Ana M. Recci | @Ana_RecciEV


Ya nos encontramos en el mes de diciembre y muchas familias, como de costumbre, decorarán sus hogares y su árbol de navidad. Algunas utilizarán los adornos del año pasado o comprarán un nuevo motivo para que su ‘arbolito’ (sea natural o artificial) quede espectacular. Y si usted que lee estas líneas es una de esas personas, es importante que conozca el origen del árbol de navidad. Pero si no sabe la respuesta no se sienta mal, al contrario, por este motivo se ha escrito este artículo.

Resulta muy interesante la historia respecto al origen del árbol de navidad. Se podría pensar que su existencia es solo por razones de comercio, no obstante su origen se remonta a tiempos muy antiguos.

Según indica el Portal Catholic.net, los germanos (conocidos también como bárbaros) tenían la creencia de que el universo estaba sostenido por un gran árbol con sus inmensas ramas, que llamaban el dios Odín. Y cada invierno, realizaban una celebración en la cual adornaban un árbol con antorchas, (en representación de las estrellas, lunas y el sol), y danzaban y adoraban, ya que no querían enojar a su deidad.

Y se cuenta que San Bonifacio (que significa bienhechor), quien era apóstol en Alemania, derrumbó ese árbol y en su lugar plantó un pino, el cual representaba el amor de Dios. A este pino, San Bonifacio lo adornó con manzanas y velas, para ofrecer a estas personas un “simbolismo cristiano” dela historia de la salvación. Las manzanas representaban el pecado original, el de los hombres y las tentaciones. Y las velas representaban a Jesús como la luz del mundo. De esta manera, muchos germanos se convirtieron al cristianismo dejando a un lado las costumbres paganas. Y no solo eso, que esta enseñanza o costumbre que San Bonifacio trajo movido por la fe, llegó a toda Europa en la Edad Media, y con los tiempos de las conquistas fue que entonces llegó a América.

No obstante, la tradición fue cambiando con los años hasta lo que conocemos hoy día. Aunque las manzanas han sido cambiadas por esferas y ya la costumbre de colocar una estrella en la cima del árbol (que representaba la fe que guía al ser humano) se ha perdido, aún hay hogares que conservan estas tradiciones. Cabe destacar que parte de esas costumbres más contemporáneas respecto a las esferas, están relacionadas al número de días que contenía el Adviento, y así era que se iban colocando en el árbol. Esto iba acompañado también de oraciones.

Aunque se podría decir que en la actualidad se coloca el árbol como una pieza decorativa de este tiempo navideño, el reconocer el gran significado cristiano que le dio San Bonifacio debe llevarnos a reflexionar sobre la razón por la cual realmente hacemos las cosas.

Los signos externos también son reflejos de la fe y muestran a los demás que se vive a plenitud la vivencia cristiana. Por eso, hay que conocer la historia que le atañe a cada uno, para así darle sentido y valor a todo lo que realmente es importante: redescubrir en lo externo y lo interno el gran amor de Dios. Sí, esa gran misericordia del Señor a veces obra por caminos misteriosos para que otros le descubran. ¡Quién se imaginaría que muchos germanos conocerían al verdadero Dios, Yavé, a través de lo que era cotidiano para ellos!

Así que cada vez que vea su árbol de Navidad recuerde que por medio de este signo muchas personas que no conocían de Jesús y del cristianismo, lograron entregar su vida al único y verdadero Dios. Y la fe que hoy día se profesa, y por cual se lucha incasablemente, demuestra que el gran valor que tiene ese gran acontecimiento de la llegada del Mesías, del Emmanuel, del Dios con nosotros, sigue llegando a más almas.

Por tal motivo, no olvide enseñar a los más pequeños estas tradiciones y costumbres porque son baluartes de la Iglesia. De una Iglesia madre que ha entregado estos tesoros a sus hijos para que sean transmitidos de generación en generación.

Fuente: Varias

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La corona o guirnalda de Adviento es el primer anuncio de Navidad. El Adviento inicia el 30 de noviembre de 2014.


La corona o guirnalda de Adviento es el primer anuncio de Navidad.

La palabra ADVIENTO es de origen latín y quiere decir VENIDA. Es el tiempo en que los cristianos nos preparamos para la venida de Jesucristo. El tiempo de adviento abarca cuatro semanas antes de Navidad.

