“Pues donde están dos o más reunidos en mi nombre, allí estoy yo, en medio de ellos”. (Mt 18,20)

Según Santa Teresa del Niño Jesús, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor, tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría.

El Catecismo de la Iglesia Católica en el # 2559 indica que la oración es la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes.

Es por eso que como cristianos la oración tiene que estar siempre presente como parte del diario vivir para entablar esa cercanía con el Padre Celestial.

Aunque la oración puede hacerse de manera individual también puede darse de forma grupal. Orar junto a un grupo de personas ofrecerá la oportunidad de cercanía y apoyo de los demás para descubrir la dimensión comunitaria de la vida cristiana.

Afortunadamente, en estos días la oración grupal es una realidad porque existen diferentes movimientos dentro de la Iglesia que se reúnen con esos fines. Son muchos los grupos comprometidos de laicos que están disponibles para reunirse y orar como un regalo del Espíritu de la Iglesia.

Para el rector de la Catedral de Caguas Dulce Nombre de Jesús, Padre Emilio Campos, la mejor oración comunitaria es la eucaristía.

“Jesús se retiraba a solas, pero después se unía a sus apóstoles y los invitaba a la oración. El cristiano no puede pretender estar solo porque de lo contrario no habría razón para participar de la mayor oración comunitaria que se celebra cada vez que se realiza la eucaristía”, sentenció.

Asimismo comentó que las personas que participan en grupos de oración tienen que asegurarse que antes de comenzar a orar tengan un acto de arrepentimiento y reconciliación.

“Nadie puede ser escuchado por el Padre si no está en gracia. Si yo estoy con rencor contigo y estamos en el grupo, en vez de hacer el bien se contrarresta la eficacia del grupo porque está contaminado”, indicó P. Emilio.

Igualmente enfatizó que en la persona no puede haber ira ni soberbia para “que mi presencia no contrarreste la eficacia de la bondad del grupo que me acoge”, señaló.

Finalmente la coordinadora del Movimiento Renovación Carismática de San Lorenzo, Adelaida Cruz Zayas opinó que a través de los grupos de oración las personas pueden tener un cambio interior y transformarse espiritualmente.

“Cuando nos reunimos en grupo para hacer oración, aprendemos a ser solidarios, compartimos experiencias, testimonios, necesidades, oramos unos por otros y sentimos esa paz que solo Jesús puede dar. Es una comunicación directa con el Padre, Hijo y Espíritu Santo”, enfatizó.

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Debemos ejercitarnos tanto en la corrección fraterna, que requiere mucha humildad y sencillez de corazón, como en la oración, para que suba a Dios desde una comunidad verdaderamente unida en Cristo. Así lo explicó el hoy Papa emérito Benedicto XVI, el 4 de septiembre de 2011.

Para comprender de manera sencilla la corrección fraterna, el Padre Juan Saliva, de la Parroquia Santa María Reina de Ponce, sostuvo que se basa en el mandamiento de Jesús: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo.

Sobre las palabras del Señor, se debe partir desde la autocorrección y del cumplimiento de la ley de Dios, pues, “no puedo corregir al hermano si yo no actúo bien, si no actúo correctamente”. Por eso, Jesús corrige a Pedro en tantas ocasiones y el Apóstol, con humildad, le contesta: “Señor, tú lo sabes todo”.

Padre Saliva invitó a partir de la caridad, de la humildad y la sencillez. Claro, con una oración constante, una consecuente vida sacramental y la actitud necesaria para encomendarse al Espíritu Santo con el fin de poder emplear una corrección. Solo a través del amor se puede ver el pecado y ese amor mueve a la fraternal corrección.

“Si nos sabemos amados y perdonados por Dios, la verdad va a salir del corazón espontánea. Cuando se trata de una corrección fraterna, el Espíritu Santo te mueve”, subrayó Padre Juan.

Por otro lado, si al hermano no se corrige de forma clara en su error se comete un pecado de omisión porque “estoy dejando de hacer el bien que pude hacer”.

“El reconocer que somos débiles y la humildad son determinantes. ¿Cómo se evita el orgullo? El demonio tiene sus tretas. Se necesita mucha oración y vida sacramental”, manifestó.

Una verdad manifestada crudamente, sin tacto, o que raya en la falta de respeto se aleja totalmente de una corrección fraternal. Además, toda acción basada en el amor busca acercar a Dios.

