidado del hogar, centros de cirugía ambulatoria, laboratorios médicos y diagnósticos. Mientras que los empleos indirectos que se afectarán son los que tienen que ver con las ventas comerciales de suplido a la industria de la salud”, comentó Izquierdo.

Al momento, se desconoce el impacto que esto tendrá en Puerto Rico. Sin embargo, la AMPR se unirá a asociaciones homólogas en Estados Unidos para analizar su impacto en poblaciones latinas.

No obstante, Izquierdo anticipó que “los médicos en Puerto Rico seguiremos atendiendo a nuestros pacientes con el mismo esmero y calidad del servicio que brindamos, de acuerdo a los estándares más estrictos de Medicare”, concluyó.

 

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(Nota del Director: Primero de varios artículos.)

Nos asusta saber que nuestro País es el segundo en el mundo en divorcios proporcionalmente hablando. En el 2008 daban como estadísticas que de diez, siete se divorcian. Japón, sociedad tecnológica y pagana, tiene porcientos relativamente insignificantes. ¿Por qué aquí duran tan poco los matrimonios? Lo anormal (la excepción posible de un fracaso) ¡es aquí lo normal! Lo raro en este país es durar hasta la muerte con el cónyuge, al que solemne y públicamente se juró perpetuidad.

Cada caso es un mundo, ciertamente. Pero quiero reflexionar en esta serie de artículos en algunas causas. No serán alivio para los que ya fracasaron. Pero pueden servir de aviso para los novios que con ilusión y ansiedad se acercan al día de jurarse amor conyugal.

Una primera causa es que alguno de los dos –o ambos- no han asumido radicalmente este compromiso. Quién sea cuántos dirán lo que aquel galán argentino de telenovela: “la que se casa es ella, no yo”. De ahí brotan los famosos casados-solteros. Son personas que nunca han entrado de veras en el matrimonio; no se han mojado; sólo metieron el dedo gordo en el agua de la piscina. No han vivido de veras el matrimonio. Lo curioso es que después despotrican diciendo solemnemente que el matrimonio no sirve.

Hernán Cortés –según la leyenda- quemó sus naves en la costa de México para evitar en sus soldados hasta el pensamiento de la retirada. Solo quedaba el mar o la lucha con los indios para sobrevivir. Pero estas parejas de que hablamos no quemaron sus naves. Y como están allí en la playa, atractivas, con facilidad se suben a ellas ante las dificultades comunes. En realidad nunca se bajaron. Han estado casados, pero no han vivido en matrimonio.

El casado-soltero no cae en la cuenta de que, al casarse, ha surgido un cambio substancial en su personalidad, un cambio radical o profundo. Lo que te valía como soltero no te vale necesariamente como casado. Al casarte, automáticamente todo lo tienes que revisar. Es posible que estos amigos eran válidos cuando solteros, pero casados ya estorban. Tus padres ocupaban un lugar de prioridad en tus preocupaciones y cariño como soltero; casado, ya no ocupan el primer lugar: ese es para el cónyuge.

El matrimonio -como cualquier actividad que se emprende seriamente- exige todo tu ser. Dejar parte fuera es no vivir el matrimonio. Como el que guía un carro con un pie sobre la carretera fuera del vehículo, ni está dentro ni fuera; solo expuesto a un accidente. Eso expresaste al pronunciar el sí de amor al cónyuge delante de tu comunidad cristiana: “Todo mi yo se entrega a ti en salud y enfermedad, alegría o tristeza…”

No entenderlo íntegramente así es frustrarlo.

Hay muchas parejas que caminan cojas. Tan cojas que la misma Iglesia declarace la invalidez de esa relación. Nunca debieron haberse embarcado en esa aventura, porque sencillamente no existió una aceptación de lo que con la boca pronunciaban. Por eso les llegará el momento en que les caiga grande el compromiso y fracase el matrimonio. Saldrán de el, aunque en realidad nunca entraron. Mientras tanto funcionaron como anfibios, en dos aguas; o como ranas, que ni son renacuajos, ni peces en la charca, ni ranas en el jardín. ¡Tristes matrimonios!