Una costumbre significativa y de gran ayuda para vivir este tiempo es La corona o guirnalda de Adviento, es el primer anuncio de Navidad.

 

Origen:

La corona de adviento encuentra sus raíces en las costumbres pre-cristianas de los germanos (Alemania). Durante el frío y la oscuridad de diciembre, colectaban coronas de ramas verdes y encendían fuegos como señal de esperanza en la venida de la primavera. Pero la corona de adviento no representa una concesión al paganismo sino, al contrario, es un ejemplo de la cristianización de la cultura. Lo viejo ahora toma un nuevo y pleno contenido en Cristo. El vino para hacer todas las cosas nuevas.

 

Nueva realidad:

Los cristianos supieron apreciar la enseñanza de Jesús: Juan 8,12: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.». La luz que prendemos en la oscuridad del invierno nos recuerda a Cristo que vence la oscuridad. Nosotros, unidos a Jesús, también somos luz: Mateo 5,14 «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte."

En el siglo XVI católicos y protestantes alemanes utilizaban este símbolo para celebrar el adviento: Aquellas costumbres primitivas contenían una semilla de verdad que ahora podía expresar la verdad suprema: Jesús es la luz que ha venido, que está con nosotros y que vendrá con gloria. Las velas anticipan la venida de la luz en la Navidad: Jesucristo.

La corona de adviento se hace con follaje verde sobre el que se insertan cuatro velas. Tres velas son violeta, una es rosa. El primer domingo de adviento encendemos la primera vela y cada domingo de adviento encendemos una vela mas hasta llegar a la Navidad. La vela rosa corresponde al tercer domingo y representa el gozo. Mientras se encienden las velas se hace una oración, utilizando algún pasaje de la Biblia y se entonan cantos. Esto lo hacemos en las misas de adviento y también es recomendable hacerlo en casa, por ejemplo antes o después de la cena. Si no hay velas de esos colores aun se puede hacer la corona ya que lo mas importante es el significado: la luz que aumenta con la proximidad del nacimiento de Jesús quien es la Luz del Mundo. La corona se puede llevar a la iglesia para ser bendecida por el sacerdote.

 

La corona de adviento encierra varios simbolismos:

La forma circular: El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.

Las ramas verdes: Verde es el color de esperanza y vida. Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.

Las cuatro velas: Nos hacen pensar en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo. Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia.

Las manzanas rojas que adornan la corona: Representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.

El listón rojo: Representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.

 

BENDICIÓN DE LA CORONA DE ADVIENTO

En algunas parroquias o colegios se hace la bendición de las Coronas de Adviento. Si no sepuede asistir a estas celebraciones, se puede hacer la bendición en familia con la siguiente oración:

 

Señor Dios, bendice con tu poder

nuestra corona de adviento para que, al encenderla, despierte en nosotros el deseo de esperar la venida de Cristo practicando las buenas obras, y para que así, cuando Él llegue, seamos admitidos al Reino de los Cielos.

Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

La bendición de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre esta Corona y sobre todos los que con ella queremos preparar la venida de Jesús.

 

PROPONEMOS ESTE ESQUEMA SENCILLO PARA ORAR AL ENCENDER LA VELA DE ADVIENTO

 

PRIMER DOMINGO

 

LLAMADA A LA VIGILANCIA

ENTRADA.

 

Se entona algún canto.

Saludo.

Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Acto de Contrición.

Guía: Reconozcamos ante Dios que somos pecadores.

Todos: Yo confieso ante Dios todopoderoso...

 

LITURGIA DE LA PALABRA. Lectura del santo evangelio según san Marcos 13,33: “Estén preparados y vigilando, ya que nos saben cual será el momento”. Palabra del Señor. (Breve pausa para meditar)

Reflexión.

 

Guía: Vigilar significa estar atentos, salir al encuentro del Señor, que quiere entrar, este año más que el pasado, en nuestra existencia, para darle sentido total y salvarnos.

 

ENCENDIDO DE LA VELA. Oración.

 

Guía: Encendemos, Señor, esta luz, como aquel que enciende su lámpara para salir, en la noche, al encuentro del amigo que ya viene. En esta primer semana de Adviento queremos levantarnos para esperarte preparados, para recibirte con alegría. Muchas sombras nos envuelven. Muchos halagos nos adormecen.