Más que buscar los elementos necesarios o el momento propicio y exacto para realizar una corrección, hay que invocar al Espíritu Santo y que sea Él quien determine e inspire todo el proceso. Sobre los casos irregulares, Padre Saliva invitó a la misericordia y explicó que solamente Dios conoce el corazón y las circunstancias de vida.

Finalmente la verdad, la justicia y la caridad crean un balance perfecto. Poco se puede hacer con las primeras dos sin la caridad, pues entonces tendríamos una verdad arrogante o una justicia frívola. Pero contrario a eso y para fortuna nuestra, la sabiduría otorgada por el Espíritu Santo nos permite comprender que la caridad es el mandamiento de Dios.

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La misma alegría que en vida caracterizó a doña Zoraida Medina, madre de Padre Obispo Rubén González, Obispo de la Diócesis de Caguas, sirvió para darle el último adiós a sus restos mortales con la Misa exequial realizada el 29 de agosto, a las 10 a.m., en la Catedral Dulce Nombre de Jesús de Caguas. El féretro se encontraba al pie del altar, cuando inició la procesión y Padre Obispo se arrodilló y dio un beso filial para despedir a su madre.

“Hoy, como parte del Jubileo, nuestra Iglesia te entrega a la Iglesia del cielo”, dijo al inicio de la Eucaristía.

La Misa fue concelebrada por Mons. Roberto González, Arzobispo Metropolitano, Mons. Félix Lázaro, Obispo de Ponce, Mons. Daniel Fernández, Obispo de Arecibo, Mons. Álvaro Corrada, Obispo de Mayagüez, Mons. Eusebio Ramos, Obispo de Fajardo-Humacao y Mons. Enrique Hernández, Obispo emérito de Caguas.

La homilía inició con un silencio absoluto en reflexión del Evangelio. Al cabo de un minuto, Padre Obispo pronunció con fuerza: “¡Verdaderamente Cristo ha resucitado!”. Destacó que su progenitora laboró incansablemente por los enfermos y por las vocaciones consagradas; dio gracias a Dios por la vida de su madre; y cantó el estribillo: “no fijes tus ojos en nadie más que en Él (Jesús)”.

“Extrañaremos su presencia física, pero nos consuela la esperanza de la Resurrección”, sostuvo el Obispo de Caguas.

Recordó esos últimos instantes de vida cuando le dijo que podía partir en paz porque su misión estaba cumplida y concluyó: “Sierva buena y fiel, entra a la fiesta del Señor”.

Padre Obispo cantó el responso mientras asperjaba el féretro. Terminado el rito, agradeció a los presentes por el acompañamiento, las muestras de cariño recibidas y a Servicios Funerarios Católicos quienes se encargaron de las exequias.

Antes de finalizar la celebración, Mons. Roberto González, como Presidente de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña, ofreció las condolencias a nombre de los Señores Obispos.

“Su muerte se convierte en un gran momento catequético para todos”, subrayó el Arzobispo.

Luego, las campanas sonaron en tonos menores y la comitiva partió al recinto de cremación.

(Enrique I. López)

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Después de 55 años de vida conyugal, dos ancianos esposos todavía se querían profundamente.

Un amigo les preguntó:” ¿Cómo es posible que vivan ustedes dos tan unidos, y que todavía se quieran tanto? ¿Cómo han logrado educar tan bien a sus hijos? ¿Y luego a sus nietos, siendo tiempos tan difíciles?”.

Señalando un antiguo Cristo que colgaba de la pared, contestó el anciano: “Pregúnteselo a Él; la vida es dura para todos, pero desde el día de nuestro matrimonio, el lugar de honor en esta casa siempre lo ha ocupado Él”.

Entre los requisitos que todo católico necesita para poder recibir el sacramento Matrimonial se encuentran estar bautizados, haber hecho la confirmación, no haber estado casado anteriormente y tener la edad necesaria. Pero uno de ellos se reviste de gran importancia. Hablamos de los retiros Pre Matrimoniales, que otros conocen como pláticas de preparación.

Los retiros Pre Matrimoniales son herramientas de formación para los novios que darán el paso afirmativo hacia el sacramento del Matrimonio. Las diferentes charlas y cursos buscan promover los valores esenciales de una vida familiar centrada en el amor a Cristo y el respeto hacia la dignidad humana. También enfatizan en el compromiso, la solidaridad, la comunicación y la responsabilidad como elementos necesarios para hacer de la familia una verdadera Iglesia doméstica.

