En su nueva columna semanal titulada “¡Recemos al Espíritu Santo!”, Mons. José Gómez, Arzobispo de Los Ángeles (Estados Unidos) alentó a todos los fieles a no olvidarse de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad cuya fiesta se celebra el domingo de Pentecostés.

En el texto el Prelado recuerda que hace dos semanas se encontró con el Papa Francisco en Roma y le comentó al Pontífice sobre las numerosas Confirmaciones y actividades a favor de la familia que se han celebrado en Los Ángeles.

Mons. Gómez considera que todos los sucesos mencionados son producto de la acción del Espíritu Santo. Por ello, invita a todos los feligreses que durante la víspera de Pentecostés preparen su corazón para recibirlo.

“Tenemos que buscar la guía y la iluminación del Espíritu. Tenemos que rezar para que él nos dé luz para nuestras mentes y para nuestro entendimiento. Para que así podamos conocer las verdades de nuestra fe y lo que Dios nos pide. Para que podamos saber lo que Dios quiere que hagamos en el mundo y en todas las circunstancias de la vida cotidiana”.

El Prelado pide aumentar la devoción al Espíritu Santo y conocer los dones que la Tercera Persona de la Santísima Trinidad puede conceder.

“El Espíritu es la fuente de nuestra fuerza y de nuestro valor. Él nos hace fuertes y nos da confianza para superar las asechanzas de la tentación y del mal. (…) ¡Solo el Espíritu Santo puede abrir nuestros corazones al amor! Él nos inspira a querer saber la voluntad de Dios y a buscar hacerla en nuestras vidas”.

El Arzobispo de los Ángeles resaltó luego la importancia de los sacramentos, mediante los cuales recibimos la gracia por medio del Espíritu Santo que “todavía nos sigue hablando. Él nos ayuda a escuchar la voz de Dios y su Palabra, inspirada en las Sagradas Escrituras. Pero no podemos endurecer nuestros corazones. No podemos tratar de ignorar o de resistirnos al llamado del Espíritu en nuestras vidas”.

El Prelado exhorta finalmente a que los fieles se dejen conducir por el Espíritu Santo y compartió con los fieles la bendición que recibió del Papa Francisco para Los Ángeles.

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«Fui protestante durante veinte años antes de convertirme al catolicismo. Hice que muchas personas abandonaran la Iglesia Católica. Mi fórmula para lograr que los católicos dejaran la Iglesia en general estaba conformada por tres pasos: 1. Lograr que los católicos tengan una experiencia de conversión en un entorno protestante; 2. Darle a la conversión una interpretación protestante; y 3. Acusar a la Iglesia Católica de negar la salvación por la gracia». Quien así habla, Steve Wood, fue pastor protestante y director de un Instituto Bíblico hasta que el Señor le concedió la gracia de la conversión al catolicismo.


Fui protestante durante veinte años antes de convertirme al catolicismo. Hice que muchas personas abandonaran la Iglesia Católica. Mi fórmula para lograr que los católicos dejaran la Iglesia en general estaba conformada por tres pasos.

Paso 1: Lograr que los católicos tengan una experiencia de conversión en un entorno protestante.

 

Muchas iglesias fundamentalistas, evangélicas y carismáticas tienen programas dinámicos para los jóvenes, intensos oficios religiosos todos los miércoles y domingos por la tarde y simpáticos pequeños grupos de estudios bíblicos. Además, patrocinan cruzadas, seminarios y conciertos especiales. Los católicos, invitados por un amigo protestante, pueden asistir a uno o más de estos eventos sin dejar de participar de las Misas de los domingos en su parroquia local.

La mayoría de los oficios protestantes proclama una simple doctrina: arrepiéntanse de sus pecados y sigan a Cristo en la fe. Además, hacen hincapié en la importancia de una relación personal con Jesús y en la recompensa de una vida eterna. La mayoría de los católicos que asisten a estos oficios no está acostumbrada a escuchar semejantes desafíos directos de abandonar el pecado y seguir a Cristo. En consecuencia, muchos católicos experimentan una genuina conversión.