 

(Para salvar su matrimonio o recibir orientación conyugal llame al 787-319-6331 y al 787- 751-6001.)

 

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Versan las Sagradas Escrituras que, después de su Gloriosa Resurrección, durante 40 días Jesucristo se le apareció a sus discípulos.

Las apariciones son documentadas en los Evangelios.

Al igual que el Vía Crucis, una reflexión profunda del Vía Lucis o Camino de la Luz puede robustecer su vida espiritual porque es una oración de gozo y alegría porque Cristo venció a las tinieblas.

Meditemos el Vía Lucis por la paz en Puerto Rico y el mundo.

 

I Estación

¡Cristo vive!: ¡Ha resucitado!

(Mateo 28, 1-7)

Los enemigos de Cristo, que persiguen a la Iglesia diseminando mentiras, se quedan absortos al contemplar un año más como los fieles celebran jubilosos la Resurrección del Señor. Los templos se desbordaron durante el pasado Triduo Pascual como una confirmación indiscutible de que la Verdad ha vencido a la mentira. La Luz del Resucitado, en la presente Pascua y siempre, venció las tinieblas y espera para iluminar tu hogar, tu vida, a tus seres queridos y tu cotidianidad. El mundo insiste en buscar entre los muertos al que Vive, pero con nuestros testimonios muchos creerán. ¡Fortalécenos, Señor!

 

II Estación

El Encuentro con María Magdalena

(Mateo 28, 9-10)

La mujer sorprendida en adulterio, redimida de su pecado por la Divina Misericordia del Señor, tuvo la dicha de convertirse en el primer testigo de la Resurrección de Cristo. Las personas convertidas al Evangelio después de una vida pecaminosa y que confiesan a Jesús como Camino, Verdad y Vida conocen muy bien cuánto Dios las ama. Pecador, hay esperanza. Entrégale a Cristo tus luchas y pasiones dominantes porque El es nuestra paz.

 

III Estación

Jesús se aparece a las mujeres

(Mateo 28, 8-10)

En su época Jesús restauró la dignidad de la mujer, considerada en la cultura de entonces inferior al hombre. Así, en una sociedad machista, como la del Puerto Rico de 2013, en que numerosas mujeres son víctimas de violencia doméstica, de acoso sexual y hostigamiento laboral, el Resucitado necesita de voluntades, manos, piernas y voces que denuncien las injusticias que se cometen contra la mujer y le comuniquen a las que sufren cuánto el Señor las ama.

 

IV Estación

Los soldados custodian el sepulcro de Cristo

(Mateo 28, 11-15)

Los portavoces de la cultura de muerte no conciben la esperanza más allá del sepulcro. Sus ojos están vendados y su corazón, en tinieblas. Por eso ceden tan fácilmente a la manipulación; a hipotecar por dinero sus principios y negar la Verdad. Adormecidos por la avaricia perdieron la oportunidad de renovar sus vidas contemplando al Resucitado. Soltemos las cargas que nos impiden avanzar en el camino de la Fe para ser capaces de descubrir el sepulcro vacío.

 

V Estación

Pedro y Juan contemplan el sepulcro vacío

(Lc 24, 12)

Juan y Pedro corrieron esperanzados. La esperanza anima, activa, levanta y moviliza. El cristiano que ha depositado su confianza en Cristo Resucitado no es un ser estático, quieto e inmóvil. Todo lo contrario: corre y se desplaza con celeridad a trabajar por el Reino, amando y anunciado la Buena Nueva. Y ahora que inicia la Misión Continental, en este Año de la Fe, la Iglesia necesita católicos comprometidos que den la milla extra por la Nueva Evangelización.