 

Queremos estar despiertos y vigilantes, porque tú traes la luz más clara, la paz más profunda y la alegría más verdadera. ¡Ven, Señor Jesús!. ¡Ven, Señor Jesús!

 

PADRE NUESTRO

Guia: Unidos en una sola voz digamos: Padre Nuestro...

 

CONCLUSION

 

Guía: Ven, Señor, haz resplandecer tu rostro sobre nosotros.

Todos: Y seremos salvos. Amén.

 

SEGUNDO DOMINGO

 

ENTRADA. Se entona algún canto. Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

 

Acto de Contrición.

Guía: Reconozcamos ante Dios que somos pecadores.

Todos: Yo confieso ante Dios todopoderoso...

 

LITURGIA DE LA PALABRA.

Lectura de la II carta de San Pedro 3,13-14: ”Nosotros esperamos según la promesa de Dios cielos nuevos y tierra nueva, un mundo en que reinará la justicia. Por eso, queridos hermanos, durante esta espera, esfuércense para que Dios los halle sin mancha ni culpa, viviendo en paz". Palabra de Dios.

Breve pausa para meditar

 

Reflexión

Guía: ¿Qué va a cambiar en mí, en nosotros en este Adviento? ¿ Se notará que creemos de veras en Cristo?

 

ENCENDIDO DE LA VELA. Oración.

 

Guía: Los profetas mantenían encendida la esperanza de Israel. Nosotros, como un símbolo, encendemos estas dos velas. El viejo tronco está rebrotando se estremece porque Dios se ha sembrado en nuestra carne...

 

Que cada uno de nosotros, Señor, te abra su vida para que brotes, para que florezcas, para que nazcas y mantengas en nuestro corazón encendida la esperanza. ¡Ven pronto, Señor! ¡Ven, Salvador!

 

PADRE NUESTRO.

Guía: Unidos en una sola voz digamos: Padre nuestro...

 

CONCLUSION.

Guía: Ven, Señor, haz resplandecer tu rostro sobre nosotros.

Todos: Y seremos salvados. Amén.

 

TERCER DOMINGO

 

ENTRADA.

Se entona algún canto. Saludo.

Guía: En el nombre del Padre y del Hijo Y del Espíritu Santo. Acto de Contrición.

Guía: Reconozcamos ante Dios que somos pecadores.

Todos: Yo confieso ante Dios todopoderoso...

 

LITURGIA DE LA PALABRA.

Lectura de la Primera carta a los Tesalonicenses 5,23: ”Que el propio Dios de la paz los santifique, llevándolos a la perfección. Guárdense enteramente, sin mancha, en todo su espíritu, su alma y su cuerpo, hasta la venida de Cristo Jesús, nuestro Señor”. Palabra de Dios.

Breve pausa para meditar. Reflexión.

 

Guía: Los hombres de hoy no verán en persona a Cristo en esta Navidad. Pero sí verán a la Iglesia, nos verán a nosotros. ¿Habrá más luz, más amor, más esperanza reflejada en nuestra vida para que puedan creer en El?

 

ENCENDIDO DE LA VELA. Oración.

 

Guía: En las tinieblas se encendió una luz, en el desierto clamó una voz. Se anuncia la buena noticia: ¡El Señor va a llegar! ¡Preparen sus caminos, porque ya se acerca! Adornen su alma como una novia se engalana el día de su boda. ¡Ya llega el mensajero!. Juan Bautista no es la luz, sino el que nos anuncia la luz.

 

Cuando encendemos estas tres velas cada uno de nosotros quiere ser antorcha tuya para que brilles, llama para que calientes. ¡Ven, Señor, a salvarnos, envuélvenos en tu luz, caliéntanos en tu amor!

 

PADRE NUESTRO.

Guía: Unidos en una sola voz digamos: Padre nuestro...

 

CONCLUSION.

Guía: Ven, Señor, haz resplandecer tu rostro sobre nosotros.

Todos: Y seremos salvados. Amén

 

CUARTO DOMINGO

 

Todos hacen la señal de la cruz.

Guía: "Nuestro auxilio es en el nombre del Señor"

Todos: "Que hizo el cielo y la tierra"

 

Liturgia de la Palabra:

Primera lectura: Rm 13,13-14 "Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestios del Señor Jesucristo". "Palabra de Dios"

Todos: "Te alabamos Señor".