Vale decir que deberíamos elogiar a los protestantes por el fervor que ponen para promover las conversiones.

Los líderes católicos deben multiplicar las oportunidades para que la gente se convierta en un entorno católico.

La razón es sencilla: aproximadamente cinco de cada diez personas adoptan las creencias de la confesión en la que experimentaron su conversión. Este porcentaje es incluso mayor para los que tienen conversiones profundas o experiencias carismáticas gracias a los protestantes. (Créanme que lo sé muy bien; me gradué en un colegio de la Asamblea de Dios y fui ministro de la juventud en dos iglesias carismáticas).

Los pastores, evangélicos, líderes de juventud y ministros laicos protestantes son plenamente conscientes de que las experiencias de conversión en entornos protestantes suelen provocar la adhesión a la fe y a la iglesia protestante.

 

Preguntas importantes:

¿Por qué hay tantos líderes católicos que no se percatan de esto?

¿Por qué son tan indiferentes a un proceso que se ha llevado a cientos de miles de católicos de la Iglesia?

 

Paso 2: «Darle a la conversión una interpretación protestante».

La conversión genuina es una de las experiencias más preciosas de la vida, equiparable al matrimonio o al nacimiento de un hijo. La conversión despierta una profunda hambre de Dios. Los ministros protestantes efectivos capacitan a sus trabajadores para que den seguimiento a este vivo deseo espiritual.

Antes de una cruzada en un estadio, les daba a los trabajadores de seguimiento un curso de capacitación de seis semanas. Les mostraba cómo presentar una interpretación protestante de la experiencia de la conversión haciendo uso selectivo de los versículos de la biblia.

La cita elegida era, por supuesto, Juan 3,3, el versículo sobre «nacer de nuevo»: «Jesús le respondió: Te aseguro que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios».

Utilizaba la técnica «touch and go» (toca y sigue) similar a la que se utiliza en el entrenamiento de pilotos para aterrizajes y despegues. Tocábamos brevemente Juan 3,3 para demostrar que era necesario nacer de nuevo para alcanzar la vida eterna. Luego describía la conversión en términos de nacer de nuevo. Hacíamos un rápido despegue antes de leer Juan 3,5 que hace hincapié en la necesidad de nacer del agua y del Espíritu.

Nunca les decía que durante 20 siglos las Iglesias ortodoxas y católicas, haciéndose eco de la enseñanza unánime de los padres de la Iglesia, ¡entendían que este pasaje se refería al sacramento del bautismo! Y obviamente nunca traía a colación la cita de Tito 3,5 («Nos ha salvado… mediante el bautismo regenerador y la renovación del Espíritu Santo») como referencia paralela a Juan 3, 5.

Según mi experiencia como protestante, todos los católicos que tuvieron una conversión en un entorno protestante carecían de una sólida comprensión de su fe católica.

En veinte años de ministerio protestante, nunca conocí a un católico que supiese que Juan 3, 3-8 describe el sacramento del bautismo. No fue muy difícil convencerlos de que ignoraran los sacramentos y al mismo tiempo a la Iglesia que hacía hincapié en los mismos.

 

El libro de Proverbios dice:

 

«Parece justo el primero que pelea; mas llega su contendiente y lo pone al descubierto» (18,17).

Los católicos que no cuentan con una base bíblica para sus creencias nunca llegan a escuchar el resto de la historia. Mi uso selectivo de las escrituras hacía que la perspectiva protestante pareciera a todas luces segura. Con el transcurso del tiempo, este enfoque unilateral de las escrituras hizo que los católicos rechazaran su fe católica.

 

Paso 3: «Acusar a la Iglesia Católica de negar la salvación por la gracia».

Los católicos muchas veces consideran que los protestantes que hacen proselitismo son intolerantes, cerrados o que están llenos de prejuicios. Esto es injusto e impreciso; una caridad profunda vigoriza su fervor equivocado.