 

VI Estación

Jesús en el cenáculo muestra sus llagas a los apóstoles

(Juan 20, 19-23)

Por sus llagas fuimos sanados, profetizó Isaías. Y el cuerpo destrozado de Cristo, resucita glorioso, demostrando a sus discípulos como en la resurrección de los muertos la materia, por más corruptible que sea, se transformará por el soplo del Espíritu de Dios.

 

VII Estación

En el Camino de Emaús

(Lc 24, 13-32)

Lo reconocieron al partir el Pan. Y bien lo dijo: “Yo soy el Pan Vivo que ha bajado del Cielo. El que coma de este Pan vivirá para siempre”. Eucaristía y Resurrección se complementan. A veces nos distraen tantos ruidos e intereses que desaprovechamos la bendición de reconocer a Jesús Resucitado presente en la Hostia consagrada. Puerto Rico necesita acercarse a la Eucaristía.

VIII Estación

Jesús confiere a los apóstoles el poder de perdonar los pecados

(Lc 24, 36-45)

Cristo instituye así el sacramento de la Reconciliación. El sacerdote perdona nuestros pecados, no por sus méritos, sino en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La confesión de nuestros egoísmos y otras faltas supone un paso de humildad que nos libera del orgullo que nos aleja de la sanación del perdón. Recordemos: la Divina Misericordia de Jesús es más grande que nuestros pecados y los del mundo entero.

 

IX Estación

Jesús fortalece la fe de Tomás

(Juan 20, 26-29)

Tomás necesitó ver y tocar para creer. Pero Jesús dice: ‘Dichosos los que creen sin haber visto’. La fe, una de las tres virtudes teologales, por consiguiente es don de Dios. El testimonio más convincente de la fe es el amor que se traduce en servicio a tiempo y destiempo. No olvidemos que otros hoy necesitan ver nuestras obras de amor para creer. La visita al preso, al enfermo o al anciano, incluso el servicio a los que reniegan de Dios y atacan a la Iglesia, son testimonios impactantes.

 

X Estación

Jesús Resucitado en el Lago de Galilea

(Juan 21, 1-6)

Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe, dice el apóstol Pablo. Y la confianza absoluta en la Resurrección del Señor, impulsa la Barca de Pedro por los mares turbulentos de la cultura posmoderna que lo afirma y lo cree todo, excepto a Dios. Hemos de confiar en el Señor para no cansarnos de lanzar las redes en un Puerto Rico que gime y llora. La obra es de Dios. El nos fortalecerá como a los apóstoles en aquella noche infructuosa. ¡Animo!

 

XI Estación

Jesús confirma a Pedro en el amor

(Juan 21, 15-19)

A Cristo, si analizamos bien, lo negamos de muchas formas. La confirmación pública de nuestro seguimiento no debe ser un sacrificio, todo lo contrario: ¡un gozo! Tres veces Pedro negó al Señor y tres veces Jesús le pregunta si lo ama. Y ripostó cada respuesta con un mandato de servicio a sus ovejas… ¡Qué huérfano de amor está nuestro Puerto Rico! ¿Quiénes, si no los católicos que hemos comprendido la Verdad, somos llamados a apacentar un país sacudido por la violencia y el desamor? En verdad, ¿amamos a Jesús?

 

XII Estación

Jesús encarga su misión a los apóstoles

(Lc 24, 44-48)

Inicia la Misión Continental y se emprende la Nueva Evangelización en el Año de la Fe y ahora con el contagioso dinamismo del Papa Francisco. Mas hemos de recordar que la misión no es un proyecto aislado y mucho menos individual. Es una obra de Iglesia, comunitaria, de laicos y sacerdotes, que demanda sacrificio, entrega, oración y una entusiasta militancia para, de dos en dos o de cinco en cinco, comunicar a los cuatro vientos en Puerto Rico que sólo Cristo sana y salva.