 

Segunda lectura: 2 Tes. 1,6-7 "Es justo a los ojos de Dios pagar con alivio a vosotros, los afligidos, y a nosotros, cuando el Señor Jesús se revele, viniendo del cielo acompañado de sus poderosos ángeles, entre las aclamaciones de sus pueblo santo y la admiración de todos los creyentes." -"Palabra de Dios"

Todos: "Te alabamos Señor".

Guía: "Ven, Señor, y no tardes.

Todos: "Perdona los pecados de tu pueblo".

 

SE ENCIENDEN LAS CUATRO VELAS

Guía: "Bendigamos al Señor"

Todos hacen la señal de la cruz mientras dicen: "Demos gracias a Dios".

 

Humildad y gloria

El Nacimiento de Jesús

 

Guía: Lectura del Evangelio según San Lucas (2:6-7)

"Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron

los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito,

le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento."

"Palabra de Dios"

Todos: "Te alabamos Señor".

 

MEDITACION

 

La Virgen y San José, con su fe, esperanza y caridad salen victoriosos en la prueba. No hay rechazo, ni frío, ni oscuridad ni incomodidad que les pueda separar del amor de Cristo que nace. Ellos son los benditos de Dios que le reciben. Dios no encuentra lugar mejor que aquel pesebre, porque allí estaba el amor inmaculado que lo recibe.

 

Nos unimos a La Virgen y San José con un sincero deseo de renunciar a todo lo que impide que Jesús nazca en nuestro corazón.

 

Tiempo de silencio / Tiempo de intercesión

Padre Nuestro / Ave María.

 

ORACIÓN FINAL

 

Derrama Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos por su pasión y su cruz a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

Todos: "Amén"

(Catholic.net)

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La Iglesia celebró con alegría la ordenación sacerdotal del P. Ángel Soto Maldonado, bajo la imposición de manos del Mons. Daniel Fernández Torres, Obispo de la Diócesis de Arecibo, el pasado 7 de noviembre, en la Catedral San Felipe Apóstol de Arecibo. La asistencia fue muy nutrida, caracterizada por la emoción y la espiritualidad.

La homilía fue una catequesis sobre las lecturas y la figura sacerdotal en la que el Obispo utilizó como eje central a San Juan de Ávila, santo a celebrarse ese día. Sostuvo que San Pedro dijo al maestro que se apartara de él, pues era un pecador, pero aun así Jesús lo llama. Explicó que no falta la llamada de Dios, lo que falta son respuestas. Además, en alusión a las palabras del hoy Papa Emérito Benedicto XVI, recordó que la santificación del clero es necesaria para reformar la Iglesia.

“Es Jesús quien nos hace pescadores de hombres, quien nos hace capaces de ser instrumentos y es Él quien nos hace santos”, articuló el prelado.

Terminada la homilía, inició el rito de ordenación. Durante la promesa del elegido, el Obispo interrogó sobre el ministerio sacerdotal cuya respuesta fueron: “Sí, estoy dispuesto”, “Sí, lo haré” y “Sí quiero, con la gracia de Dios”.

Luego, el elegido se postró en tierra frente al presbiterio mientras se cantaron las letanías. El Obispo le impuso sus manos en silencio sobre la cabeza del elegido a quien posteriormente se le ungieron las manos y fue revestido propiamente como un sacerdote. Finalmente, el Obispo saludó al ordenado, seguido por los sacerdotes presentes y sus familiares, esto durante los aplausos constantes y animados de la feligresía.

Durante su mensaje al final de la Eucaristía el nuevo presbítero, claramente emocionado, se desbordó en gratitudes al Obispo, formadores, sacerdotes, a las comunidades parroquiales donde sirvió y a los que oraron durante su proceso formativo.

En un aparte, Padre Ángel Soto explicó que no le daban las palabras para describir este acontecimiento y que la acogida que sintió durante la celebración fue grande.

“Estoy agradecido al Señor por esta vocación. Y muy contento por la acogida, por la entrega de la gente y por cómo se nota la esperanza por los sacerdotes nuevos”, declaró el neo presbítero.

A los juveniles dedicó las siguientes palabras: “No tengan miedo a responder a la llamada del Señor. Él sigue llamando, pero necesita que los jóvenes respondan a ese llamado”.