Hubo una sola razón por la que hice que los católicos dejaran su Iglesia: pensaba que iban camino al infierno. Creía, por error, que la Iglesia Católica negaba que la salvación fuera por la gracia; sabía que cualquiera que creyera esto no se ganaría el Cielo. Trabajé sin parar hasta convertirlos movido por el amor a sus almas inmortales.

Utilicé Efesios 2,8-9 para convencer a los católicos de que era imprescindible que abandonaran la Iglesia: «Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe.»

Primero decía «la Biblia indica que la salvación es por la gracia y no por las obras. ¿Correcto?» La respuesta siempre era sí.

Luego les decía «la Iglesia Católica enseña que la salvación es por las obras. ¿Correcto?» (Nunca conocí a un católico que no dijera que sí. Absolutamente todos los católicos que conocí durante mis veinte años de ministerio confirmaron mi error de que el catolicismo enseñaba que la salvación era por las obras y no por la gracia).

Finalmente, les decía que «la Iglesia Católica está llevando a sus fieles al infierno cuando niegan que la salvación es por la gracia. Será mejor que formen parte de una iglesia que enseñe cual es el verdadero camino al cielo».

 

Como además hacía una reseña veloz del libro de Efesios, muy pocas veces cité el versículo 10 que dice:

«En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos».

Presten mucha atención a los evangélicos que predican en estadios, en la televisión y en la radio. Nueve de diez veces hacen hincapié en Efesios 2,8-9, pero NUNCA mencionan el versículo 10.

No somos esclavos que se esfuerzan vanamente por ganar la salvación haciendo «obras de la ley» (Ef. 2, 8-9). Así, como hijos de Dios, estamos inspirados y fortalecidos por el Espíritu Santo para hacer «obras buenas» mientras cooperamos con nuestro Padre del Cielo para extender el reino de Dios (Ef. 2,10)

El catolicismo enseña y cree en el mensaje completo de Efesios 2, 8-10, sin equívocos ni abreviando la verdad.

Durante veinte siglos la Iglesia Católica enseñó fielmente que la salvación es por la gracia.

 

Pedro, el primer Papa, dijo

«Nosotros creemos más bien que nos salvamos por la gracia del Señor Jesús» (Hch 15, 11).

El Catecismo de la Iglesia Católica, completamente refrendado por el Papa Juan Pablo II, dice, «Nuestra justificación es obra de la gracia de Dios» (número 1996).

El protestantismo comenzó cuando Martín Lutero declaró que somos justificados (considerados rectos) sólo por la fe. Cuando trataba de que los católicos abandonaran la Iglesia, no me daba cuenta de que Martín Lutero agregó la palabra «sólo» a su traducción de Romanos 3,28 a los efectos de probar su doctrina. (La palabra «sólo» no se encuentra en ninguna traducción protestante contemporánea al inglés del versículo Romanos 3, 28).

No me di cuenta de que el único lugar en la biblia en que se hace mención a «fe solamente» en el contexto de la salvación es en Santiago 2,24, en el que la idea de la fe solamente se refuta explícitamente:

 

«Ya veis cómo el hombre es justificado por las obras y no por la fe solamente».

Este versículo era perturbador, pero lo ignoré o lo tergiversé para que significara otra cosa que lo que el versículo y su contexto enseñaban claramente.

¿Los católicos deben participar en eventos protestantes?

No tengo inconveniente de que los católicos participen en eventos orientados al protestantismo y actividades ecuménicas valiosas siempre que:

 

Tengan una sólida comprensión de su fe católica.

Conozcan su fe lo suficientemente bien como para manifestársela a un no católico a través de las escrituras y los padres de la Iglesia.

Tengan la madurez suficiente para darse cuenta de que la presencia más profunda de Cristo no se encuentra necesariamente en un ambiente con demasiado ruido y gran emoción, sino que en momentos tranquilos como en la adoración a la Eucaristía (ver 1 R 19, 11-12).

Desafortunadamente, la mayoría de los hombres y mujeres católicos nacidos después de la Segunda Guerra Mundial no cumplen con dichas condiciones. Para ellos, asistir a funciones protestantes podría significar abrir una puerta que los llevará directo a un camino fuera de la Iglesia Católica.