A continuación ofrecemos un breve calendario de Retiros Pre Matrimoniales en diversas instituciones católicas en Puerto Rico.

 

SEPTIEMBRE

*Renovación Conyugal (787) 751-6001 y (787) 765-2767

 

Taller de novios

13 y 14 de septiembre

 

 

OCTUBRE

*Renovación Conyugal (787) 751-6001 y (787) 765-2767

 

Taller de novios

11 y 12 de octubre

*Casa Cristo Redentor (787) 732-5161 y (787) 732-1115

Retiro Pre Matrimonial (Para novios)

31 de octubre

 

NOVIEMBRE

 

*Renovación Conyugal (787) 751-6001 y (787) 765-2767

 

Taller de novios

8 y 9 de noviembre

 

*Casa Manresa (787) 735-8016 y (787) 735-8010

 

Taller para novios

21,22,23 de noviembre

DICIEMBRE

*Renovación Conyugal (787) 751-6001 y (787) 765-2767

Taller de novios

6 y 7 de diciembre

 

*Casa Manresa (787) 735-8016 y (787) 735-8010

 

Taller para novios

19,20,21 de diciembre

 

(Varias fuentes)

(Carlos Cana)

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Ante el fallecimiento de doña Zoraida Medina, el Delegado Apostólico y los Señores Obispos expresaron sus condolencias al Obispo de Caguas y al pueblo de Dios en la Diócesis.

 

 

S.E.R. Mons. Jude Thaddeus Okolo

Delegado Apostólico para Puerto Rico

“Las almas de los buenos están en las manos de Dios, y el tormento no las alcanzará”, (Sab 3,1).

Con esas palabras de las Sagradas Escrituras, junto a mis Colaboradores, quería expresar a S.E.R. Mons. Rubén Antonio González Medina, cmf., Obispo de Caguas, y a todos sus familiares, nuestro profundo pesar y las condolencias por el fallecimiento de su madre, Doña Zoraida Medina vda. de González.

Una madre es única. Nada puede sustituirla. Cuando las sombras de la muerte se la llevan, los hijos pierden una parte de si mismos. Siguen los gemidos profundos de dolor, sobretodo al sentir la nostalgia creada por su espacio vacío.

Con la familia de Doña Zoraida Medina, demos gracias a Dios por su vida ejemplar. Pidamos la fortaleza del alma y el consuelo espiritual para todos aquellos que la lloran, con la esperanza de la Resurrección a una vida nueva.

Que su alma descanse en paz por la Misericordia de Dios, y brille para ella la luz que no tiene fin.

S.E.R. Mons. Roberto O. González Nieves, OFM

Presidente de la CEP y Arzobispo Metropolitano

 

Al querido hermano Obispo Rubén González Medina y a toda su familia les expreso, a nombre de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña, de toda la familia católica en Puerto Rico y en el mío propio nuestro más profundo sentir ante el deceso de su muy querida madre, Zoraida Medina.

Doña Zoraida falleció en la fiesta de Santa Mónica, modelo de las madres cristianas. Sobre esta ejemplar madre, su hijo, San Agustín, escribió: “Ella me engendró sea con su carne para que viniera a la luz del tiempo, sea con su corazón, para que naciera a la luz de la eternidad”. Por eso siempre digo, las madres nunca mueren, existen en la eternidad. Ahora, su corazón es más noble y puro que nunca.

Encomendamos en nuestras oraciones al Padre Celestial la noble alma de Doña Zoraida, confiados en las palabras de Jesús, " Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá”. (Jn. 11, 25)

S.E.R. Mons. Félix Lázaro Martínez, Schp. p.

Obispo de la Diócesis de Ponce

 

La Sagrada Escritura canta: “Bienaventurados los que mueren en el Señor”. Doña Zoraida, madre de nuestro querido hermano Rubén Antonio, Obispo de Caguas, ha sido llamada a la Casa del Padre para el encuentro con Jesús y la Santísima Virgen María en abrazo filial y materno.

Doña Zoraida ha fallecido, sorpresivamente, el día de la fiesta de Santa Mónica, madre de San Agustín, Obispo de Hipona.

