Versan las Sagradas Escrituras que, después de su Gloriosa Resurrección, durante 40 días Jesucristo se le apareció a sus discípulos.
Las apariciones son documentadas en los Evangelios.
Al igual que el Vía Crucis, una reflexión profunda del Vía Lucis o Camino de la Luz puede robustecer su vida espiritual porque es una oración de gozo y alegría porque Cristo venció a las tinieblas.
Meditemos el Vía Lucis por la paz en Puerto Rico y el mundo.
I Estación
¡Cristo vive!: ¡Ha resucitado!
(Mateo 28, 1-7)
Los enemigos de Cristo, que persiguen a la Iglesia diseminando mentiras, se quedan absortos al contemplar un año más como los fieles celebran jubilosos la Resurrección del Señor. Los templos se desbordaron durante el pasado Triduo Pascual como una confirmación indiscutible de que la Verdad ha vencido a la mentira. La Luz del Resucitado, en la presente Pascua y siempre, venció las tinieblas y espera para iluminar tu hogar, tu vida, a tus seres queridos y tu cotidianidad. El mundo insiste en buscar entre los muertos al que Vive, pero con nuestros testimonios muchos creerán. ¡Fortalécenos, Señor!
II Estación
El Encuentro con María Magdalena
(Mateo 28, 9-10)
La mujer sorprendida en adulterio, redimida de su pecado por la Divina Misericordia del Señor, tuvo la dicha de convertirse en el primer testigo de la Resurrección de Cristo. Las personas convertidas al Evangelio después de una vida pecaminosa y que confiesan a Jesús como Camino, Verdad y Vida conocen muy bien cuánto Dios las ama. Pecador, hay esperanza. Entrégale a Cristo tus luchas y pasiones dominantes porque El es nuestra paz.
III Estación
Jesús se aparece a las mujeres
(Mateo 28, 8-10)
En su época Jesús restauró la dignidad de la mujer, considerada en la cultura de entonces inferior al hombre. Así, en una sociedad machista, como la del Puerto Rico de 2013, en que numerosas mujeres son víctimas de violencia doméstica, de acoso sexual y hostigamiento laboral, el Resucitado necesita de voluntades, manos, piernas y voces que denuncien las injusticias que se cometen contra la mujer y le comuniquen a las que sufren cuánto el Señor las ama.
IV Estación
Los soldados custodian el sepulcro de Cristo
(Mateo 28, 11-15)
Los portavoces de la cultura de muerte no conciben la esperanza más allá del sepulcro. Sus ojos están vendados y su corazón, en tinieblas. Por eso ceden tan fácilmente a la manipulación; a hipotecar por dinero sus principios y negar la Verdad. Adormecidos por la avaricia perdieron la oportunidad de renovar sus vidas contemplando al Resucitado. Soltemos las cargas que nos impiden avanzar en el camino de la Fe para ser capaces de descubrir el sepulcro vacío.
V Estación
Pedro y Juan contemplan el sepulcro vacío
(Lc 24, 12)
Juan y Pedro corrieron esperanzados. La esperanza anima, activa, levanta y moviliza. El cristiano que ha depositado su confianza en Cristo Resucitado no es un ser estático, quieto e inmóvil. Todo lo contrario: corre y se desplaza con celeridad a trabajar por el Reino, amando y anunciado la Buena Nueva. Y ahora que inicia la Misión Continental, en este Año de la Fe, la Iglesia necesita católicos comprometidos que den la milla extra por la Nueva Evangelización.
VI Estación
Jesús en el cenáculo muestra sus llagas a los apóstoles
(Juan 20, 19-23)
Por sus llagas fuimos sanados, profetizó Isaías. Y el cuerpo destrozado de Cristo, resucita glorioso, demostrando a sus discípulos como en la resurrección de los muertos la materia, por más corruptible que sea, se transformará por el soplo del Espíritu de Dios.
VII Estación
En el Camino de Emaús
(Lc 24, 13-32)
Lo reconocieron al partir el Pan. Y bien lo dijo: “Yo soy el Pan Vivo que ha bajado del Cielo. El que coma de este Pan vivirá para siempre”. Eucaristía y Resurrección se complementan. A veces nos distraen tantos ruidos e intereses que desaprovechamos la bendición de reconocer a Jesús Resucitado presente en la Hostia consagrada. Puerto Rico necesita acercarse a la Eucaristía.