«Hoy en día hay miles de hombres y mujeres católicos a punto de dejar la única Iglesia por la que Cristo dio la vida». Hace poco escuché que un grupo de hombres católicos decidió no consultar el Catecismo de la Iglesia Católica en su reducido grupo de estudio de la biblia, por considerar que las Sagradas Escrituras eran suficientes. Tres de estos hombres sostuvieron que ya no creían en la verdadera presencia de Cristo en la Eucaristía. Con mi experiencia puedo saber hacia donde se dirige este grupo: directamente a un camino que los alejará de la Iglesia Católica.

 

Durante las tres décadas pasadas, miles de católicos dejaron la Iglesia por las posturas protestantes.

La iglesia más grande de Estados Unidos es la Iglesia Católica; el segundo grupo más importante de cristianos en Estados Unidos es el de los ex-católicos. El movimiento de hombres católicos tiene la solemne obligación de ayudar a los hombres a descubrir las raíces bíblicas e históricas de su fe católica. Entonces, en vez de abandonar la Iglesia, se volverán instrumentos para ayudar a otros a descubrir los tesoros del catolicismo.

Recuerden que un hombre que deja la Iglesia muchas veces llevará también con él a su familia (por generaciones y generaciones). (Le llevó cuatrocientos años, 10 generaciones, a mi familia) regresar a la Iglesia después de que una generación de mis antepasados en Noruega, Inglaterra, Alemania y Escocia decidiera abandonar la Iglesia Católica.

Como una persona cuya familia hizo el camino de regreso al catolicismo, permítanme hacerles una súplica personal a los hombres católicos, especialmente a los líderes de diversos grupos de hombres católicos:

No coloquen a católicos sin formación en un entorno protestante. Pueden ganar experiencia religiosa en el corto plazo, pero corren el riesgo a largo plazo de perder la fe. Sería sumamente irresponsable exponerlos al protestantismo antes de exponerlos completamente al catolicismo.

En el funeral de mi padre, veintinueve años atrás, canté, lleno de lágrimas, su himno favorito, «Faith of Our Fathers» (La fe de nuestros padres). Ni mi padre, el hijo de un ministro, ni yo caímos en la cuenta de que la verdadera fe de nuestros antepasados fue el catolicismo romano.

Todos los días agradezco a Dios que me haya hecho regresar a la antigua Iglesia de mis antepasados. Todos los años que Dios me permita pasar en este mundo continuaré proclamando tanto a mis hermanos protestantes como a los católicos incipientes la gloriosa fe de nuestros padres.

 

¡Paz y bien hermanos!

 

Steve Wood

¿Quién es Steve Wood?

Ex-director de un Instituto Bíblico en la Florida, Ex-pastor evangélico de una Iglesia interdenominacional. Estuvo sirviendo también en Costa Mesa en la Iglesia evangélica «El Calvario» mientras hacía sus estudios en un Instituto de la iglesia Asambleas de Dios. Trabajó en proyectos de evangelismo juvenil; fue lider de ministerios evangélicos en la prisión; organizó un Instituto de estudios bíblicos para adultos. Después hizo estudios de post-grado en el famoso seminario evangélico de teología Gordon-Conwell en Massachusetts.

Entre otras cosas en su testimonio de conversión Steve dice: «Entre más estudiaba los primeros siglos de cómo era la Iglesia primitiva más me daba cuenta que se parecía a la Iglesia Católica. Estudie más a los «primeros padres de la Iglesia» y escudriñé más la Biblia. Más confusión había en mí. Para empeorar la situación, me enteré de que dos de mis compañeros más inteligentes y más anti-católicos del seminario evangélico también estaban pensando en hacerse católicos. Un día cuando estaba predicando», continúa Steve diciendo, «yo sentí que el Señor me decía: «Ahora o nunca». Si en medio de todos yo daba un paso de fe y reconocía la verdad yo iba a perderlo todo. Perdería mi trabajo como pastor, no podría sostener a mi familia, era mi carrera y era mi llamado. Yo había invertido 20 años preparándome para ser un ministro protestante y Dios me decía: ¡Hazlo, ahora!… y lo hice.»