Para concluir, en exclusiva con El Visitante, el Obispo de la Diócesis explicó que esta ordenación es una confirmación de que el Señor sigue llamando a los jóvenes a servir a través de la vida sacerdotal. Y claro está, expresó que la noche es un signo de alegría.

“La ordenación de un nuevo sacerdote siempre es una gran alegría, no solo para una Diócesis sino para la Iglesia universal. Sin duda que la recibimos con gran gozo”, subrayó Mons. Daniel.

El Obispo invitó a no dejar de orar por un florecer vocacional en la Diócesis de Arecibo y Puerto Rico. No anunció encomiendas para P. Ángel Soto, aunque reveló que próximamente se realizarán los debidos pronunciamientos.

(Enrique I. López)

 

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Hoy es el Día de Acción de Gracias, y muchas familias celebrarán, como de costumbre, tan importante momento al lado de sus seres queridos. Habrá pavo, arroz con gandules, algunas ensaladas y postres, entre otros alimentos. No obstante, no se puede pasar por alto, que de igual manera que cada grupo familiar se reúne (en una acción de gratitud), asimismo deben recordar a Aquel que todos los domingos le espera en la Santa Misa para celebrar el Día del Señor.

Puede que de primera instancia, el hecho de ‘ser agradecidos con Dios’, resuene a un sermón de todos los días, pero la realidad es que hay un sinnúmero de razones para dar gracias a Dios, y en todo tiempo.

Precisamente san Pablo en su carta a los Efesios dice lo siguiente: Den gracias a Dios Padre en nombre de Cristo Jesús, nuestro Señor, siempre y por todas las cosas (Ef 5,20).

Es por esto, que la acción de gratitud de cada cristiano debe ser ‘por todas las cosas’, reconociendo así, que el Señor merece de cada uno de sus hijos, una acción que demuestre su fidelidad y el cumplimiento de su voluntad.

Por tal motivo, si por un segundo, usted que lee estas líneas, detiene todo lo que está haciendo, busca un lugar para estar a solas con el Padre Celestial y se pone en actitud de oración, habrá una palabra que retumbará en su corazón: ‘Gracias’.

Sí, esta palabra sencilla, ‘Gracias’, encierra en ella misma una profundidad intensa del amor infinito de Dios. Una palabra, que expresa de igual manera una respuesta recíproca al gran amor que Yavé tiene para cada uno de sus retoños. Una palabra que a veces cuesta decir pero que al expresarla desde el corazón, el alma y el espíritu se llenan de un gozo y júbilo indescriptible.

Así que aprender a ser agradecidos, va más allá de un evento particular al cual los medios y el comercio han hecho que se convierta en una ‘mercadeable’ costumbre que genera ‘jugosos’ ingresos. No se debe olvidar que dar ‘gracias’ es mucho más que gastarse el último centavo para tener la mejor cena o la mayor cantidad de invitados en su fiesta. Sí, compartir en familia es importante, pero también lo es repartir su pan con el necesitado, o regalar una sonrisa con aquel vecino o vecina que quizás lleva tiempo sin hablarle. Además, dar ‘gracias’, es aprender a sonreír cuando las circunstancias tratan de robarle la paz y su razón de ser feliz.

Ahora que se acerca este día, en el cual muchas familias comerán juntas, pero en algunas ocasiones separadas en pequeños grupos dentro del mismo entorno, no se debe perder de perspectiva la importancia de dar gracias a Dios en todo tiempo. Así que el que tenga oídos que oiga.

Precisamente, la palabra ‘gracias’, se utiliza para ‘expresar gratitud’. De ahí la importancia, de que la ‘acción de gracias’ que se eleve al Cielo, sea siempre sincera y con un propósito. Hay tantas razones para ser agradecidos: por la familia, por el hogar, por los hijos, por el trabajo, porque se respira, y hasta por la enfermedad o achaque que se tiene… Sí, porque a pesar de esa situación, aún Dios le sigue dando fuerzas para mantenerse en pie. Realmente, hay un sinnúmero de razones para bendecir al Señor por medio de la ‘gratitud’.

Y esta es una acción que no responde a un día, sino a todos los días. Así que cada uno debe reconocer, como bien lo recuerda san Pablo, que “El Señor está cerca. No se inquieten por nada; antes bien, en toda ocasión presenten sus peticiones a Dios y junten la acción de gracias a la súplica…” (1 Tes 5, 16-18). En fin, esto es lo que realmente le da sentido a un día de Acción de Gracias.