A nombre de la Diócesis de Ponce, fieles, religiosos y religiosas, consagradas, diáconos, sacerdotes, Curia Diocesana y mío propio, nuestro más sentido pésame, acompañado de nuestras oraciones por el eterno descanso del alma de Doña Zoraida. Unidos en la fe, la esperanza y la oración.

S.E.R. Mons. Daniel Fernández Torres

Obispo de la Diócesis de Arecibo

En la diócesis de Arecibo y este servidor, nos unimos en oración al Obispo Rubén en este momento de dolor, con la esperanza cristiana de la resurrección que nos impulsa a acompañar al que sufre. A él y a toda su familia les manifestamos nuestra solidaridad.

S.E.R. Mons. Álvaro Corrada del Río, SJ

Obispo de la Diócesis de Mayagüez

 

La Resurrección Gloriosa de Jesucristo es certeza de nuestra Resurrección. La muerte de la mamá del Padre Obispo Rubén González Medina de Caguas nos llena de dolor pero también de alegría.

Doña Zoraida Medina, mujer llena de alegría y de curiosidad ante la vida siempre me llenó de luz y paz cada vez que la encontraba en Caguas. Su vida moldeó la vida de su hijo sacerdote, religioso y obispo. Su carácter fuerte que compartía con todos a su alrededor la llevará al cielo, a su hábitat final y gozoso.

La diócesis de Mayagüez ora por ella y por Monseñor Rubén su hijo y Obispo de Caguas.

 

S.E.R. Mons. Eusebio Ramos Morales

Obispo de la Diócesis de Fajardo-Humacao

 

La Diócesis de Fajardo-Humacao (Diócesis de El Yunque) y su Obispo, S.E.R. Mons. Eusebio Ramos Morales, se unen en oración y comunión fraterna a nuestro Hermano, S.E.R. Mons. Rubén A. González Medina, Obispo de Caguas, ante la pascua de su señora madre, Doña Zoraida Medina. Doña Zoraida, mujer de fe con alegría y gran espíritu de solidaridad, sirvió con pasión a los enfermos y se gozaba de la presencia de las vocaciones sacerdotales y religiosas. Que estas pasiones inspiren al gran Laicado de la Diócesis de Caguas en la Celebración de su Cincuenta Aniversario. ¡Paz y fortaleza a nuestro Hermano Mons. Rubén! ¡Doña Zory, gracias por su testimonio como mujer, madre y gran servidora de Cristo!

 

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En la mayoría de los casos, el alcoholismo se torna en una enfermedad dañina o destructiva para los familiares de los bebedores.

“Es una desesperación saber que esa persona se está destruyendo, ver que puede perder su empleo, que puede ocasionar un accidente si guía en estado de embriaguez... Son muchas cosas que el que no bebe es el que las entiende y las vive en ‘crudo’”, expresó Iris Pagán, coordinadora del Comité de Difusión Pública y miembro de los grupos Al-Anon.

Al-Anon es un grupo de apoyo para las personas afectadas por la forma de beber de un familiar o amigo. A través de varias dinámicas obtienen herramientas que les ayudan a recuperarse de los estragos producidos por el alcoholismo de un ser querido. Entre estas comparten lecturas, experiencias -mientras se brindan fortaleza y esperanza- y reciben apoyo de los otros miembros cuando se encuentran en una situación difícil.

Cabe destacar que los miembros no orientan ni les dan consejos a otros miembros. En su lugar, comparten sus experiencias e historias personales, e invitan a otros participantes a “quedarse con lo que les agrada y desechar el resto” ―es decir, a determinar por sí mismos qué experiencias podrían aplicar a sus propias vidas. Además el contacto personal es un elemento importante en el proceso de recuperación.

Según Iris, el fin para con estas personas es lograr la serenidad para poder funcionar efectivamente de modo que la familia se afecte al mínimo. Es un compartir de un círculo en el que cada cual comparte su experiencia en la medida que desee, y de esa experiencia “a la larga se aprenden cosas que el otro hace que quizás me ayudarían y las puedo aplicar”.

De otro lado, sobre su experiencia como miembro agradecido de los Grupos Al-Anon Lilly (nombre ficticio para proteger su identidad) comentó que: “Para mí ha sido de gran ayuda el escuchar las experiencias de mis compañeros y compartir mis propias experiencias. Sentí que no estaba sola. Comencé a desprenderme de la obsesión con la conducta de mi familiar y empecé a llevar una vida más feliz”.