«Pedí disculpas a mi congregación reunida. Los «ancianos» líderes me siguieron. Yo les dije que ya no podía seguir engañándome a mí mismo. Mi peregrinar hacia la Iglesia que Cristo fundó: La Católica, ya había iniciado. Luego: Oré más, estudié más, conocí la plenitud y llegué. La plenitud de una relación personal con Cristo está en tener una relación personal también con el cuerpo de Cristo: Su Iglesia (1 Cor 12) la Católica…»

(infocatolica.com)

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El uso de imágenes y cuadros religiosos, principalmente en iglesias y casas, ha sido y es muy difundido desde tiempos inmemoriales. El tema de las imágenes sagradas suele ser bastante polémico; y en la relación de la Iglesia con quienes pretenden seguir a Cristo fuera de la misma es un palo en la rueda, porque estas personas, entre otros muchos errores, creen que en la Iglesia adoramos imágenes, pero no es así en absoluto. Para aclarar el tema demos un vistazo a la historia sagrada. Comencemos por decir que en el Antiguo Testamento estaba severamente prohibido el culto a todo tipo de imágenes o representación plástica de la divinidad.

El primer mandamiento del Decálogo lo dice con palabras contundentes: “No habrá para ti otros dioses delante de mí. No te harás ni escultura ni imagen alguna… No te postrarás ante ellas ni les darás culto, porque yo Yahvéh, tu Dios, soy un Dios celoso…”. (Ex 20, 3-5). Queda pues prohibido todo tipo de imágenes que se presenten como divinidad. El mandamiento comienza diciendo "No habrá para ti otros Dioses delante de mí", o dicho de otra manera: "No te hagas ningún Ídolo”. Pero a pesar de esta prohibición tan clara, inmediatamente después de haber prometido cumplir la ley, el pueblo se fabrica un becerro de oro, y lo adora como Dios: “Éste es tu Dios, Israel, el que te ha sacado de Egipto”: (Ex 32,8). De esto precisamente Dios les advertía. Este pecado de idolatría es causa de que Dios decida destruir al pueblo. Sólo la intercesión de Moisés consigue que Dios se apiade y le perdone (Ex 32, 1-14). Y Dios les advirtió también a los Israelitas de las imágenes que hallaran entre los pueblos paganos: “Quemareis las esculturas de sus dioses y no codiciaras el oro y la plata que los recubren”: (Deut 7,25).

 

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Nilmarie Goyco Suárez | Twitter: @NilmarieGoycoEV


Tener a sus hijos pequeños y no poderlos tomar en brazos. Sentir un dolor agonizante que le invade el cuerpo y preferir aguantar. Incluso, considerar renunciar al trabajo como consecuencia de una condición que los médicos llaman fibromialgia.

Este es el pan nuestro de cada día para Érica Rivera Sánchez y muchas otras mujeres que la padecen.

“Fui a diferentes médicos y siempre me trataban de migraña. Pero notaba el cambio en mí como persona, dolor en los brazos, en los huesos. 7 años después es que me dicen lo que tenía”, comentó.

Para esta madre de tres hijos, recordar la dificultad para sostener a sus bebés por largo tiempo o para peinar a su hija, son sinónimo de impotencia y frustración. “Uno siente que está fallando como mamá, como esposa, como hija, como todo”, expresó agobiada.

De acuerdo con Érica, más allá del dolor muscular, la fibromialgia es una condición degenerativa que puede afectar los órganos internos. Cabe destacar que el estrés es un factor perjudicial para quienes la padecen.

“Nunca llegas a saber cómo vas a vivir hoy, qué te espera mañana, qué medidas tomar. Todo el tiempo estás a la expectativa de qué va a salir en los resultados”, detalló.

En el caso de esta joven de 39 años, cuyo diagnóstico más reciente es de fibromialgia con sospecha de esclerosis múltiple, el órgano más afectado es el corazón. Asimismo, hay días que se le dificulta caminar.