 

XIII Estación

Jesús asciende al Cielo

(Lc 24, 50-53)

En el Credo repetimos que Jesús subió a los Cielos y desde allá regresará a juzgar a los vivos y muertos… Inmersos en el último Adviento de la historia de la salvación, lo menos que necesita el Señor es cristianos embelesados y cruzados de brazos, mirando al cielo. No, Cristo nos necesita con los pies bien puestos en la tierra, con las manos en el arado y revestidos con la armadura de Dios que menciona Pablo en Efesios 6 para que lo conozcan los que no lo conocen en Puerto Rico porque el Señor no quiere que nadie se pierda.

 

XIV Estación

La venida del Espíritu Santo en Pentecostés

(Hechos 2, 1-4)

El Paráclito impulsa a la Iglesia en el tercer milenio. El Espíritu Santo, Tercera Persona de la Santísima Trinidad, derrama sus dones y frutos en los bautizados que participan de los sacramentos de la Iglesia y se esmeran por propagar la Buena Nueva. Puerto Rico; sus calles ensangrentadas, sus jóvenes desesperanzados y sus familias rotas, necesita testigos, católicos valientes, discípulos y misioneros dispuestos a proclamar el Evangelio, más que con palabras, con su vida para que el mundo crea.

(Después de la reflexión de cada estación puede decir: Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya. Como anunciaron las Escrituras. Aleluya. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.)

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Hay temores fundados, que nos hacen temblar: encontrarnos ante una bestia feroz sin disponer de defensa apropiada; ser amenazados con arma de fuego o cuchillo de cocina; sentirnos heridos de muerte segura, etc. Pero la mayoría de nuestros temores son infundados; es más, no llegan a materializarse.

Los lamentos por los sinsabores del ayer -que ya pasaron-, y los temores que el mañana pueda acarrearnos -que ni siquiera sabemos si algo nos va suceder-, nos privan de los gozos del momento presente -los únicos que existen. Y así sucede que, tontamente, nos robamos la paz que Dios nos da. Para gozar plenamente de ésta, nosotros, los creyentes, hemos de avivar nuestra fe y usar juiciosamente nuestro sentido común.

Primero avivar nuestra fe. Dios, que nos crió por puro amor, continúa teniendo cuidado de nosotros mediante su Divina Providencia, que ha dispuesto que no nos falte nada de lo esencial para vivir, desarrollarnos y llegar a la plenitud de nuestro ser tanto en lo material como en lo espiritual.

En lo material, Dios nos dio padres que cuidaron de nuestros cuerpos, que nos acompañaron a la escuela para que pudiéramos desarrollar nuestra inteligencia. Y con su amorosa vigilancia nos protegieron de todo mal.

En lo espiritual, nos llevaron pronto a la pila bautismal donde nos hicieron hijos de Dios. Nos acompañaron, llegado el tiempo, a la iglesia donde nos fue posible identificarnos con el buen Jesús mediante la Comunión. Y fortificar todas nuestras fuerzas espirituales al recibir el sacramento de la Confirmación y demás auxilios espirituales que Dios nos ofrece a través de su Iglesia. Aunque se dice que el sentido común es el menos común de los sentidos, lo cierto es que la mayoría nos guiamos por lo que juzgamos es nuestro bien, y evitamos lo que estimamos malo o peligroso. Si este concepto y modo de vivir lo practicamos habitualmente, sí hacemos buen uso del sentido común de los mortales.

Tanto en lo material y espiritual como en el uso del sentido común hay excepciones dolorosas. No todos viven la fe verdadera con entusiasmo, ni todos tienen buen cuidado de su cuerpo, ni menos, todos responden a la llamada de Dios. Y todo esto produce temores, de los cuales somos los únicos responsables.

Para tener y conservar una paz digna de nuestra condición de hijos de Dios, el buen Jesús nos dio un buen consejo: “No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar alma y cuerpo a la gehena” (Mateo 10, 28).

 

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