“En Al-Anon estoy recuperando poco a poco la serenidad. Estoy mejorando,

física, mental y espiritualmente. Esto ha contribuido a un cambio en mis actitudes y en mi entorno familiar”, puntualizó la mujer.

El programa es confidencial y libre de costo. No existe cuota alguna para pertenecer al grupo. Al-Anon se mantiene a sí mismo por medio de las contribuciones voluntarias de sus miembros.

Cualquier persona de la familia, sea hombre, mujer, esposo/a, hijo/a o hermano/a puede asistir a las reuniones de los grupos Al-Anon; independientemente de que el familiar o amigo esté bebiendo o haya dejado de beber.

Para información y el directorio de las reuniones puede comunicarse a la Oficina de servicios de información y centro de venta de literatura al (787) 786-1414 o acceder a: www.alanonalateenpr.org.

(Nilmarie Goyco)

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Desde tempranas horas del 8 de septiembre una multitud increíble de devotos comenzaron a ascender por la escalinata empinada hacia el Santuario-Basílica de Nuestra Señora de la Monserrate, bajo el sol candente y la brisa fresca caribeña, para honrar a la Virgen en la fiesta litúrgica de su nacimiento.

A las 10:30 de la mañana, dio inicio la procesión que se adentró entre la multitud en los laterales del santuario hasta la puerta de entrada y de ahí se dirigió por la nave central hasta el altar. No cabía ni una persona en el interior del templo y en las afueras otros cientos sentados en la verja, en las molduras de las paredes, en el piso y de pie para ser partícipes de la misa a través de altavoces.

Mons. Jude Thaddeus Okolo, Delegado Apostólico para Puerto Rico presidió la Eucaristía solemne, que a su vez fue concelebrada por Mons. Álvaro Corrada, Obispo de la Diócesis de Mayagüez, Padre Obispo Rubén González, Obispo de la Diócesis de Caguas y Mons. Eusebio Ramos, Obispo de la Diócesis de Fajardo-Humacao.

El Obispo de Mayagüez tomó la palabra para dar la bienvenida al Delegado Apostólico en su primera visita a la Diócesis y a la Basílica-Santuario. “Nuestra Diócesis y el Santuario reciben al enviado del Papa Francisco. ¡Viva el Papa Francisco! (el pueblo contestó: ¡qué viva!) ¡Viva el Delegado Apostólico! (el pueblo contestó: ¡qué viva!)”, exclamó Mons. Corrada.

Durante la homilía, el Delegado Apostólico sostuvo que le ha impresionado la honestidad espiritual del pueblo de Dios en su visita y destacó la importancia de la vivencia de la fe en la Isla.

“En estas islas del Mar Caribe nació la fe en América (aplausos espontáneos)”, afirmó Mons. Okolo.

Sobre el Santuario de La Monserrate, explicó que la colina es un símbolo de la presencia de Dios en la comunidad. Instó a los sacerdotes a cuidar de la santidad de su pueblo, y a la feligresía dijo que aseguraran la santificación de los presbíteros “como una responsabilidad mutua”.

El Delegado hizo un paréntesis para reconocer que los peregrinos que se dan cita en el Santuario llevan consigo un testimonio de fe y que la hermosa imagen de la Virgen morena representa la presencia de Nuestra Señora en el Santuario; pues ella dirige a Cristo con sus palabras en las bodas de Caná: “Hagan lo que Él les diga”.

El Rector del Santuario, Mons. Gonzalo Díaz agradeció la presencia de los Señores Obispos, la feligresía, los sacerdotes, diáconos, monaguillos, el coro, los peregrinos y los jóvenes. Con la bendición final, se preparó la imagen de la Virgen.

Al paso de la imagen de la Monserrate con su media docena de caballeros y una impresionante multitud por la parte posterior hubo un silencio absoluto interrumpido por un solitario: “¡Qué viva la Virgen de la Monserrate!”. Y una respuesta ensordecedora de la multitud: ¡Qué viva!

La procesión de la Virgen fue liderada por los prelados, quienes eran seguidos por una masa impresionante de fieles bajo un cielo azul. La efervescencia en la comitiva era tan notable, con sus cánticos, detalles y flores a la Virgen, que desde los balcones de las casas y de los establecimientos salían a apreciar la presencia de la Iglesia en las calles hormiguereñas.

(Enrique I. López)

 

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