Sobre su experiencia, la también administradora de viviendas describió que: “Es como si estuvieras presa dentro del cuerpo. Quieres hacer cosas y él no te deja, estás entumecida y el dolor es agonizante porque te afecta todos los nervios de los músculos”.

Aunque a su corta edad el panorama laboral le cambió por completo, su familia está consciente de las complicaciones de la condición. Por lo tanto la integración de su esposo e hijos a las visitas médicas fue un factor esencial.

“Ya ellos entienden. Han ido conmigo a médicos, han escuchado las recomendaciones y así los tengo involucrados a todos sobre mi condición para que me puedan entender un poquito”, aseguró.

A pesar de la adversidad, Érica confía que no hay mejor médico que Dios, y está consciente de que tiene unos hijos por los que dar la milla extra. “No quiero ser una carga para ellos y me quedan muchas expectativas de vida, verlos crecer y convertirse en profesionales”, confesó.

Asimismo, recalcó que es importante hacer ejercicio y mantenerse activo en la mejor manera posible para evitar caer en cama y quedar postrado.

A quienes sufren de fibromialgia les alentó a: “Que no pierdan las ganas de vivir aun sabiendo que la vida es en muchos momentos dolorosa”.

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En el mundo civil e incluso militar hay ciertos gestos que, por patriotismo o por otros sentimientos semejantes, se mandan y se cumplen con "devoción" y nadie, con justa razón, cuestiona ni critica.

En días señalados los ciudadanos saludan a la bandera de su país colocando la mano extendida sobre el pecho o el corazón, y los militares lo hacen sobre la frente. En muchos países al hacer el juramento a la bandera extienden el brazo y para cantar el himno nacional nos ponemos de pie y cantamos igualmente con la mano en el corazón.

Y responder al sentimiento patrio de saludar a la bandera o de depositar al pie del monumento de un prócer de la patria una corona de laurel no significa homenajear un trapo o un busto de bronce, sino expresar amor a la patria y admiración al prócer o al ilustre personaje.

Y en la vida eclesial pasa algo parecido. La Iglesia no es la excepción. En la Iglesia también hay ciertos simbolismos, signos y gestos. Hacer la señal de la cruz, fuera de que es un testimonio de vida cristiana, se podría entender también como un gesto de saludo a Dios y a Jesús Eucaristía al pasar frente a una iglesia, de saludo a la casa de Dios, de saludo a la cruz misma, de saludo a un santo al pasar o estar cerca de una de sus imágenes. Se entiende que no es un saludo a la piedra del templo, al metal de la cruz o al barro de la imagen.

 

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“Nuestros padres siempre nos llevaron a la misa. Mi mamá era de la Legión de María y, con el segundo grado que tenía, fue hasta presidenta de la organización. Mi papá fue también Ministro de la Eucaristía”, así rememoró Evelyn Nieves Martínez el ambiente familiar de su infancia.

Esta madre católica, quien pertenece a la iglesia Nuestra Señora del Carmen en Morovis, conversó con El Visitante acerca del valor que tiene la madre y la familia en la transmisión de los valores cristianos.

Acerca de su etapa de formación, continuó relatando: “Nosotros éramos 15 hermanos y mi mamá nos enseñó a rezar. Todos los días rezábamos el rosario. A cierta hora de la tarde, teníamos que llegar al hogar para hacerlo en familia. Era algo bien bonito porque cuando terminábamos le dábamos un beso en la frente a mi mamá, y a mi papá en la mano. El respeto que le teníamos a nuestros padres era bien grande”.

En su adolescencia Evelyn perteneció a las Hijas de María, experiencia que según sus propias palabras “le encantó”, pues pudo hacer apostolado y conocer importantes aspectos en el proceso de crecimiento de una mujer.

Hoy Evelyn Nieves continúa activa en la parroquia en diversos ministerios. Está casada hace 27 años con René Maldonado Rivas, con quien ha procreado cinco hijos: Everlyn Zoé (26); René Josué (24); María Jesús (20); Evelyn Marie (18); y Rolando (15).