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P. Miguel A. Trinidad Fonseca | Para El Visitante

 


 

Al comenzar el venerable tiempo del Adviento me animo a repasar con ustedes lo que este tiempo litúrgico significa. El Adviento “es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos (Normas Universales para el Año Litúrgico 39)”.

El Adviento nos prepara para celebrar el nacimiento histórico del Verbo Encarnado y para recibirle cuando venga “con gloria para juzgar a vivos y muertos”. El Catecismo de la Iglesia Católica 524 nos dice que “al celebrar anualmente la liturgia del Adviento, la Iglesia actualiza esta espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador, los fieles renuevan el ardiente deseo de su segunda venida”. En el Adviento nos asociamos a la espera de los patriarcas y profetas que confiaron en las promesas divinas. El Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia 96 presenta tres características del Adviento que debemos observar: El Adviento es presentado, en primer lugar, como un tiempo de “espera-memoria de la primera y humilde venida del Salvador en nuestra carne mortal; (y de) espera-súplica de la última y gloriosa venida de Cristo, Señor de la historia y Juez universal”. En segundo lugar el Adviento es un tiempo de “conversión, a la cual invita con frecuencia la Liturgia de este tiempo, mediante la voz de los profetas y sobre todo de Juan Bautista: ‘Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos’ (Mt 3,2)”. Y en tercer lugar el Adviento es un tiempo de “esperanza gozosa de que la salvación ya realizada por Cristo (cfr. Rom 8,24-25) y las realidades de la gracia ya presentes en el mundo lleguen a su madurez y plenitud, por lo que la promesa se convertirá en posesión, la fe en visión y ‘nosotros seremos semejantes a Él porque le veremos tal cual es’ (1 Jn 3,2).

El Adviento presenta dos partes básicas: desde el primer domingo de Adviento hasta el 16 de diciembre, inclusive. En este tiempo nos fijamos más en la segunda venida de Cristo; tomamos conciencia de ese inminente acontecimiento y nos preparamos para ello suplicándole que venga a nosotros y cumpla sus promesas; y desde el 17 de diciembre hasta la tarde del 24 de diciembre: Nos enfocamos más en la primera venida, acompañando a María y a José en su preparación para la venida del Emmanuel. Los signos externos de alegría comienzan a proliferar (arbolitos y guirnaldas) como reflejo de nuestra preparación interior para recibir al Señor.

El color litúrgico de este tiempo es el morado pues el Adviento nos invita a la Conversión y a la preparación para acoger al Señor. El Adviento dura cuatro semanas incompletas, que incluye siempre cuatro domingos. El Adviento comienza con el primer domingo de Adviento y termina en la tarde del 24 de diciembre. Sobresalen tres personajes característicos: Isaías, prototipo del ansia mesiánica en el Antiguo Testamento; San Juan Bautista, protagonista de la última parte del Adviento histórico; y la Virgen María, portadora de la promesa.

¿Cómo podemos vivir el tiempo del Adviento? Podemos hacer algún propósito concreto de conversión, en algo en que tenga que mejorar (solo una cosa). ¿Qué cosas me llevan a cometer ese pecado? ¿Cómo puedo evitar caer en esa falta? Haga un sencillo plan de conversión en algo específico/concreto y trabajable. No se trata de decir “Voy a ser mejor persona”: eso es muy amplio. ¿Qué pasos voy a dar para dejar el chisme o decir mentiras “piadosas”? ¿Qué aficiones puedo dejar para sacar tiempo para meditar la Palabra de Dios, rezar el rosario diariamente o hacer obras de apostolado? Hay que examinar la propia conciencia seriamente. Puede consultar a su párroco o acompañante espiritual.

El Adviento nos debe enseñar a esperar. En un mundo que adelanta inescrupulosamente los festejos navideños, opacando en un 100% toda preparación interior, los cristianos estamos llamados a dar testimonio de los valores realmente importantes. Además de la preparación estético-ornamental prioricemos la preparación interior. Podemos tener en nuestras casas más luces que el firmamento, pero si en nuestro corazón hay rencor, pecados dominantes… ¡eso es lo que debemos atender! ¡Allí, en nuestro corazón, es que Cristo quiere nacer! Lo meramente exterior es superficial… la conversión y preparación del corazón es lo realmente central. Preparemos el camino al Señor en este Adviento, haciendo del mismo un tiempo de conversión, espera y esperanza.