VIII Estación
Jesús confiere a los apóstoles el poder de perdonar los pecados
(Lc 24, 36-45)
Cristo instituye así el sacramento de la Reconciliación. El sacerdote perdona nuestros pecados, no por sus méritos, sino en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La confesión de nuestros egoísmos y otras faltas supone un paso de humildad que nos libera del orgullo que nos aleja de la sanación del perdón. Recordemos: la Divina Misericordia de Jesús es más grande que nuestros pecados y los del mundo entero.
IX Estación
Jesús fortalece la fe de Tomás
(Juan 20, 26-29)
Tomás necesitó ver y tocar para creer. Pero Jesús dice: ‘Dichosos los que creen sin haber visto’. La fe, una de las tres virtudes teologales, por consiguiente es don de Dios. El testimonio más convincente de la fe es el amor que se traduce en servicio a tiempo y destiempo. No olvidemos que otros hoy necesitan ver nuestras obras de amor para creer. La visita al preso, al enfermo o al anciano, incluso el servicio a los que reniegan de Dios y atacan a la Iglesia, son testimonios impactantes.
X Estación
Jesús Resucitado en el Lago de Galilea
(Juan 21, 1-6)
Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe, dice el apóstol Pablo. Y la confianza absoluta en la Resurrección del Señor, impulsa la Barca de Pedro por los mares turbulentos de la cultura posmoderna que lo afirma y lo cree todo, excepto a Dios. Hemos de confiar en el Señor para no cansarnos de lanzar las redes en un Puerto Rico que gime y llora. La obra es de Dios. El nos fortalecerá como a los apóstoles en aquella noche infructuosa. ¡Animo!
XI Estación
Jesús confirma a Pedro en el amor
(Juan 21, 15-19)
A Cristo, si analizamos bien, lo negamos de muchas formas. La confirmación pública de nuestro seguimiento no debe ser un sacrificio, todo lo contrario: ¡un gozo! Tres veces Pedro negó al Señor y tres veces Jesús le pregunta si lo ama. Y ripostó cada respuesta con un mandato de servicio a sus ovejas… ¡Qué huérfano de amor está nuestro Puerto Rico! ¿Quiénes, si no los católicos que hemos comprendido la Verdad, somos llamados a apacentar un país sacudido por la violencia y el desamor? En verdad, ¿amamos a Jesús?
XII Estación
Jesús encarga su misión a los apóstoles
(Lc 24, 44-48)
Inicia la Misión Continental y se emprende la Nueva Evangelización en el Año de la Fe y ahora con el contagioso dinamismo del Papa Francisco. Mas hemos de recordar que la misión no es un proyecto aislado y mucho menos individual. Es una obra de Iglesia, comunitaria, de laicos y sacerdotes, que demanda sacrificio, entrega, oración y una entusiasta militancia para, de dos en dos o de cinco en cinco, comunicar a los cuatro vientos en Puerto Rico que sólo Cristo sana y salva.
XIII Estación
Jesús asciende al Cielo
(Lc 24, 50-53)
En el Credo repetimos que Jesús subió a los Cielos y desde allá regresará a juzgar a los vivos y muertos… Inmersos en el último Adviento de la historia de la salvación, lo menos que necesita el Señor es cristianos embelesados y cruzados de brazos, mirando al cielo. No, Cristo nos necesita con los pies bien puestos en la tierra, con las manos en el arado y revestidos con la armadura de Dios que menciona Pablo en Efesios 6 para que lo conozcan los que no lo conocen en Puerto Rico porque el Señor no quiere que nadie se pierda.
XIV Estación
La venida del Espíritu Santo en Pentecostés
(Hechos 2, 1-4)
El Paráclito impulsa a la Iglesia en el tercer milenio. El Espíritu Santo, Tercera Persona de la Santísima Trinidad, derrama sus dones y frutos en los bautizados que participan de los sacramentos de la Iglesia y se esmeran por propagar la Buena Nueva. Puerto Rico; sus calles ensangrentadas, sus jóvenes desesperanzados y sus familias rotas, necesita testigos, católicos valientes, discípulos y misioneros dispuestos a proclamar el Evangelio, más que con palabras, con su vida para que el mundo crea.
(Después de la reflexión de cada estación puede decir: Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya. Como anunciaron las Escrituras. Aleluya. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.)