Evelyn Nieves Martínez y su esposo son además Ministros Extraordinarios de la Sagrada Eucaristía, apostolado que, a su entender, les deja el mensaje más positivo en sus vidas. “Ser ministro ha sido una de las experiencias más valiosas que he recibido como cristiana. Visitar a los enfermos, conocer el valor que tienen y ayudarles es grande. A veces uno dice que va a llevar a Jesús y, en cambio, recibe a Jesús en ellos. Y hasta que no se vive eso, no lo sientes de esa manera”, puntualizó.

Acerca de la crianza que ha dado a sus hijos expresó: “Desde pequeñitos siempre les he enseñado la oración, el amor a Dios sobre todas las cosas porque cuando tú amas a Dios todo lo demás viene por añadidura. Desde chiquitos los he enviado a la catequesis, a la misa. Somos personas que vamos a la misa todos los días en la semana, de lunes a viernes, y sábado y domingo también”.

Y con entusiasmo añade: “Rezamos en las tardes nuestro ángelus, la misericordia y el rosario; también leemos un ratito la biblia o intercambiamos esa lectura por la oración de la tarde. Compartimos esos momentos en familia, conversamos de cómo nos fue en el día o si les hace falta algo, por eso digo que la oración para nosotros es como un diálogo”.

Evelyn está segura de que enseñar el lugar central que tiene Dios en la vida es el tesoro más grande que una madre o un padre puede darle a sus hijos. Y haciendo síntesis de tal reflexión, concluyó: “Es importante inculcarles valores cristianos porque en Dios todo ser humano puede enfrentar las adversidades que se presentan en la vida. Él es nuestro Alfa y Omega, y no hay nada más grande que eso”.

(Carlos Cana)

 

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Camille Rodríguez | Twitter: @CamilleRodz_EV


Desde el inicio de la creación las madres han tenido un rol cargado de tareas que incluyen atender a los hijos y realizar labores domésticas. A esto se le ha sumado que muchas se hayan unido a la fuerza trabajadora unas debido a la situación económica y otras por preferencia. Por consiguiente, sus deberes y responsabilidades se duplican.

Ante esto la profesora Ada Kercadó, directora de la Clínica Interdisciplinaria de Servicios a la Comunidad de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico en Ponce, señaló que es vital que cada mujer aprenda a manejar su tiempo de manera satisfactoria.

Explicó que lo primero que hay que hacer es evaluar los obstáculos que no están permitiendo que se pueda hacer un manejo adecuado del tiempo. “Tenemos que identificar si estamos asumiendo los deberes de otros miembros de la familia. O si todo se debe a los imprevistos que surgen en la marcha”, destacó la profesora.

Igualmente, indicó que hay que determinar cuáles son las necesidades personales, familiares y laborales de cada una para luego definir cómo se es como mujer. “Cuál es la personalidad que nos define, cuáles son nuestras fortalezas y debilidades para entonces establecer prioridades”, sostuvo.

Kercadó dijo que muchas mujeres quieren hacerlo todo y llegan a convertirse en pulpos para hacer lo que los demás no han hecho y eso provoca que se sientan cansadas y llenas de estrés. “Lo más importante es reconocer la necesidad y definir a qué le voy a dar prioridad. También es esencial crear hábitos entre la familia para que todos colaboren con las tareas domésticas de acuerdo a su edad y capacidad”, indicó.

De otro lado, manifestó que la prioridad de cada una debe ser ella misma: “Si no estamos satisfechas con el rol que realizamos como mujeres, difícilmente podemos hacerlo de una manera adecuada. Tenemos que buscar la forma de darnos un tiempo para nosotras mismas ya que si estamos complacidas vamos a trabajar mejor con todas las responsabilidades que tenemos”.

Al final, recomendó a todas las madres que no sean esclavas de la prisa. Sugirió que no se impongan metas difíciles de alcanzar. “El día tiene solo 24 horas y no se le puede añadir ni un segundo más. La organización es nuestro mejor aliado, identifiquen prioridades, deleguen y lo más significativo, dedíquense tiempo para recargar baterías para el próximo día”, afirmó.

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