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Los obispos de las diócesis de Puerto Rico expresaron sus gratitudes y felicitación a la Diócesis de Caguas por su presencia y celebraciones del cierre del Jubileo de Oro.

Mons. Roberto O. González Nieves, Presidente de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña y Arzobispo Metropolitano

“A nombre de mis hermanos Obispos de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña deseamos felicitar de todo corazón a nuestro Obispo Rubén y a toda esta Diócesis de Caguas que desde su fundación ha sido una Diócesis misionera y profética. Me atrevo a decir que muchos de sus proyectos se anticiparon a Aparecida. […] Añado que esta Diócesis nos enseña cómo ser y construir Iglesia en Puerto Rico, nuestra querida patria. Celebran sus bodas de oro, este oro no se calcula en dinero, es un oro mucho más valioso, el oro de la fe, la esperanza y la caridad”.

Mons. Álvaro Corrada del Río, Obispo de la Diócesis de Mayagüez y quien fue Administrador Apostólico de la Diócesis de Caguas desde 1997 hasta el 2000

“Quiero agradecer a la feligresía de Caguas, especialmente al Obispo Rubén por haberme invitado a tan gran celebración por sus 50 años de vida de Diócesis. En el tiempo en que estuve, tengo que agradecer a la Diócesis, a los feligreses, a los sacerdotes y diáconos por la caridad tan grande que tuvieron con la parroquia de Vieques. En el momento en que ellos la pidieron, toda la Diócesis sin exceptuar ninguna parroquia ni un sacerdote, todos los feligreses se desbordaron en generosidad, apoyo y asistencia a la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Vieques. Eso jamás lo olvidaré, eso es una gesta gloriosa de esta Diócesis”.

Mons. Eusebio Ramos Morales, Obispo de la Diócesis de Fajardo-Humacao

“Me uno a esta celebración jubilar de esta Diócesis de la cual yo soy producto. En esta Diócesis nací y crecí como sacerdote. Por eso, me uno con mucha alegría en espíritu de agradecimiento a mi hermano Rubén y a la Diócesis de Caguas. Celebrar una fiesta jubilar es analizar y evaluar su historia, su caminar y asumir esa misión de evangelización en sintonía con los signos de los tiempos y con las propuestas de la Iglesia de la Nueva Evangelización. Por eso le pido al Señor que bendigan al Obispo Rubén y a este pueblo”.

Mons. Félix Lázaro Martínez, Obispo de la Diócesis de Ponce

“Como dice la palabra, jubileo es jubilo, es gozo. Sentimos un gozo por lo que el Señor nos ha dado, por toda esa semilla y crecimiento en la fe, por una nueva Diócesis. Puerto Rico estuvo más de 400 años con una sola diócesis desde 1511 hasta 1924 en que se crea la Diócesis de Ponce, a partir de entonces han surgido cuatro diócesis más. Me alegro y doy gracias a Dios y a todos esos soldados anónimos que han luchado, trabajado y son testimonio vivo durante estos 50 años”.

 

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La Universidad del Sagrado Corazón (USC) conmemoró el trigésimo aniversario de la visita de San Juan Pablo II a la institución, en 1984, con una Eucaristía en la Capilla Mayor de la Institución y un peregrinaje hasta la tarja que se instaló con motivo de la visita del «Mensajero de la Paz».

La Ceremonia, organizada por el Centro de Pastoral Universitaria Madre Marta Miranda, rscj, estuvo oficiada por Monseñor Rubén Antonio González Medina, CMF, Obispo de la Diócesis de Caguas y contó con la presencia de numerosos miembros de la comunidad universitaria.

“La Iglesia hunde cada vez más sus raíces en el alma buena del pueblo puertorriqueño”, se puede leer en la tarja instalada en el Centro de Estudiantes Juan Pablo II, en honor a las palabras del Pontífice durante su visita a Puerto Rico y a la Universidad del Sagrado Corazón.

Pueden ver un reportaje de la visita en el siguiente enlace: http://youtu.be/OYXNNXtkT8o.

 

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